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15.9.09

1801: Toussaint Louverture en Santo Domingo - Reseña de una testigo


"No hay pluma ni papel ni menos voces con que explicarlo"
Doña Francisca Valerio
Santo Domingo, 1801 - 1802

Reseña de una testigo

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Relación dirigida por Doña Francisca Valerio (de Santo Domingo) al Presbítero Doctor Don Francisco González y Carrasco, residente en Santiago de Cuba (1).



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En primera que por la misericordia de Dios, y a fuerza de muchos milagros de ese Dios omnipotente, hemos escapado con la vida, como se deja ver por las razones que voy a referir.

El día 3 de enero (1801) entró el levantado Toussaint (Toussaint Louverture/nota de Orbe Quince) en nuestra ciudad (Santo Domingo/oq), que solo faltó recibirlo debajo del Palio, porque según entiendo, a nuestro monarca no se le hubiera hecho más. (2).

El día 5 hizo en la plaza una revista, donde resultó que la bandera que le queda al Fijo (batallón dominicano/oq), la depositó en la que era antes catedral, y lo declaró Colonial (declaró al Fijo bajo el dominio colonial francés/oq).

El día 7 impuso los Tribunales (disueltos en 1795 cuando la firma del Tratado de Basilea/oq), y para esta función invitó todas las comunidades, y el clero, la música, y todos los sujetos visibles de esta ciudad.

El día 9 se cerraron las puertas de la Iglesia, e igualmente se quitaron los Badajos (pieza metálica en forma de pera/oq) a las campanas, porque el comandante de los Dragones (caballería de Toussaint/oq) hirió (por error/oq) a un soldado, que corrió sangre, aunque poca, símbolo o significación de lo que había de suceder.

El día 10 intimaron a los músicos (de Santo Domingo/oq) la salida por el mar al Príncipe (Puerto Príncipe/oq), y para esto les dió el levantado Toussaint $200 para solo su habío (para gastos, etc./oq), que a más de esto ya les había dado cinco portuguesas (3) y ofrecídoles una gran paga, y hacerlos oficiales, con cuyo motivo marcharon todos muy contentos, a excepción de Gonzalo Levanto y (Braulio) Galván, que se ocultaron: pero la mujer de Levanto y la madre de Galván, sufrieron cinco días de prisión con muchas amenazas, que si ellos no parecían (aparecían/oq), que se las llevaban (para 'Haití'/oq); pero las pusieron en libertad.

El día 13 en la tarde se cerraron las puertas de la ciudad, con orden de que nadie saliera, y se publicó un bando (convocatoria/oq) que duró hasta las ocho de la noche, para que al día siguiente comparecieran todos indistintamente en la Plaza de Armas (actual parque Colón/oq), hombres y mujeres. Solamente se escaparon las mujeres que se hallaban criando.

El día 14 resultó de esa revista, que entresacó los mozos que más le agradaron, para agregarlos a su malvado Regimiento; y algunas de las domésticas, y aun cuatro de las negras libres, las llevaron a trabajar a Bocanigua (ingenio/oq); de éstos salieron los que tenían una portuguesa que largar (dinero para sobornar/oq), porque todo se dirijía al robo.

El día 20 se abrieron las puertas de la Iglesia, porque se tomaron muchas declaraciones, y según la del Médico, resultó que no fué a mal hacer, solo al componer una fila con sable como acostumbran ellos (alineaban la fila pasando un sable al costado de la gente/oq), se les sesgó el sable (hubo algunos heridos de sable/oq). En dicho día hizo Toussaint una fiesta solemne, con asistencia de todas las Comunidades, muchos repiques en todas las iglesias y parroquias, pidiéndole a su Divina Majestad le diese acierto en todas sus cosas, como si Dios fuera protector de pícaros; y a la noche salieron los músicos por la mar para su destino.

El día 23, a las once del día, relevó al Fijo, y los que estaban francos, y todos juntos los encerró en el cuartel, le puso su bandera de tricolor (bandera de Francia/oq), y el día 25 los hizo marchar como a malhechores, con una compañía delante y otra detrás, y dragones a los costados, por el camino del Sud (Sur/oq). El Fijo sin municiones, y ellos bien dispuestos (pertrechados/oq). Dejo a tu consideración los llantos, gritos de los parientes de éstos, e igualmente del público.

El dicho Toussaint o por mejor decir, Región de Demonios, en un caballo alazano que nadie le podía dar alcance, fué hasta la Puerta del Conde, parándose en las bocacalles no se le escaparon algunos; pero ellos (los del batallón Fijo/oq) con el espejo de la mujer de Gonzalo (Gonzalo Levanto, el músico escapado y a cuya mujer apresaron/oq), no se desertó ninguno sino de Baní por delante, y eso muy pocos, de modo que de ellos no tenemos razón cierta, solo si de los Músicos, que escaparon todos en el Príncipe, aunque se hizo resistencia.

El día 29 por la madrugada, salió Toussaint con sus músicos, y trompetas, por el camino del Sud. Estos son los acaecimientos sucedidos en el mes de enero. (4)

El día 1º de febrero relevó Polo (Paul Louverture, hermano de Toussaint/oq) (5) las guardias de los nuestros, por la mañana, con la voz de que iba revistarlos; pero fué para coger los Nacionales (criollos/oq) que quedaban, dejándolos sumamente inútiles (desarmados/oq), para las compañías de Andarmios.

El día 2, a las tres de la tarde, se avistaron dos fragatas de la República Blanca (fragatas francesas/oq) (6).

El día 3, por la mañana, tiraron a las ocho de ella un cañonazo, y a la tarde otro, pidiendo práctico (experto conocedor del puerto/oq); y Polo temiéndose mandar de su gente, mandó a don Juan Barón. El día 4 saltaron en tierra dos oficiales con Don Juan Barón y hablaron con el general Polo, y el coronel Juan Felipe (Jean Philippe Daut, coronel del ejército de Toussain/oq) (7), diciéndole que venían a tomar posesión en el supuesto que ellos la habían tomado en el nombre de la República (francesa/oq), y que Bonaparte (Napoleón/oq) les daba la libertad, y a los empleados el honor mas no el mando.

Esto último les asentó muy mal. Le propusieron el escribir a Toussaint para ver su respuesta. Ellos salieron de correo, el Judío Isaac, y Juan Felipe, el Comandante de Andarmios, hermano de la mujer de Polo.

El día 5 se hizo en La Fuerza (actual fortaleza Ozama/oq) revista de los Citoyenes o por mejor decir, de los negros (los vocablos 'Haití, haitianos' sólo existieron 3 años más tarde/oq), y de los de Azua y del Seibo, y de los de esta capital que habían agregado a sus tropas, para municionarlos. En fin, ellos creían ponerse en defensa, porque todos sus preparativos lo denotaban, como era cargar pólvora y balas para las fortalezas, tanto dentro como de fuera de la ciudad.

El día 8 echaron un bando, que nadie hablara sobre el particular, que ellos entregarían cuando fuera tiempo; que su hermano Toussaint ni había comprado, ni menos la había heredado. Esta fué la sustancia del bando; pero la misma noche, habiéndole conocido sus intenciones, determinó el general ya convocarse con los vecinos de esta tierra, y los franceses blancos desembarcar con su gente por las peñas, de parte de la Sabana. Tenían su farol del lado de popa, en una lancha; y de parte de fuera lo tenían los españoles debajo de las peñas, para hacerse las señas; pero se puso el mar tan bravo, en conformidad, que no pudo venir sino una lancha con cuatro hombres, a dar razón que lo conmutaran para la noche siguiente, que ya veían el inconveniente; pero don Juan Barón, el comandante de la Plaza, y el comandante de Artillería, viéndose perdidos, porque la artillería de La Fuerza la tenían clavada, y la Puerta de la Sabana abierta, determinaron avanzar al fuerte de San Gil, con toda nuestra gente, sin más armas que algunos que tenían sables, en el supuesto que el Mayor de La Plaza había pasado de Ronda y no tenían sino un cartucho; pero fué tanta nuestra infelicidad que tres sujetos de los de mi tierra dieron el soplo al coronel Juan Felipe, y en el mismo instante, no tan solo los proveyó de municiones, sino que mandó refuerzos a todos los Puestos entre las dos y las tres de la mañana.

Efectivamente, avanzaron; y los negros, a la primera voz de "quién vive!", viendo que no les respondían, empezaron a hacer fuego desde arriba de la Puerta Grande hasta el fuerte de San Gil; pero los nuestros, sin más armas que las dichas, avanzaron por dentro del fuego, y tomaron dicho fuerte, solo con pérdida de cinco hombres, y son los siguientes: el comandante de Artillería Juan Chiquito, Juan Bonifacio, Juan de la Encarnación, y Pedro Pimentel, uno de Baní.

De 20 negros, poco mas o menos, que había en el Fuerte (San Gil/oq) solo escaparon tres, y eso muy mal tratados, porque se tiraron a las peñas, donde resultó que se cojió el fuerte con catorce hombres que quedaban dentro, hasta eso de las cinco de la mañana, que viendo que los negros eran muchos y los de los barcos no podían venir a favorecerlos, pusieron un cañón de a veinte y cuatro a la Puerta, y cuando vino un refuerzo de 30 negros, le dieron fuego, y al que no mataron, quedó loco.

En eso tuvieron tiempo de escaparse por la Sabana. En aquella hora marcharon los negros por toda la ciudad, unos para Jaina, y otros al pueblo de San Carlos, donde sucedieron muchas fatalidades, pues a Francisco Ravelo, que era oficial de Nacionales, porque le vió Juan Felipe con una mancha de sangre en los calzones, le despojó de las insignias, y al quitarle la chaqueta, porque se la mandó quitar, el dicho Juan Felipe le metió el sable por el pecho, que le atravesó el corazón, y a sus pies cayó muerto; y a Luís Catalina en el mismo instante le sacaron los ojos vivos, y a bayonetazos lo acabaron de matar, en términos que ya pedía de por el amor de Dios que no martirizaran más.

En el mismo día mataron a Gollo Berroa, (8) en el Pueblo (San Carlos/oq); de suerte que en el Pueblo fué donde sucedieron más fatalidades: hubo saqueo, tanto en plata como en prendas. Los han dejado por puertas. Las puertas que encontraban cerradas las echaron abajo. Pero los Isleños (los sancarleños descendían de emigrantes de las islas Canrias/oq) se han mostrado valerosos, porque ellos también le hicieron fuego a los negros, que también mataron un sargento y dos citoyenes. Los citoyenes a más de esos tres que te digo que mataron en San Carlos, a los que encontraban de noche por las calles, los llevaban a La Fuerza (fortaleza Ozama/oq) y les quitaban la vida, como lo hicieron con Ignacio Sánchez, que de un hachazo le partieron la cabeza, y después le echaron a las peñas. A los nuestros no les daban sepultura; los perros eran dueños de nuestros cuerpos.

En el mismo día atropellaron a don Antonio de Coca, que estaba enfermo en su casa y le quitaron los relojes y lo llevaron a La Fuerza, y en la actualidad se hallaba presente el señor González, (9) el canónigo, y le pidió por favor que le acompañara, de lo atribulado que estaba; y sus criadas fueron al punto en casa del general Polo (Paul Louverture/oq), y le contaron lo acaecido, y en el momento fué el dicho general y lo puso en libertad; porque ese fué uno de los milagros que Dios obró a nuestro favor, el estar Polo de nuestra parte, y en tanta conformidad, que a más de hacer muchas promesas, como fué por dos ocasiones mandar velas a las iglesias, de tres cuartas, para que las encendieran a María Santísima, el hacer novenarios a nuestra Señora de los Remedios, y el último día hacerle una fiesta, y a la noche procesión (se afirma que la esposa de Paul era muy católica/oq). Por dos ocasiones, el día de la revolución, fué en casa del Señor Prados (10) a pedirle se pusiera en oración, pues veía al pueblo muy afligido.

El coronel Juan Felipe era el que teníamos en contra, en tanta conformidad, que por tres veces iba a dar órden de degollar; pero Polo y su mujer se empeñaron fuertemente, y estaba Juan Felipe tan encontrado (enfrentado/oq) con Polo, que a las siete de la mañana iba Polo para el Pueblo a pacificar, y había dado órden Juan Felipe de que (a Paul/oq) no le permitieran pasar. El dicho Polo ignoraba la órden, y al pasar, la centinela avanzada le echó mano al freno, y toda la Guardia le abocaron los fusiles y lo hicieron retroceder; pero no perdió tiempo: fue al Palacio y cojió más Dragones (caballería/oq) y los armó fuertemente hasta de trabucos, y salió por la Puerta Grande (puerta de la Misericordia/oq) y fué al Pueblo.

Juan Felipe no sé cómo vino vivo, pues tres veces le metieron el punto: a dos le amarró, y el que salió le mató un Dragón. Este y los demás días fueron peores que el día del juicio. No hay pluma, ni papel, ni menos voces con que explicarlo. Los principales del hecho, como fué don Juan Barón y el Mayor de la Plaza, salieron huyendo en busca de gente, para venir a asaltar a los negros, como te lo explicaré más abajo. Prendieron (apresaron/oq) a don José de la Vega, y a don José Aguirre porque fué a suplicar por dicho Vega.

En las iglesias no cabían las mujeres que iban a refugiarse de noche. No pienses que es ponderación (exageración/oq). Al Padre Soler le fue preciso darles la sala de la Universidad para que durmieran, pues estaban llenas la Iglesia y la Tercera Orden. Don Santiago del Valle todavía está dormiendo en la sacristía del Carmen.

En el mismo día le tiraron un balazo al Maestro Manuel Germoso, (11) en la plaza de la Iglesia, y si a este tiempo no llega Polo, fuera ánima del Purgatorio, porque en diciendo ellos arreté lá, que quiere decir en español párate, y el que sigue le tiraban, no un balazo, solo muchos. En una palabra, ellos andaban con los fusiles siempre preparados, y metiéndole la puntería (apuntándoles/oq) a cuantos encontraban.

No se oía otra cosa que futre español, bugueré coquén, y amenazándonos a los pocos que quedábamos en la ciudad, que nos cortarían las cabezas, como se hubiera verificado si no hubieran interceptado los caminos y cojídoles los correos, tanto de la parte de Santiago, como de Baní, pues el Comandante de Baní, halló a los dos que fueron de correo, como te digo anterior, que el uno era Isaac y el otro Juan Felipe, ya que venían con la contestación, los cojió con motivo de haber interceptado el camino, y tres días antes tomaron un correo que le traía un Sandarme, al que le quitaron la vida.

Los de Baní llevaron dicho correo al Comandante de allí, que estaba a favor de los blancos, y abrieron dicho correo, el cual venia brotando veneno contra nosotros. Con este motivo, cojierón a Juan Felipe, le quitaron la vida, y le hallaron entre la botas el correo en que decía Toussaint a Polo que se defendiera hasta lo último, y que luego que se viera apurado degollara todo género de persona a excepción de los negros esclavos, porque decía que aun los libres se oponían a la libertad; que diera fuego a la ciudad de Baní y Azua, y que se retirara a Samaná; que la misma orden había mandado a Santiago al general Clebor (12) que quemara a Santiago, Vega y Cotuí, y se retirara a Samaná.

En Baní han matado cincuenta y dos correos negros, de los que venían é iban, y otros que iban huyendo. En Azua lo mismo. En La Vega y Cotuí se verificó lo mismo; y esto tan solo fue por pura misericordia de Dios, que les topó en el corazón el cojer aquellos correos, que fueron los que venían en contra de nosotros, pues los demás anteriores no se interceptaban.

En fin, de la parte del Sur y de la parte del Norte, lo que era antes de España, no ha habido incendio; pero el Guárico (Cabo Haitiano/oq) está quemado por los negros. Solo, dicen, han quedado siete casas. En Bayajá (Port du France/oq) lo mismo. Lo que llaman El Pueblecito lo mismo. Solo, dicen, que el Príncipe (Puerto Príncipe/oq) se ha quedado (sin quemar/oq); pero sin embargo, hubo alguna resistencia. Toussaint se ha retirado a una loma que llaman Acajo, pero lo tienen sitiado con ocho mil hombres. El número de tropas (franceses al mando de Leclerc cuñado de Napoleón Bonaparte en contra de Toussaint/oq) que ha venido a esta Isla son cuarenta mil hombres, según se dice, y aún se dice que han llegado diez mil más de refuerzo (Toussaint actuaba sin la autorización de Napoleón. Por eso la Sra. Francisca Valerio le llama el levantado Toussaint/oq). (Aquí la Sra. Valerio ya se refiere al año 1802/oq). (13)

Dejemos lo de las Colonias en este estado, y volvamos a nuestro asunto, que ha sido de mucha consideración. El mismo día nueve prendieron (apresaron/oq) entre Isleños (gente de San Carlos/oq) y de la ciudad 54 y a la tarde mandaron que todos los que se hallaban en la Ciudad fueran a firmar al Cabildo, donde estaba el Municipio (munícipe/oq) Félix Guante y dicen que a todos los que iban les decían que todos tenían sangre en el ojo (por la conmoción o irritación/oq) y eran hombres: yo no lo oí, pero lo dicen así.

El día 10 los pusieron en libertad, tanto a los Isleños, como a los de adentro (intramuros/oq), y saltaron dos de los oficiales de las Fragatas (francesas/oq), y le dijeron al general y a Juan Felipe, que si a los Españoles le hacían algún mal los pasarían a cuchillo; pero lo cierto del caso es que el General que vino en la Fragata, que es Cleversó, (14) dijo a bordo: “pobres hijos de Santo Domingo, yo ni ninguno de nosotros dábamos por vuestra vida un frijol”.

El día 13 se hicieron a la vela dos Fragatas, por la mañana, y a la tarde hizo Polo una revista en la Plaza; y mandó que cada uno fuera con sus armas, por competencia que tuvo con Juan Felipe de que no juntaba cincuenta hombres, porque decía que todos los Españoles habían concurrido al asunto y estaban huyendo por los montes. Se quedó admirado Juan Felipe, porque concurrieron al pié de cuatrocientos hombres. Allí encargó Polo la tranquilidad, y que nadie se mudara de una parte a otra, por que les mataron la noche de la revolución; y que si hacían algún atentado que no le echaran a él la culpa, que ya veían como él se había portado con los españoles. Entonces le echaron vivas la República y el General Polo; pero consideren con qué desconsuelo quedaríamos cuando se hicieron a la vela las Fragatas (francesas/oq), pues (los soldados franceses/oq) les causaban algún respeto (a los de Haití/oq).

El día 5 mandó Juan Felipe tres compañías a la Hacienda de don Antonio España, y en su compañía el malvado Modesto, un negro de don José Esterlin, y aquel mulato peluquero llamado Nicolás, porque vinieron a dar el soplo de que en su casa había un can acantonado, mucha gente, lo cual fue incierto.

Aquí es mencionado España, y los siguientes: Antonio Herrera, el marido de Mariquita, Antonio Bello, José Madrigal y el Mayordomo de la hacienda, Juan Correa, y otro vecino que no se el nombre. A todos ocho los amarraron con los brazos atrás, y a más de eso los pusieron mancornados dos a dos por los molleros, cosa que no pudieran moverse; y a pocos pasos del boxico (los haitianos/oq) los mataron a bayonetazos, en términos que no se les podían contar, en su sangre se lavaron las manos y se bañaron la cara. Antonio de los Reyes dio una grande escapada, porque oyó decir: ¡cuantos negros que vienen ahí! Y estaba cerca del cañaveral y huyó.

Dejo a la consideración las aflicciones y congojas en que se vieron Francisca, Teresa, Manuela y Catalina la mulatita, que estaban en la actualidad en la hacienda pasando; y su salida fue huyendo de hallarse en la entrada de los blancos porque siempre temían que hubieran fuego. Teresa perdió todas las prendas y ropas; y las demás lo mismo, pues solo les quedó la medalla que tenían en el rosario.

A más de la pérdida de sus maridos, se vieron también atropelladas, que a Teresa le dieron con una pistola en la cabeza, de modo que se hizo un gran tumor; y después de haber muerto a los arriba dichos lo mismo con ellas; pero no perdieron tiempo, que ellas cojieron un camino de Carela a la Sabana de Puerto Rico, mataron tres: a Juan Martínez, a Juan Guzmán y a Juan Carabalí; y a todos tres les dieron muerte cruel, y en tales términos, que bebieron de su sangres junto con aguardiente.

Esos que hicieron estas últimas muertes no fueron los citoyenes, solo Martinico, Jorge el de doña Juana Almonte, y otros muchos que juntaron de las haciendas; y a más de haber bebido de su sangre, les arrancaban las asaduras y se las colgaban del pescuezo, y a otros los Ingenios, mataron a don Antonio Collár, a Tomás Morillo, y a un mulato que estaba en la hacienda de San Cristóbal. Los llevaban prisioneros para el Castillo de Jaina, y antes de llegar a Samangola, en un pareje que llaman Ingenio Viejo, les dieron muerte y les sacaron las asaduras y se las colgaron del pescuezo.

En el Castillo de San Geranio mataron a un mulato, marido de una mulata de don José Hernández. En esas noches, se dice, que en la Fuerza (fortaleza Ozama/oq) mataron más de doce de los que trajeron del Seibo y de Azua para agregarlos a su Regimiento; y después de muertos los echaban por los comunes, de los cuales dieron parte los pescadores.

El día 20 en la noche vino una lancha de las Fragatas (del general francés Kerversau/oq) que estaban en Andrés, a ver la última resolución, y que de no entregarse (los soldados de Paul Louverture/oq) los pasaban a cuchillo y a las once de la noche firmaron la entrega.

El día 21, a las cinco de la tarde, saltó (desembarcó/oq) el general Cleversó (Kerversau/oq) en tierra con su guardia de honor, que se componían de 60 hombres. Se formaron las tropas de los negros en la Plaza Mayor; Polo fue al Río a recibirlo con sus dragones; y se le hizo la correspondiente salva. Esa noche se cantó el Te Deum Laudamus, y por dos noches hubo iluminación.

El día 24 en la noche, quiso haber de parte de los negros revolución, porque algunos de ellos llegaron a decir que aquella noche debían de degollar. El mismo día de San Mateo, para que tuviéramos más que contar, hubo una tormenta chiquita, en seco, que no dejó Boxio (casa, bohío/oq) que no descobijara y el mar tan bravo que parecía nos quería tragar. Yo y todos los más, convenimos en que aquí había región de demonios.

El modo que tenían dispuesto de tomar la ciudad, si no se hubiera entregado, era éste: el venir las dos fragatas al frente de San Carlos, y tirar algunos tiros de modo que no dañificaran los edificios, nada más que a llamar la atención; y don Juan Barón, que venía por tierra con mil trescientos hombres criollos, del Seibo, Bayaguana etc., que estaban rabiando por acabar los negros, cuatrocientos de a caballo y todos bien armados; que en los días que faltaron las fragatas de nuestras vista, en Andrés y en Los Carrales, echaron armamentos y municiones a don Juan Barón. Este vino a recalar por los Caimitos, camino de Santiago, día veinte y cinco, con la disposición de asaltar las murallas y entrar a deguello. Para esto tenían sus escalas (escaleras/oq), y a los de adentro, esto es, a los de nuestra parte, ya avisados, para entrar en fusión.

Fue tanto el terror que tomaron los negros a don Juan Barón que no se les oía otra cosa, solo que los venían a matar. Y si ellos hubieran visto esos del Seibo, Llanos y demás que venían, de mejor gana lo hubieran dicho, porque estaban los hombres como rabiosos por pelear.

Los negros, aunque el general (el general francés Kerversau/oq) había entrado en la ciudad no se había entregado de las fortalezas; y en este supuesto, tenían los cañones del Conde cargados con balas y dos paquetes de metralla, esperando a don Juan, esto es el 27 en la noche, pues no la durmieron, con los botafuegos (madero con trapo inflamable en la punta/oq) encendidos, para darle fuego a los Almacenes; y el no dormir los que estaban en La Fuerza, encerrados de parte de noche, solo con el fusil dentro de las piernas, cada uno con dos balas; todos estos atentados les causaban el miedo. Y no piensen que me contradigo, porque ellos eran guapos cuando encontraban seis u ocho, y de su parte (de parte de ellos eran/oq) dos cientos, como sucedió en casa de España (de don Antonio España/oq).

El día 28, último de febrero, salió Polo con el general Cleversot, a ver la gente que tenía don Juan Barón; y se le formó toda (se le presentaron en formación militar/oq) desde las tres cruces de San Carlos, a la Haciendas de Galat, la que era antes de don José Herrera, que era el cuartel. Se quedó admirado (asombrado/oq) Polo de ver la gente; y como en voz pública le dijeron: mándenos acá toda su tropa, que deseamos acabarla; y como a las nueve de la mañana entró don Juan Barón por la Puerta del Conde con 50 dragones (caballería/oq), le formaron la guardia y le batieron marcha (Polo –Paul- se rindió/oq). Se retiró por un día a su casa, con su guardia a la puerta. A la tarde fue a visitar al coronel Juan Felipe (coronel Jean Philippe Daut), que vivía junto al Señor Prados, calle de La Fuerza. La guardia de dicho coronel se le formó, y al pasar le correspondió con una gran gorrada, como era regular.

Los negros quedaron admirados de verlo entrar solo en casa del que tanto deseaba su cabeza, que dieron que su cuerpo era grande, pero que su corazón era mayor. Esa noche volvieron a querer hacer atentado los negros, que en toda la noche no la durmieron, ni se aquietaron hasta que no supieron que don Juan había despachado toda la mayor parte de su jente, que solo quedó con doscientos hombres, con que fue a desbaratar los canes de los ingenios que había en Camba-arriba y Camba-abajo, donde habían hechos los negros sus jefes: uno Polo, otro Mayor de Plaza, y otro Barón y medio; y en tales términos que el Barón y medio le mandó a decir a don Juan, que si él era Barón, él era Barón y medio, y que deseaba verle la cara.

Los cierto del caso es que don Juan trajo preso a su tocayo Barón y medio que era un negro de Manuel Pereyra y otros muchos que no los quiso matar. Solo cuatro murieron con el fuego que hicieron los nuestros; y en esto mandó a parar el fuego, porque su fin era cojerlos sin matarlos, como se verificó, que solo quedaron como diez o doce; y de esos han cojido tres de las cabezas generales: Juan Pedro, de don Nicolás Guridi, muy práctico en el Maniel. A ese le cortaron la cabeza en el Ingenio que llaman La Fundación; y de los que quedaron se han prendido cinco más, que los aprisionó Vilaseca, por haber ido don Juan para Azua con ciento cincuenta hombres de Baní que marcharon para Azua por tierra, que es el cuartel general de la parte de sud; y de la parte del norte es Santiago, donde hai de tropa novecientos hombres, y de los nuestros mas de tres mil.

El día 25 se embarcó la tropa francesa, que se componía de quinientos y cinco hombres, que en realidad no eran hombres sin ánjeles, porque no se les vio en el tiempo que estuvieron aquí una diferencia, no solo con nosotros, pero ni aun unos con otros. Todos eran mozos escojidos. El más viejo sería de treinta años. Habían de ver el modo de servir en las guardias; no dormían lo más que hacían era poner el codo sobre el tablado, y cuando la centinela echaba quien vive, ya estaban con los fusiles en las manos. Las centinelas no hablaban con nadie, y las patrullas lo mismo.

El día primero de marzo se relevaron las guardias del Conde, la del Viva (Vivac/oq) y la de San Diego, con las tropas francesas con mucha monita (?/oq). El Comandante de Jaina, que se llamaba Marquí, el y los negros no querían entregar a Jaina, por que decían que los Franceses no tenían palabra, y que él (Marquí/oq) tenía las nalgas muy fueteadas, y así determinaba morir; y así ya estaba convocado con todos los de los Ingenios para hacer un maniel (un campamento rebelde/oq) con más de 300 negros que se hallaban en Jaina, y muchas municiones; pero el general Cleversot llamó a Juan Felipe y le dijo que si estaban de buena fe o no para determinar, a que le preguntó que qué había en el particular. Entonces el general Cleversot le dijo que le trajera a Marquí preso.

En el momento, serían como las doce del día, marchó Juan Felipe, junto con Alí (Pablo Alí/oq) (15) y un oficial blanco y a las cuatro de la t arde entró preso dicho Marquí. Esto fue el día 4, y el 6 salieron los negros y mulatos que se hallaban prisioneros de los de Ribó (general Rigaud/oq) (16) cincuenta y siente, a relevar a los de Jaina, que se componían de más de trescientos. Los de Ribó los han admitido porque Ribó vino en la Escuadra.

El día 7 en la noche, a las ocho de ella, mataron dos de los negros de Toussaint, de modo que para precaver cualesquiera atentado que pudiera acontecer, y que estuvo muy a peligro de que se verificara, fue indispensable el que el general Kerversaut tomara las más eficaces provincias, que juzgo más oportunas, como fueron el haber deliberado el que inmediatamente se pusieran sobre las armas todas sus tropas, y salieran unas patrullas muy considerables, cuales estuvieron en facción toda la noche, hasta las seis de la mañana del día siguiente.

El día 8, a las cuatro de la tarde, salió el ejército de Toussaint que guarnecía esta plaza, que se componía de mil y quinientos negros, poco más o menos. Fue tanto lo que marcharon aquella tarde, y parte de la noche, que fueron a parar pasado La Isabela, como que llevaban la orden de caminar ocho lenguas. Aquellos marcharon muy contentos, con el motivo de haber socorrido a cada soldado con una portuguesa y a cada oficial con dos. Al coronel Juan Felipe le abonaron tres mil y quinientos pesos. El general Polo se mantuvo en esta, sin embargo, hasta el día diez, en que se hizo a la vela el buque que había de conducir a la mujer de éste, a la de Juan Felipe, a los músicos de su batallón y a las negras hembras que estaban acomodadas con sus oficiales.(17)

Con el motivo de que las tropas blancas habían de marchar par San Juan, como que allí se estableció el Cuartel General, el día 14 se hizo una revista de inspección en la Plaza de Armas.

El día 13. (18)”.-

FRANCISCA VALERIO

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(1) Esta Relación, de 1801, poco menos que desconocida, apareció en la Revista Científica, Literatura y de Conocimientos útiles, (Santo Domingo, Nº. 26, de 1884). El historiador nacional don José Gabriel García la utilizó en su Compendio de la historia de Santo Domingo (Santo Domingo, 1893, Vol. I, pp. 308-320). Se reproduce textualmente, sin variar la ortografía ni excluir diversos vocablos del habla popular dominicana, que le dan colorido. Véanse dramáticos pormenores de las invasiones de Louverture, Dessalines y Cristóbal, en Antonio Del Monte y Tejada, Historia de Santo Domingo (Santo Domingo, 189, Vol. III); Lic. C, Armando Rodríguez, La frontera dominico-haitiana (S.D., 1929); Lic. Virgilio Díaz Ordóñez, El más antiguo y grave problema antillano (S.D. 1938); Lic. G. Despradel Batista, Historia de la Concepción de la Vega (La Vega, 1938) y El incendio de 1805, en B. A. G. N., Nº 3; Lic. M. A. Peña Battle, Historia de la cuestión fronteriza dominico-haitiana (C.T., 1946); (José Almoina), La frontera de la República Dominicana con Haiti (C. T., 1946); Cayetano Alcázar Molina. Los virreinatos en el siglo XVIII (Barcelona, 1845, Vol. XIII de la Historia de América, dirigida por Antonio Ballesteros y Beretta, de Salvat Editores). Entre los recursos de las demasías de Toussaint cometidas en la ciudad de Santo Domingo descuella el incidente entre éste y ya altiva Dominga Núñez, inmortalizada en el bello romance de Gastón F. Deligne, La intervención, 1801, (en nuestro libro Del romanceso dominicano, C. T., 1943); y la donosa tradición La Virgen detiene a Toussaint, del Dr. Ml. De Js. Troncoso de la Concha, (en su libro Narraciones dominicanas, Santiago, 1946).

(2) Alude a las formalidades oficiales de la entrega de la ciudad de Toussaint, y al pánico que infundía su presencia. De no procederse así, la inerme población habría sido degollada, cosa que se proponía el bárbaro invasor. En el documento siguiente se explica el caso, con curiosos detalles.

(3) La portuguesa, según Sánchez Valverde, (Idea del valor de la Isla Española, Madrid, 1785), es una “pieza del oro bellisimo de los portugueses, con el cuño de esta nación, cuyo peso y valor intrínseco excede algo de cinco duros”.

(4) En el libro de Bautismos, Nº. 26, folio 36 (años 1798-1802), de la Catedral de Santo Domingo, hay este apunte del Dr. Agustín Madrigal: “Sto. Domingo veinte y seis de enero de mil ochocientos y uno entregada la capital de la República después del medio día”. La invasión de Toussaint fué causa de la emigración de gran número de familias dominicanas, las más esclarecidas. Los siguientes datos proceden del Archivo Nacional, de Bogotá (Mss. Historia, Vol IV, folios 97-100): el Pbro. Pedro Sánchez Valverde, con motivo de la cesión a Francia se trasladó, en 1796, de Santiago de los Caballeros a la ciudad de Santo Domingo. Sánchez Valverde fué Cura Rector en Santiago y Capellán Mayor del Hospital Real Militar de San Nicolás de la Ciudad de Santo Domingo. De aquí, acompañado por su familia y por un “crecido número de personas emigradas” a causa de la invasión de Toussaint, salió para Maracaibo el 25 de enero de 1800.

El 26 fué apresado el buque por una corbeta inglesa, despojándolo de sus esclavos, joyas, dinero, muebles y hasta la ropa. Llegó a Maracaibo el 24 de febrero de 1800. Allí obtuvo pasaporte para pasar a Cartagena el 21 de noviembre de 1801. En Cartagena, el 18 de diciembre de 1801, pidió subsidio para él y los emigrados que le acompañaban, entre los cuales se contaban: Manuel Valverde (hijo del citado Presbítero) y Esteban, con Doña Manuela Tamariz, agregados: Doña Petrona Sánchez Valverde viuda: Doña Luisa y Doña Beatriz Fernández, su hija María Altagracia Fernández, nieta de la primera, y María Concepción, agregada: Doña María Dolores Fernández, viuda: Doña Ana, Don Melitón y Don Manuel María Valverde, hijos de la primera. Criados libres: Micaela, María, Cristóbal. Gregorio y Seferina. Agregados independientes: Gertrudis, Bruno y María su hija. En Cartagena, el 9 de marzo de 1801.

Rafael de Aragón y Juan de Mata Bernal, boticario y practicante, respectivamente, empleados en el Hospital Militar de Santo Domingo, solicitan que se les auxilie para su traslado a La Habana. Juan Antonio Castillo, también emigrado de Santo Domingo a causa de la invasión de Toussaint, pide que se le abonen los sueldos de sus servicios en la Isla, donde había sido Oficial de la Factoría de Tabacos de Santiago de los Caballeros y después Guarda Mayor de la plaza de Bayajá. De Santo Domingo pasó a Maracaibo y de ahí a Cartagena.

En la casa de Doña Teresa Morilla, emigrada en Cartagena, también residían, en mayo de 1802, la emigrada Gertrudis del Rosario y una hija. En una patética relación de las vicisitudes que sufrieron los emigrados de 1801, consta que Josefa y Antonia de Castro, emigradas de la Isla, hacen presente no habérseles asistido con la asignación hecha para estas ni en Maracaibo ni en Cartagena y suplican se les mande suministrar auxilio para subsistir en Cartagena. Ambas eran cabezas de familia, residentes allí.

A causa de la “impensada entrega de la Isla al negro Tusén, que se suponía general de la República Francesa”, les fué preciso emigrar. El 17 de febrero de 1801 salieron de Santo Domingo para Maracaibo, adonde llegaron el 24. Después de diez meses de suma necesidad en Maracaibo determinaron pasar a Cuba. Se embarcaron allí el 1º de diciembre y llegaron a Cartagena el 13. Firman su exposición en Cartagena, a 30 de julio de 1802.

(5) General Paul Louverture, hermano de Toussaint

(6) Francia

(7) Jean Philippe Daut

(8) Gregorio Berroa.

(9) Canónigo Francisco Vicente González

(10) Doctor Pedro Francisco de Prado. Murió el 16 de octubre de 1809.

(11) Manuel Germoso

(12) Clerveaux

(13) Refiérese a la célebre expedición de Leclerc, cuñado de Napoleón

(14) General Kerverseau. Véase, acerca de los sucesos narrados, el extenso e interesante Rapport de Kerverseau, en Boletín del Archivo de la Nación, Vol. II, 1938.

(15) El Comandante Alí.

(16) General Rigaud

(17) Véase Fray C. de Utrera, Toussaint Louverture aniquila el batallón fijo de Santo Domingo, en B. A. G. N., N º 2, 1938, pp. 85-96, reproducido aquí con adiciones del autor.

(18) Hasta ahí llega el escrito de Valerio.

Documento tomado de:

Emilio Rodríguez Demorizi; “Invasiones haitianas de 1801, 1805 y 1822”. Academia Dominicana de la Historia; Vol I. Editora del Caribe, C. Por A. Ciudad Trujillo (Santo Domingo), 1955; pp. 71-84.

Notas finales:

-Digitación del presente texto: PSR

-Las letras en negritas son del digitador.

-En la elaboración de las notas en paréntesis (página web Orbe Quince, oq) fuimos auxiliados por el historiador Francisco Henríquez Vásquez (Don Chito Henríquez). PSR



























































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2 comentarios:

fernando cardoza dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Nestor Ayala dijo...

Excelente blog, gracias Att : calderas