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28.10.08

Posible origen portugués de la 'i' cibaeña




APUNTES PARA EL ESTUDIO DE UN POSIBLE ORIGEN PORTUGUÉS DE LA
‘I’ CIBAEÑA.


Por Pedro Samuel Rodriguez Reyes



A la: Academia Dominicana de la Lengua
A la: Academia Dominicana de la Historia
Al: Archivo General de la Nación.

Santo Domingo, República Dominicana.



Resumen:

El presente escrito plantea la posibilidad de que una importante presencia de individuos de origen portugués asentados en la ciudad de Santiago de los Caballeros y sus alrededores desde principios del siglo XVII, haya influido en la conformación de algunas de las particularidades del habla cibaeña.


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No es de extrañar si alguien pensara que los siguientes vocablos podrían ser propios del habla peculiar de los habitantes de la región del Cibao, al norte de República Dominicana:

Cadeira, madeira, noite, leite, praia, manteiga, caipirinha, muito, tejeira, sei, feira, bandeira.

Sin embargo, éstos pertenecen y han pertenecido exclusivamente al idioma portugués y en absoluto provienen del habla castellana-cibaeña.

Observemos las similitudes del habla cibaeña con el idioma portugués, escribiendo primero un vocablo cibaeño y a continuación una palabra portuguesa. Pongamos en paréntesis el correspondiente significado en castellano :

Hablar cibaeño:------Idioma Portugués:

Noite (norte)-----------Noite (noche)
Aimario (armario)----- Madeira (madera)
Aite (arte) -------------Caipirinha (bebida brasileña)
Paimera (palmera)---- Praia (playa)
Peisona (persona)----- Bandeira (bandera)
Peidón (perdón)------- Feira (feria)
Sei (ser)--------------- Sei (sé)
Aito (alto)------------- Cadeira (silla)
Poique (porque)------- Manteiga (mantequilla)
Muita (multa]---------- Muito (mucho)
Queréi (querer)-------- Leite (leche)
Caitera (cartera)...


Si mezclamos vocablos del habla castellana-cibaeña con palabras portuguesas escribiéndolas una a continuación de la otra sin traducción alguna, probablemente a un observador que desconozca tanto el portugués como el castellano podría parecerle que se trata de un mismo idioma:

madeira, aite, paimera, bandeira, noite, caipirinha, peisona, praia, capitai, queijo, aitura, feira, dei, sei, poique, manteiga, muita, muito, queréi, leite.

En ambos casos, el elemento visiblemente común es la ‘i’ precedida de vocal. En el caso particular del habla castellana-cibaeña, adicionalmente se vocalizan en i las consonantes l y r, como si se quisiese seguir alguna oculta forma del idioma portugués.


Es decir, podría ser válida nuestra percepción de que pudo haber algún contacto directo entre portugueses y habitantes del Cibao en un momento histórico determinado, cuyo contacto devino en influencia del idioma portugués en el habla cibaeña.



No obstante, el posible análisis y metodización de estas supuestas similitudes correspondería a filólogos y especialistas del lenguaje. Lo que concierne a quien estas líneas escribe sería el presentar algunos informes históricos indicativos de que, efectivamente, pudo haber una importante presencia de individuos, precisamente portugueses, en la ciudad de Santiago de los Caballeros y zonas aledañas en tiempos tan tempranos como principios del siglo XVII.


Si, como señalamos, son ciertas las similitudes y, si en adición a ello, es posible verificar una importante presencia de individuos de origen portugués en esa zona norteña a principios del siglo XVII, entonces pensamos que valdría la pena estudiar el caso un poco más, pues estaríamos en presencia de unas instancias que superan el simple dato anecdótico.

Y es que la llamada i cibaeña hubo de tener un origen. Pero ese origen no parece haber sido necesariamente taíno, pues, de ser así, entonces las particularidades del habla cibaeña habría sido común a toda la geografía de la nación, ya que nuestra etnia primigenia estuvo asentada en toda la geografía de La Española y no sólo en la norteña zona del Cibao. Dicho origen tampoco parece provenir de Castilla, Andalucía o Extremadura, pues en estos lugares no han existido tales peculiaridades linguísticas, al menos, de manera comprobable. Pudo tener, eso sí, un origen galaico, en vista de las raíces comunes del gallego y el portugués, pero no hay base histórica que certifique alguna importante presencia gallega en la zona del cibao en tiempos tempranos de nuestra historia.


Pensamos que con el paso del tiempo, la expansión de la influencia del habla portugués en el Cibao terminó ocupando toda una dilatada zona geográfica demarcada por las fronteras naturales siguientes: al Sur y al Noroeste por la Cordillera Central; al Norte por la Cordillera Septentrional y al Este por la desembocadura el río Yuna. Tal vez podría asegurarse que la peculiaridad fonética que nos ocupa determinó esa zona geográfica y sólo las fronteras naturales señaladas pudieron detener esa expansión.


Características del habla cibaeña:

A nuestro modo de ver y en el contexto aquí tratado, el habla cibaeña posee dos características fonéticas básicas:

1- La vocalización en i de las consonantes l y r cuando estas consonantes se encuentran precedidas de vocal y seguidas de otra consonante.

Ejemplos:
altura > aitura
ernesto > einesto
culto > cuito
arte > aite
ermita > eimita

Sin embargo, cuando estas consonantes [l y r] son intervocálicas no se operan cambios.

Ejemplos:
aluminio - aluminio
arado - arado
ilusión - ilusión
alegre - alegre
olímpico - olímpico
orilla - orilla

2- La vocalización en i de las consonantes l y r cuando estas consonantes se encuentran al final de las palabras.

Ejemplos:
Capital > capitái
Manuel > manuéi
Sembrar > sembrai
Mendigar > mendigai
Angel > angei


En adición, podría ser conveniente señalar que existen particularidades linguisticas del portugués que probablemente a filólogos que se interesen por el fenómeno de la cibaeña podrían darles pistas. Algunas de estas particularidades (que remiten a la i cibaeña) serían:



-En portugués se ha perdido la l intervocálica. Por eso el latín quales da la palabra portuguesa quais.


-Si en portugués un nombre en singular termina en l, la pierde en plural por su posición intervocálica. Así el plural de sol (sol)es sois (soles), tras haber convertido la e en i.


Pedro Henríquez Ureña:

El eminente intelectual dominicano Pedro Henríquez Ureña, en su interesante obra El español en Santo Domingo (Editora Taller, 1978), aunque no nos ofrece elaborados detalles, trata el tema de la vocalización en i de las consonantes l y r e indica las regiones donde ocurre este cambio: las regiones que ocupa son los campos del Cibao, en el norte, particularmente en las proximidades de Santiago de los Caballeros y San Francisco de Macorís, sin llegar a las regiones costeras de Puerto Plata y Montecristi; en el sudeste, además, los campos del Seibo (1).

En adición, el destacado escritor dominicano expone más adelante en su obra citada sobre las formas usuales de la vocalización en i de la consonante d en el habla popular dominicano, y anota ejemplos tales como Compadre (Pai), Comadre (Mai), Compái, y Comái; haciendo entonces la importante observación que ofrecemos a continuación:

Estas formas portuguesas tal vez se difundieron en las Antillas a través de los esclavos del siglo XVI: muchos de ellos hablaban portugués, porque Portugal se especializó en la trata de negros, y en su territorio se conservaban muchos para venderlos, aparte de los que directamente se traían de África al Nuevo Mundo. En la literatura española de los siglos XVI y XVII es frecuente que aparezcan negros hablando en forma aportuguesada (2).

Es decir, el destacado intelectual dominicano comenta el tema respecto a la vocalización en i de las consonantes l y r indicando la zona del Cibao como el lugar donde ocurre este cambio y, adicionalmente, percibe la vocalización de d en i como formas portuguesas que podrían haberse originado mediante una posible influencia de esclavos de hablar aportuguesado traídos a la isla en el siglo XVI.


Nótese que esas formas portuguesadas a las que se refiere Henríquez Ureña en sus ejemplos, poseen plena coincidencia con el habla cibaeña en cuanto a la presencia de i precedida de vocal. Curiosamente el mismo fenómeno [de la presencia de i precedida de vocal] ocurre en todos los vocablos de origen portugués que señalamos en los primeros párrafos del presente escrito.

Pensamos, en consecuencia, que el habla cibaeña luce poseer un alto grado de influencia de la lengua portuguesa debido a su curioso empeño por vocalizar en i las consonantes l y r, forzando así a que ocurra el fenómeno que delata su filiación portuguesa: altura>aitura; norte>noite... Por ello, cuando en párrafos anteriores mencionamos que el habla cibaeña parece seguir alguna oculta forma del idioma portugués, nos referíamos, precisamente a ese recurso de sustituir las consonantes l y r por i; lo cual mueve a pensar que la peculiaridad fonética de la i cibaeña se ha conformado bajo la influencia del idioma luso y ha quedado exhibiendo la ostensible impronta de las formas portuguesas mencionadas por Henríquez Ureña.


Por nuestra parte, no poseemos informes que ofrezcan certidumbre respecto a la existencia de algún importante conglomerado de esclavos negros de hablar aportuguesado asentado en la región del Cibao en la época colonial y, en consecuencia, mantenemos la percepción de que la vocalización en i de las consonantes l y r en la región del Cibao ha ocurrido por una posible influencia directa de portugueses asentados en aquella región a partir de las Devastaciones de Osorio en 1605-1606.



No obstante, antes de concluir con este apartado, quisiéramos hacer una breve acotación. Se trata de que nos resulta difícil coincidir con un par de ejemplos que expone el eminente intelectual Pedro Henríquez Ureña como propios de esa región norteña cuando trata sobre la vocalización en i de la l y la r en aquella zona.



En su obra mencionada [Capt. IX, El sistema fonético), el Maestro Henríquez Ureña inicia con algunos ejemplos que, efectivamente, consideramos propios del Cibao cuando indica que:



La l y la r pueden vocalizarse en i:

comer > coméi 
porque > poique
Isabel > Isabei 
sueldo > sueido.

Pero a continuación presente los siguientes ejemplos como propios del Cibao:

Conmigo >cormigo>coimigo;
abandonado>abaldonado>abaidonao (3 ).

No nos lucen propios de aquella zona estos dos últimos ejemplos. El cibaeño no tiene problemas en pronunciar conmigo, y menos probable aun es que transforme esta palabra en cormigo. Asímismo, abandonado podría convertirse en abandonao pero no se transforma en abalnonado. Vocalizaría en i la consonante l si partiese directamente del vocablo abaldonado [envilecido]>abaidonao o si partiese directamente del vocablo cormigo [?]>coimigo.

Ahora bien; si, como planteamos, la llamada i cibaeña tuvo un origen portugués debido a la presencia de portugueses en aquella zona, ¿cómo, cuándo y por qué ocurrió esa masiva presencia lusitana en el Cibao Central en aquellos tiempos?


Portugueses en el Cibao:

En sentido general, debe señalarse que los portugueses se asentaron en La Española desde los mismos inicios de la colonización en el siglo XVI.

El investigador e historiador dominicano, Genaro Rodríguez Morel, quien en la actualidad realiza labores propias de sus funciones en el Archivo General de Indias en Sevilla, España; en un interesante trabajo de su autoría titulado Desarrollo económico y cambio demográfico en La Española; publicado en el Boletín del Archivo General de la Nación, Santo Domingo, Rep. Dominicana, Enero-abril 2007, expresa lo siguiente:

No es casual que desde inicios del siglo XVI Portugal fuera la nación con mayor presencia en Santo Domingo, pues aquella nación inició un proceso expansionista desde los albores del siglo XV…Santo Domingo, por su condición de ser la primera colonia desde donde la monarquía española afianzó su dominio en las Indias fue también el primer receptor de estos pobladores [portugueses]. La mayoría de las personas que se trasladaron a la colonia fuero labradores y comerciantes, estos últimos ejercían la contratación de forma fraudulenta e ilegal…La presencia de portugueses en la isla se hizo más evidente a partir de la crisis demográfica del 1528 (4).


Por razones obvias, estos portugueses ejercían sus actividades ilegales (contrabando) principalmente en zonas distantes de Santo Domingo, tales como los pueblos de La Bando del Norte, alejados del alcance de las autoridades de la Real Audiencia de Santo Domingo.

Pensamos que la presencia en Santiago y zonas aledañas de individuos de origen portugués, de reconocida prestancia económica y comprobadas habilidades, pudo haber ocurrido a raiz del traslado masivo de la población asentada en la llamada Banda del Norte en época en que Antonio Osorio gobernaba la Isla.


Estas movilizaciones forzadas se conocen con el nombre de Las Devastaciones de Osorio, las que se inician en el año de 1605 y concluyen en 1606. El motivo de dichas Devastaciones fue el poner término al intercambio comercial ilícito con individuos provenientes de países enemigos de España en estos tiempos, tales como ingleses, holandeses y franceses. Las órdenes para la ejecución de estas movilizaciones provenía de una cédula real dictada por el rey Felipe III con fecha 6 de agosto de 1603. Datos históricos indican que los portugueses en la Española fueron los principales tratantes y rescatadores, es decir, contrabandistas que tenían sus principales bases de operación en La Banda del Norte.



El destino final de estos individuos movilizados era dos poblados designados para ello, cercanos a la ciudad de Santo Domingo; esto es, Bayaguana [para quienes residían en las villas de Bayahá y La Yaguana], y Monte Plata [para los que provenían de Montecristi y Puerto Plata]. Obviamente, los poblados de Bayahá, La Yaguana, Montecristi y Puerto Plata estaban ubicados en la Banda del Norte devastado. Como dato al margen, Bayajá y La Yaguana quedaron con el paso del tiempo, en territorio de lo que posteriormente sería colonia francesa y luego República de Haití.


Es importante destacar el hecho de que influyentes funcionarios de la Real Audiencia de Santo Domingo clamaban por la expulsión de los portugueses y es por lo que creemos que éstos intuían el peligro representado en un eventual traslado y asentamiento en zonas tan cercanas a la capital pues esa acción les haría vulnerables a una segura expulsión. Pensamos que quedarse en el trayecto, es decir, medio escondidos en Santiago y sus alrededores sería una decisión razonable.



No es casual que, como veremos más adelante, un censo realizado en esa ciudad de Santiago poco tiempo después de concluidas aquellas Devastaciones, la población de esta ciudad se duplicara, y, en efecto, esto nos mueve a pensar que ese sorpresivo incremento demográfico se debió al asentamiento de individuos portugueses procedentes de la Banda del Norte que prefirieron quedarse en esa ciudad cibaeña aun fuere de modo irregular y a su propio riesgo. Una adicional razón para quedarse en Santiago y sus alrededores sería la de permanecer en lugares relativamente cercanos a la zona en donde habían ejercido sus lucrativas actividades, aguardando por si eventualmente les era posible reiniciarlas.



Si, como indicamos, estos portugueses rebeldes toman la decisión de asentarse en Santiago es casi seguro que dichos lusitanos obtuvieron la complicidad y la colaboración de muchos de los habitantes de esta región. Y es que los portugueses tenían un buen ganado prestigio en todo el territorio colonial desde tiempos muy anteriores a las Devastaciones, ya que

en cierta medida los comerciantes portugueses aportaban para solucionar la crisis del comercio, pues éstos 'rompían con el monopolio que tenían los peninsulares y los comerciantes criollos radicados en la isla (5).



Respecto a lo que a nuestro tema concierne, debemos subrayar que las especiales condiciones atribuidas a aquellos lusitanos les convertía en un colectivo elite compuesto de individuos con suficiente capacidad de influir en el resto de la población en donde se asentaban; no sólo en el aspecto económico sino que, como extranjeros, no dejarían de marcar al resto de la población con las particularidades de su modo de expresarse.


Observemos la importancia que tenían estos lusos en la isla de Santo Domingo, debido, entre otros atributos, a su prosperidad económica, sus contactos, destrezas y conocimientos comerciales. En ese sentido, veamos lo expresado por oficiales reales en Declaración fechada el 20 de mayo de 1528:
No se le puede poner remedio por la poca fuerza que tiene la isla y sobre todo porque la necesidad de sus vecinos hace que compren a franceses y portugueses, ya que éstos [los comerciantes portugueses] venden más barato que los que traen de España (6).


El citado historiador dominicano, Rodríguez Morel, recoge parte de la carta del Presidente y oidores de la Audiencia de Santo Domingo, del 24 de julio de 1535, la cual expresa que para esa fecha Santo Domingo contaba con más de doscientos portugueses, muchos de los cuales eran comerciantes oficiales del azúcar que servían en los ingenios amén de otros labradores, carpinteros, albañiles, herreros y gente de otros oficios (7).



En cuanto a personas que detractaban a los portugueses, es útil observar lo comentado por el historiador e investigador dominicano en su escrito citado:

Creemos, que no todos estaban de acuerdo con la presencia de los portugueses. Aunque había quienes les parecía bien la llegada masiva de estos labradores. Sin embargo, es muy probable que quienes no estaban de acuerdo tuvieran algún interés particular para oponerse. En el caso de Alonso de Encinas, uno de los oidores de mayor influencia que tenía aquella Real Audiencia, fue ardiente defensor de la salida de estos pobladores. Según éste, anualmente llegaban a la isla gran cantidad de portugueses sin licencia, los cuales son mercaderes y tratan y contratan en ella con el oro. En la carta enviada por Alonso de Encinas a su Majestad, el 4 de mayo de 1578, éste solicitaba que se sacaran los portugueses de la isla y se embargaran sus bienes (8)



El investigador Rodríguez Morel expresa directamente lo siguiente:

Debemos recordar que dicho funcionario tenía sus intereses, pues desde muy temprano se había dedicado a llevar colonias de labradores castellanos a Santo Domingo con lo cual sacaba jugosas ganancias (9). Nuestro investigador expresa a seguidas que: Sin lugar a dudas, la idea de expulsar a los portugueses no fue un planteamiento aislado de Alonso de Encinas ya que, otros funcionarios de la colonia también pidieron su salida. En cambio, quienes conocían la labor que estaba desarrollando este conglomerado social pedían que los mismos se quedaran por ser la mano de obra que sostenía gran parte de aquella economía (10).



Pensamos que tiene validez nuestra inferencia respecto a que si en 1578, es decir, 27 años antes del inicio de las Devastaciones, ya existía la grave amenaza de expulsar a los portugueses asentados en lugares tales como la Banda del Norte y de embargar sus bienes; éstos, conscientes de tal amenaza, se negarían a asentarse en las cercanías de la capital prefiriendo quedarse en la zona del Cibao. Son éstas algunas de las razones que nos inclinan a pensar que el repentino aumento de la población de Santiago de los Caballeros al término de las Devastaciones difícilmente podría atribuirse a otra cosa sino al asentamiento en dicha ciudad y sus alrededores de portugueses provenientes de la Banda del Norte en proceso de movilización forzada.



Nos puede dar una idea de la prosperidad de los pueblos de La Banda del Norte, el que, en su momento -se ha dicho- el pueblo de La Yaguana tuvo un gran parecido a Santo Domingo. Esto quiere decir que los individuos auspiciantes de esa prosperidad (los tratantes portugueses) tendrían el poder suficiente y el apoyo necesario de los cibaeños para eludir el translado y asentarse en Santiago y sus alrededores.



Es revelador lo expuesto por nuestro investigador e historiador, Rodríguez Morel, refiriéndose al estado demográfico en que quedaron las localidades receptoras al término de aquellas reubicaciones forzadas. El historiador realiza el siguiente sumario:



Con los habitantes de Bayahá y La Yaguana se creó la villa de Bayaguana, alcanzando los 115 vecinos. Igualmente con los habitantes de Monte Cristi y Puerto Plata se crearía la villa de Monte Plata que pasaría a tener 87 comarcanos. Por su parte, Santiago duplicó su población hasta llegar a los 150 vecinos, algo más del 13% de la población de la isla (11)



Llama la atención el dato de que sin tratarse de una comunidad receptora de individuos desplazados, Santiago duplicara su población. Es una reiteración innecesaria, pero desde nuestro punto de vista, ese aumento demográfico repentino en Santiago fue debido, muy probablemente, al asentamiento de portugueses a causa de las razones señaladas.


Hubo otros eventos a los que se pudiere atribuir parte de las razones del mencionado aumento poblacional en Santiago. Muchos de los desplazados que llegaron a Bayaguana y a Monte Plata, pronto abandonaron estos poblados a causa de la inexistencia de las más mínimas condiciones para el normal desempeño de la vida de estos reubicados. Algunos volvieron a La Banda del Norte y zonas circundantes; y pueda que una porción de éstos se asentara en Santiago y sus alrededores en el tránsito de su regreso. Pero sólo podría tratarse de agricultores, artesanos y gente de oficios diversos que no tendría razones para temer su aproximación a la ciudad de Santo Domingo. Se trataría de individuos contra quienes no pesaba amenaza alguna.


Este no sería el caso de la elite portuguesa de tratantes y mercaderes, quienes poseían la suficiente capacidad económica y los adecuados contactos para lograr quedarse en el trayecto. Bayaguana y Monte Plata no eran lugares dignos para éstos. Adicionalmente, como hemos ya señalado; tenían adversarios poderosos e influyentes en el seno mismo de la Real Audiencia de la ciudad de Santo Domingo; por lo que preferirían mantenerse en lugares cercanos a la zona donde podrían reiniciar sus actividades.

Queda mucho por investigar respecto a la presencia lusitana en la Española. Lamentablemente, los portugueses en La Española del siglo XVI y principios del XVII es un tema aún poco tratado por la historiografía dominicana. Los alcances de esta presencia no han sido conocidos a cabalidad. Habría mucho que descubrir cuando, por ejemplo, se examinen las repercusiones que habría tenido en la isla lo referente a la unidad ibérica lograda en 1580 por Felipe II.

En otro orden, pensamos que si eventualmente se estudiase con algún rigor la posible ascendencia portuguesa de la i cibaeña, habría de hacerse tomando en consideración el hecho de que al momento de la probable presencia de portugueses en en el Cibao, ambas lenguas, la portuguesa y la castellana, se hallaban en un período de transición hacia sus respectivas características actuales. Antonio de Nebrija al publicar en 1492 su célebre Gramática Castellana, conforma y consolida esta lengua. Póstumamente se publican, en 1522, sus Reglas de Orthografía en la lengua castellana. Por su parte, los linguistas coinciden en señalar que el portugués moderno se inicia -precísamente- a partir del siglo XVI, momento en que esta lengua comienza a adquirir sus actuales características.

Concluyendo. Si son válidas determinadas inferencias nuestras arriba expuestas, entonces habremos dado un primer paso respecto a que, efectivamente, la presencia de portugueses en Santiago y zonas cercanas; su posterior y definitivo asentamiento en el Cibao a partir de los eventos señalados; y, mediante la necesaria interacción social ejercida entre la población y estos lucitanos recién llegados; todo ello habría dado origen a las señaladas particularidades del habla cibaeña que le transformaron en ese hablar híbrido compuesto de elementos castellano-lusitanos que conocemos.


Desafortunadamente, los nombres y los apellidos de los individuos portugueses que participaron en esos procesos, se perdieron en la noche de la colonia, como diría el historiador santiagués, Manuel Machado Báez; y tal vez, como evidencias de ese pasado nos queda de aquel conglomerado portugués allí fundido con el resto de la población local en un proceso de siglos y generaciones, la abundancia de apellidos castellanizados con claros rasgos de un origen lusitano como los Tejada y los Tejeda (Texeira); y de otros que poco se modificaron como los Almeida, Ferreiras, Ferreira, Pereira, Piñeyro… Apellidos portugueses castellanizados, como Cuello en lugar de Coelho, Alvarez (Alvares), Fernández (Fernandes), Gómez (Gomes), López (Lopes), Rodríguez (Rodrigues), Sánchez (Sanches)... Perera (Pereira), Olivera (Oliveira)...



Finalmente, las vinculaciones históricas y las inferencias arriba planteadas quedarían expuestas tal vez con alguna vocación de tesis.


Entretanto, los entendidos precisarán y/o descartarán.

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Notas bibliográficas:

1- Pedro Henríquez Ureña; El español en Santo Domingo; Editora Taller; Santo Domingo, República Dominicana, 1978, p. 149.
2- Pedro Henríquez Ureña; ob. cit. pp. 162-163.
3- Pedro Henríquez Ureña; Idem., p. 149
4- Genaro Rodríguez Morel; Desarrollo económico y cambio demográfico en La Española. Boletín del Archivo General de la Nación, Año LXIX, Volúmen XXXII, Número 117; Enero-abril 2007, Santo Domingo, República Dominicana, pp. 133-134.
5-. Genaro Rodríguez Morel; ob. cit., pp. 137-138
6- Declaración de los oficiales reales de La Española. Santo Domingo, 20 de mayo de 1578. Archivo General de Indias. Santo Domingo 74, Doc. 105. Ver: Genaro Rodríguez Morel, ob. cit., p.138
7- Carta del Presidente y oidores de la Audiencia de Santo Domingo. Santo Domingo, 24 de julio de 1535, Archivo General de Indias. Santo Domingo 49, ramo VI, No.39. Ver: Genaro Rodríguez Morel, ob. cit., p. 135.
8- Carta enviada por Alonso de Encinas a Su Majestad. Santo Domingo. 4 de mayo de 1578, Archivo General de Indias. Santo Domingo 79, ramo V, No. 146. Ver: Genaro Rodríguez Morel, ob. cit., p. 135
9- Genaro Rodríguez Morel, ob. cit., p. 136.
10- Genaro Rodríguez Morel, Ibíd
11- Genaro Rodríguez Morel, ob. cit., p. 140.

Los corchetes y las negritas son del autor


Pedro Samuel Rodríguez R.
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Santo Domingo, República Dominicana,

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2 comentarios:

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