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12.4.08

República Dominicana: país modelo de hibridación étnica



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El mundo evoluciona hacia el mestizaje… Somos el esbozo del nuevo rostro de la humanidad.
Patrick Chamoiseau, martiniqueño, Premio Goncourt
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Si se rompe un jarrón, el amor con que se unen los trozos es mucho más fuerte que el que daba por sentada su simetría cuando estaba entero. Esta reunión es el afán de las Antillas.
Derek Walcott, caribeño nacido en Santa Lucía y Premio Nobel de Literatura 1992
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La hibridación cultural puede ser y es más rica que
algunos de los aspectos originarios que la conforman
.
Marcio Veloz Maggiolo: 'La racialidad dominicana'




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A modo de respuesta a Pedro Pérez Cabral y su “Comunidad mulata”, y a Pedro L. San Miguel y su “Visiones del mestizaje en las Antillas hispanoparlantes”. *



Por Pedro Samuel Rodríguez-Reyes


¿Cuál es la importancia del tema étnico y del mestizaje en La República Dominicana?

Entendemos que su importancia reside, entre otros aspectos, en que es difícil comprender la desigualdad económica y social de esta sociedad sino a través del fenómeno originado a partir del 'encuentro y cruce de razas' ocurrido desde el inicio de la conformación de este pueblo. Desde los mismos orígenes del pueblo dominicano, la pertenencia a una determinada etnia vinculó a una determinada posición económica y social.

El resultado de los procesos iniciados en este territorio hace cinco siglos a partir de la fusión biológica de colonizadores españoles, aborígenes y esclavos africanos importados, determinó lo que como sociedad hemos estado siendo y lo que en la actualidad somos. De nuestro pasado, entonces, no podría excluirse las relaciones entre aquellos 'descubridores' españoles aquí llegados a partir de finales del siglo quince y aquellos africanos aquí traídos desde principios del siglo dieciséis ni aún podría ser excluido el relativamente breve contacto con aquellos 'desaparecidos' nativos.

Es obvio que en la sociedad dominicana ha existido y aún existe una estrecha relación entre etnicidad y desigualdad económica. El examen de temas como la hibridación étnica debe entonces suscitar un particular interés en este pueblo mayoritariamente mezclado.

Tal vez sea necesario recordarlo: los africanos no llegaron aquí como colonos ni con autoridad alguna; tampoco la tuvieron los nativos. Si el porcentaje mayoritario de la población dominicana actual es producto de la fusión de aquellas etnias y sus contrastantes diferencias, es entendible que para comprender el presente dominicano habría de hacerse considerando tales relaciones de origen como gestoras de nuestras realidades actuales. Probablemente, sin embargo, a causa de nuestra temprana e intensa hibridación étnica en donde participaron ibéricos en casi permanente estado de ruina económica, el fenómeno del 'encuentro de razas' haya tenido aquí menos conexión con la generación de un discrimen racial manifiesto, porque, más bien, dicho fenómeno da cuenta y explica lo relativo a nuestras desigualdades.

En principio, los colonizadores españoles tendrían el propósito de establecer unas futuras relaciones económicas de masiva explotación del brazo esclavo, pero tales propósitos fueron posteriormente modificados, entre otras causas, por la pobreza de los mismos colonos que se vieron imposibilitados de sufragar los gastos que implicaba la compra adicional de esclavos africanos; por el permanente rechazo de la corona a facilitar los financiamientos correspondientes y por el intenso mestizaje que fue aminorando la cantidad de esclavos, ya que, en general, todo mestizo o mulato hijo de español se le consideraba nacido con el estatus de persona libre.

El mestizaje no fue igualando sino atenuando los contrastes originarios de las etnias aquí encontradas. Ese proceso de atenuación vía el mestizaje en pobreza fue conformando el sustrato de nuestras desigualdades. Por ello, nuestras desigualdades socio-económicas pasadas y presentes no tuvieron origen –necesariamente- en la explotación inmisericorde y permanente de una masa de esclavos por parte de un reducido grupo de prósperos e inhumanos amos, como lo fue en otras sociedades coloniales de la época. En consecuencia, la hibridación en pobreza generalizada salvó a la sociedad dominicana de peores consecuencias. Por ello, reiteramos, la importancia del tema.

Probablemente estos aspectos referentes a la hibridación étnica, al encuentro y a la fusión de razas, despierten poco interés en sociedades cuya tradición histórica de mezcla racial sea irrelevante como sería el caso -por ejemplo- de la sociedad japonesa actual (98.5% japoneses sin mezcla racial, 1.5% otros), de la sociedad armenia (97.9% armenios sin mezcla, 2.1% otros), de la sociedad haitiana (95% negros sin mezcla, 5% mulatos y blancos), o de la jamaicana (90.9% negros sin mezcla, 7.3% mezclados, 1.3% blancos) (1) . Si estos datos porcentuales son correctos, entonces es poco probable que el examen del mestizaje pueda explicar la realidad económica y social de estos pueblos aquí mencionados. En el escenario dominicano, sin embargo, ocurre a la inversa. En general, aquí, lo racial trasciende el elemental juicio estético a las características físicas de un individuo determinado; lo étnico ha tocado y continúa tocando su posición económica y social. Por ello -reiteramos-, la importancia de lo étnico y el mestizaje en la nación dominicana.

Composición étnica del pueblo dominicano

Veamos datos al año 2009 (2) :

Mezclados (mixed)-----73 %
Blancos sin mezcla----16 %
Negros sin mezcla-----11 %
..............................100 %

Convirtiendo estos porcentajes en números de habitantes a partir del total de la población actual de República Dominicana, obtenemos las siguientes cifras:

Población actual de República Dominicana = 9,650,054 habitantes (Jul. 2009)

73 % = 7, 044,539 hab. Mezclados (mixed)
16 % = 1, 544,008 hab. Blancos sin mezcla
11 % = 1, 061,505 hab. Negros sin mezcla
--------- --------------
100 % = 9, 650,054 hab.

La proporción de esa composición parece haberse mantenido sin variaciones sensibles desde hace siglos. Ella es el producto originado en el intenso proceso de mestizaje iniciado a partir del siglo dieciséis cuyos elementos étnicos y culturales se han estado fundiendo y re-fundiendo en un crisol de razas coincidentes en nuestro territorio. Por tales razones, un elemental análisis de la historia dominicana nos enseña que la proporción mayoritaria de este pueblo (73%) es un resultante humano dinámico, particular y relativamente nuevo.

Ahora bien; para hablar de hibridación étnica debemos hacerlo excluyendo a los colectivos humanos sin mezcla racial y referirnos exclusivamente al conglomerado social mezclado. En este sentido, para estudiar a este conglomerado mayoritario mezclado podríamos hacerlo empezando, ante todo, respondiendo a la siguiente pregunta: ¿de esa población mayoritaria étnicamente mezclada (73%) cuál es la composición y la proporción de su mezcla?

Con el objeto de obtener respuestas a esta interrogante y conscientes de la carencia* de estudios elaborados en base a modernos métodos de análisis del ADN, observemos las conclusiones de las investigaciones realizadas por el médico dominicano Dr. José de Jesús Álvarez Perelló, quien presentó al VI Congreso Médico Dominicano, un trabajo que luego fue publicado en junio de 1951 en idioma inglés, en el Vol. 9 N.S., No. 2, de la revista norteamericana American Journal of Phisical Antropology. Su tesis titulada 'La Mezcla de Razas en Santo Domingo y los Factores Sanguíneos' (3) versa sobre la relación del tipo sanguíneo referenciado a los componentes étnicos en la población mezclada dominicana, arrojando dicho estudio los siguiente resultados generales:

17 % componente de indio nativo
43 % componente negroide
40 % componente blanco
------
100 %


*Nota: un reciente estudio de ADN patrocinado y coordinado por la National Geographyc Society y la Universidad de Pennsylvania en colaboración con la Universidad Iberoamericana (Unibe), denominado Genographyc Proyect 2016, arroja los siguientes resultados: 

39% de ancestros europeos
49% ancestros africanos
4%   ancestros precolombinos (taíno).

Dicho estudio se basa en 1,000 pruebas de ADN tomados en diversos puntos de la geografía dominicana.  Fin de la nota.


El Dr. Álvarez Perelló, en el Apéndice de su Tesis, divide en dos grandes fases principales la formación del pueblo dominicano, las cuales enumera y explica de la siguiente manera:

1ra. Fase:
“Durante la Conquista y la primera fase de la Colonización, se produjo, como afirma Rosenblat (Ángel Rosenblat; 'La Población Indígena y el Mestizaje en América', Junio, 1954/psr) que ‘mientras que los indios se iban extinguiendo, pronto los mestizos constituyeron una parte importante de la población’. Podríamos decir que durante este período la población de Santo Domingo estaba formada principalmente por mestizos y blancos españoles. Ante la extinción rápida de la mano de obra india se produjo la segunda fase.

2da. Fase:
Se inicia con la importación de esclavos africanos, quienes sin lugar a dudas debieron mezclarse a la población blanca europea y a los mestizos nativos creando este mulato trihíbrido a que yo hago referencia: entonces vino la absorción paulatina del negro puro por los blancos y mestizos para producir, como afirma Rosenblat, ‘en Cuba, Santo Domingo y Puerto Rico el predominio del blanco y del mulato’. En Santo Domingo ha habido otras causas que han ido aumentando los mulatos, pero siempre en base a la absorción del negro”.


Persistencia del componente indígena

En posteriores acotaciones a su Tesis, el Dr. Álvarez Perelló agrega: “A algunos les parecerá que es imposible que persista a través de tantas generaciones la influencia de una raza desaparecida, pero si reflexionamos sobre la teoría de Weismann, veremos, como dice De la Loma en su obra de Genética, que ‘todos los organismos que nacen están destinados a morir, pero hay una fracción material del organismo que se desprende de él, y en lugar de desintegrarse con la muerte del individuo que lo formó, sirve de punto de partida para la formación de un nuevo ser. Hay, pues, una estirpe de materia viva que no muere, sino que como una corriente de vida pasa de generación en generación: Es la estirpe que se ha llamado estirpe germinal para distinguirla de la estirpe condenada a morir con el individuo, que se conoce con el nombre de estirpe somática’. El Dr. Alvarez Perelló asevera que “la estirpe germinal de la raza india no ha muerto, ha pasado a través de las generaciones manifestándose en algunos núcleos del país”.

"Estos conceptos emitidos por mí en el párrafo anterior, a mi juicio -acota el Dr. Álvarez Perelló-, encuentran una confirmación en la excelente obra del notable investigador histórico Prof. Frank Moya Pons intitulada 'La Española en el Siglo XVI, 1493-1520'. Aunque en dicha obra el autor no trata específicamente el problema del mestizaje, sin embargo, encontramos en ella datos que tienden a justificar históricamente la tesis que yo sustento en el presente trabajo. En efecto, en el capítulo Relaciones del Repartimiento de 1514 Cuantificación, pág. 336, encontramos que ‘de los 551 españoles que recibieron indios en dicho repartimiento había 141 casados con mujeres de Castilla y 62 casados con indias, quedando un remanente de 189 no casados’. Si a estos datos agregamos los suministrados por Rosenblat en su obra citada, pág. 20, tomo II: ‘Pero en la historia del mestizaje tuvo sin duda mayor importancia la unión que se produjo fuera del matrimonio. Los cronistas y misioneros proporcionan muchas veces un cuadro sombrío de las relaciones entre el conquistador y la mujer india: violaciones, robos, venta y canje de mujeres, régimen de concubinato y harén, etc... indias de servicio que eran al mismo tiempo concubinas’. Según cita Rosenblat, ‘La real cédula que autorizó el matrimonio mixto es del 14 de enero de 1514. Lo general fue el amancebamiento. Un Memorial enviado desde la Española hacia 1516, acusó al secretario Lope de Conchillos de tener en su casa ocho o diez mozas por mancebas públicas’ ”.


Españoles y africanos en Santo Domingo a partir del siglo dieciséis

Para completar el esquema de la mezcla racial del pueblo dominicano mayoritario debemos hacerlo incorporando los dos componentes étnicos restantes: el ibérico (español) y el africano.

Podría considerarse que la globalización empezó en la Isla de Santo Domingo en el siglo XVI, y más aún: que en esta zona de contacto insular –único territorio americano con Historia en el siglo quince- tuvo origen el proceso de occidentalización de las culturas europeas y africanas. Adicionalmente, es válido considerar que aquí se da inicio a los procesos de hibridación étnica y cultural en el Nuevo Mundo los que, sólo posteriormente, fueron irradiándose a los demás territorios americanos. Con la incorporación de las etnias africanas a partir de las primeras décadas del siglo dieciséis se da inicio en la Hispaniola a un proceso multicultural que involucró la participación de tres continentes.

Los procesos de hibridación ocurridos en nuestro territorio tuvieron, sin embargo, la particular condición de verificarse mediante la intensa FUSIÓN de tres etnias, dos de las cuales –las africanas y la española- fueron perfilándose como preponderantes en el aspecto cuantitativo, a la vez que la vigorosa proyección de la influencia de estos dos vectores culturales fue y ha sido determinante en el futuro de la nación dominicana.

No sería ocioso volver a reiterarlo: el conjunto de las características típicas –etnotipo- en un individuo dominicano mezclado no es necesariamente producto de intervenciones culturales externas –como ocurre en los procesos de la transculturación y de la aculturación- sino consecuencia particular de fusiones étnicas intensas, como señalamos en el párrafo anterior.

El historiador dominicano Carlos Larrazábal Blanco (1894-1989), dibuja el escenario de tales fenómenos sociales ocurridos en nuestro territorio, específicamente entre los grupos humanos llegados a la isla (blancos y negros: españoles y africanos). Larrazábal señala que:

“Desde un principio los blancos tienen hijos en las mujeres negras, fenómeno muy general, unas veces sin establecimiento de otro nexo que el carnal, otras estableciéndose estables concubinatos. Los hijos nacidos de estas uniones son los mulatos o pardos. Los blancos también se unen a las mujeres mulatas, o los mulatos con mujeres blancas. A veces estas relaciones son amparadas por la iglesia celebrándose correctos matrimonios velados. Las mezclas se suceden entre blancos y mulatos, de mulatos entre sí, de negros y mulatos y hasta de negros e indios; de modo que bien pronto existió en Santo Domingo una verdadera fusión racial” (4) .

Larrazábal ofrece detalles adicionales respecto del origen y en cuanto a las futuras consecuencias de los procesos del temprano cruce de razas en Santo Domingo a partir del siglo dieciséis:

“ Desde los primeros tiempos de la esclavitud, los grandes señores de la colonia, las principales autoridades, los ricos dueños de hatos y los hijos de éstos, se amancebaban con las negras. También lo hicieron los propios sacerdotes, y muchas veces. Muchos esclavos, pues, nacían de vínculos de sangre con los amos. Esto, a la postre, pues es de suponer en muchos escrúpulos de conciencia, trajo por consecuencia la abundancia de manumisiones que, desde luego contribuían a suavizar las relaciones ente blancos y negros (...) La colonia española de Santo Domingo no fue agrícola sino ganadera. De ahí la diferencia de los regímenes esclavistas entre la colonia francesa de occidente y la colonia española de oriente. Haití, eminentemente agrícola, hizo del brazo del esclavo factor indispensable para su desarrollo. Santo Domingo, dado a la ganadería no le fue indispensable ese factor. Los hatos, por lo general estaban encomendados a esclavos o antiguos esclavos que llevaban una vida bastante llevadera. Además la esclavitud se desarrolló también en las ciudades, en servicios de casa, y nada apaciguó mejor que el convivir hogareño de amos y esclavos. Santo Domingo fue una colonia pobre; Haití fue una colonia rica” (5) .

Larrazábal Blanco informa sobre las diversas designaciones con que solía identificarse a estas mezclas raciales a partir del apelativo mulato, cuya denominación correspondía al producto de la mezcla entre blanco y negra. Larrazábal señala que:

“Los hijos de mulatos y blancos llamáronse ‘tercerones’; los de estos y blancos, ‘cuarterones’; mestizo comprendió a todo individuo hijo de ‘cuarterón’ . Pero se conocieron otras designaciones. Así, llamáronse ‘grifos’ a los hijos de negros y mulatos, sobre todo si tenían la piel negra. A los hijos de negro y de indio le llamaron ‘alcatraz’. Tenemos constancia documental, aunque algo tardía, de esta última especie de uniones con el matrimonio de un individuo llamado Pedro Manuel Ortiz, negro liberto, natural de Guinea y Luisa Ortiz, ‘india natural de Boya’ a quienes les nació un hijo que fue bautizado en la ciudad de Santo Domingo el 25 de Abril de 1761” (6) .

Larrazábal Blanco concluye manifestando que: “Por la fuerza de la sangre, pues, la raza negra se vincula a la familia dominicana; por los nexos del trabajo y del cristianismo se vincula a la sociedad; por el lazo de sus ideas de libertad se vincula a la historia patria” (7) .


Posición y valoración de la población dominicana mayoritaria étnicamente mezclada

El tipo humano dominicano híbrido –producto de la fusión étnica de blancos, indios y negros-, puede ser y es más rico que el europeo, el indígena y el africano que le dieron origen, pues, aquel europeo originario carecía de la fuerza telúrica del negro y del indígena, y el negro y el indígena originarios carecían del germen embrionario de la civilización occidental del europeo. El tipo humano dominicano híbrido es, en consecuencia, depositario y síntesis de la diversidad de valores que en él han confluido.

Este mezclado tri-étnico sería el versátil natural ilustrado, el híbrido biográfico cuyas condiciones excepcionales han estado en consonancia con la tendencia de la humanidad que apunta hacia la planetarización de lo diverso. A este individuo quizás sólo le faltaría la clara conciencia de sus potencialidades, la comprensión de los procesos históricos que le originaron, y el despojarse de mitos y argumentos limitantes e interesados.

No se trata de una temeraria apología de la hibridez ni de raza cósmica, sino de una realidad presente, orgánica y vital que, en el caso dominicano, exhibe y podría potenciar resultados positivos tangibles. “El mundo evoluciona hacia el mestizaje, somos el esbozo del nuevo rostro de la humanidad”, ha expresado el escritor martiniqueño y ganador del Premio Goncourt 1992, Patrick Chamoiseau (8) .


Complejidades de la hibridación étnica:
La identificación de los ancestros


Como pueblo, el dominicano posee un catálogo de notables e incuestionables valores, pero al mismo tiempo pervive al interior de su propia cultura un cúmulo de complejidades por delimitar, aclarar y resolver.

Empecemos estos esquemáticos y elementales comentarios referentes al vasto tema del mestizaje examinando sólo una de tales complejidades -propias de la condición de hibridez- tomando, para el caso, la dificultad que en ocasiones manifiesta el ciudadano dominicano étnicamente mezclado al identificar sus ascendencias. En ese sentido, observemos que podría ser una expresión perfectamente correcta -aunque compleja e inusual- si, eventualmente éste dominicano étnicamente mezclado, refiriéndose a sus ancestros expresase:

'Mis ascendientes españoles exterminaron a mis ascendientes nativos y trajeron y esclavizaron a mis ascendientes africanos'.

Sin embargo, lo que usualmente se escucha de parte del dominicano étnicamente híbrido son expresiones en tercera persona tales como:

'los españoles exterminaron a los nativos y trajeron, esclavizaron y maltrataron a los africanos'.
.
Esta última expresión podría interpretarse como que quien así habla se percibe descendiente de un inexistente pueblo de espectadores que no se involucraron en aquellos eventos. Sin embargo, el dominicano etnicamente mezclado que así se expresa, sí que es descendiente de cada una de las etnias que ha mencionado. Sus ascendientes sí que se involucraron diréctamente en aquellos eventos primigenios, razón por la cual él no debe considerarse distante ni ajeno a tales eventos originarios. Y es que ni aún nuestra Independencia de 1844 lo excluye de ser un legítimo producto humano de aquellos hechos ocurridos a partir del siglo dieciséis.

Quienes en nuestro país podrían con toda propiedad expresarse en sentido excluyente serían los minoritarios colectivos humanos de negros y de blancos 'puros', pues, para un actual negro dominicano (perteneciente al 11% de la población negra no mezclada), le es válido decir que en la época colonial, 'algún español esclavizó a algún ascendiente suyo'; y, de igual manera, un dominicano blanco (perteneciente al 16% de la población blanca no mezclada), cuyos ancestros provengan de la Era colonial -no de inmigraciones relativamente recientes-, podría expresar con propiedad que 'algún ascendiente ibérico suyo pudo haber comprado, esclavizado o maltratado a algún africano en este territorio'.

Asimismo, los actuales pueblos indígenas de México, América Central o de Suramérica, al no poseer nuestras mezclas étnicas, con igual propiedad y sentido excluyente podrían afirmar que: 'los españoles -en época de sus respectivos períodos coloniales- maltrataron a sus ascendientes nativos'. De igual manera, los actuales haitianos –su población mayoritaria- al tampoco poseer nuestras complejidades de mezcla racial, con toda propiedad pueden decir que: 'los franceses en la colonia de Saint Domingue, esclavizaron y masacraron a sus ascendientes africanos'. En el mismo sentido podría expresarse el pueblo mayoritario jamaiquino respecto de sus colonizadores ingleses; pues, ni los actuales pueblos indígenas ni el actual pueblo haitiano ni el jamaicano son producto mayoritario de fundiciones y re-fundiciones raciales como ha sido el caso dominicano.

Hasta ahí, el tema relativo a la complejidad que enfrenta la proporción mayoritaria de un pueblo étnicamente mezclado al identificar sus ascendencias parecería simple curiosidad anecdótica sin mayor trascendencia. Sin embargo, observado desde otro ángulo, el mismo referente podría derivar -por analogía- en una reflexión sobre la dificultad que representa para un pueblo mayoritariamente híbrido el tratar de identificarse plenamente con una determinada raigambre étnica. Porque, de aquellas tres etnias originarias nuestras ¿cuál es, exactamente, la raza telúrica y primera que al representarnos pueda remitirnos a lo que J.F. Lyotard ha llamado 'aquella fe originaria, aquella frescura antigua, aquel estado prístino, aquella grandeza indefinible de los comienzos'? (9) En este punto, más allá de los remedios políticos y económicos, a la mayoría de ese pueblo (el 73%) sólo puede redimirle la fe en lo que representa su propia síntesis, su principal cualidad.

Esto no es fácil de comprenderse desde ámbitos externos a las realidades particulares de un pueblo mayoritariamente híbrido como el nuestro.

La dificultad de conocer y comprender lo híbrido desde escenarios externos

Conocer a un individuo negro o a uno blanco -desde ámbitos externos a nuestras realidades particulares- es un ejercicio que generalmente está condicionado por las informaciones previas que se hayan adquirido sobre la cultura a la que pertenece la raza del sujeto pensado. Tales informaciones enseñan que un individuo blanco es un producto humano poseedor de características propias de la cultura greco-latina occidental; asimismo, las informaciones previas enseñan que un individuo negro está conformado con las características propias de las culturas africanas. El mismo referente es válido respecto al indígena. Es decir, previamente existe la idea de una correspondencia directa entre la cultura (valores, comportamiento y actitudes) de un individuo o grupo de individuos y sus inconfundibles características físicas (raza).

Sin embargo, realizar la conexión entre las característica físicas y las características culturales de un individuo étnica y culturalmente mezclado por fusión biológica, requiere informaciones poco conocidas y esfuerzos adicionales. En ese sentido, comprender al mezclado –al étnicamente hibridado- va más allá del fácil y habitual ejercicio de conectar unas específicas características somáticas manifiestas a unas características culturales preconcebidas. Es decir, conocer a un individuo blanco, indígena o negro es relativamente previsible, pero, conocer y comprender el funcionamiento del individuo étnicamente mezclado no resulta tan obvio al observador. Éste observador tiende a desorientarse en las complejas coordenadas del mezclado, pues dicho observador no posee las informaciones previas que le permitan realizar la vinculación entre la raza y la cultura del individuo étnica y culturalmente hibridado, ya que no son comunes tales informaciones en vista de que son escasos los pueblos con tales características. Por tanto, desde ámbitos externos a nuestras realidades, no resulta fácil el que nos conozcan plenamente. Ello es comprensible.

Dicho en otras palabras: es comprensible el hecho de que resulta difícil aplicar el clásico ejercicio de vincular raza y cultura a un pueblo étnicamente mezclado como el dominicano. En consecuencia, es en tal dificultad en donde reside una de las causas por las que a observadores externos (europeos, norteamericanos, etc.) se les dificulte conocer y entender 'lo dominicano'. A la inversa, en un escenario con escasa mezcla étnica (Japón, Haití, Jamaica), conocer y entender lo japonés, lo haitiano, o lo jamaicano resulta a ese mismo observador externo un ejercicio relativamente fácil y previsible. Los pueblos mayoritariamente híbridos como el dominicano no son comunes en el globo, por tanto, el conocimiento de las sociedades híbridas no es de dominio general. Por ello, para ser mejor comprendidos y conocidos en ámbitos externos, toca a nosotros, los dominicanos, la divulgación de ese conocimiento; pero, previamente, se hace necesario tratar de conocernos mejor a nosotros mismos. Ese sería uno de los propósitos del presente escrito.

Hibridación y mestizaje. Tradición y actualidad de su estudio
Las nociones de hibridación étnica y cultural que aquí esbozamos no surgen de la nada ni de pretendidas posturas adánicas. Como vimos, en el ámbito local existe una tradición del pensamiento dominicano que ofrece bases a estas reflexiones. Esa tradición parte desde las pioneras investigaciones del médico Dr. Manuel de Jesús Álvarez Perelló –arriba mencionadas- publicadas a mediados del siglo XX. A su vez, los estudios de Álvarez Perelló estuvieron inspirados en investigaciones previas realizadas por L. y H. Hirszfeld, médicos de los ejércitos aliados durante la primera guerra mundial.

Asimismo, en el ámbito de la actualidad internacional se destacan en los últimos decenios, planteamientos innovadores sobre hibridación étnica y cultural, mestizaje, multiculturalismo y culturas híbridas, provenientes de un importante número de especialistas entre quienes podríamos mencionar al filósofo y antropólogo argentino Néstor García Canclini y sus exposiciones discursivas sobre hibridación; al paleógrafo y doctor en historia Serge Gruzinski y sus nociones sobre 'el pensamiento mestizo'; a Carmen Bernand y sus escritos sobre 'alteridades y mestizajes hispanoamericanos'; a la canadiense Amaryll Chanady y sus planteamientos sobre 'la hibridez como significación imaginaria'; a la Profesora de la Universidad de Bonn, Barbara Schuchard y sus estudios sobre 'relaciones interculturales entre el cuarto mundo y Europa durante la colonia', entre otros autores.

Por su parte, Mijail Bajtin usa el término hibridación para caracterizar la coexistencia de lenguajes cultos y populares. Otros recurren al término para identificar lo que sucedió desde que Europa se expandió hacia América (Bernard; Gruzinski), o, por extensión, se usa el término para examinar procesos interétnicos y de descolonización (J. Bhabha).

Así de novedoso es el interés por el estudio de la hibridación como antiguo es el uso del término: Plinio el Viejo (23dc-79dc) lo mencionó al referirse a los migrantes que llegaban a Roma en su época.


Percepciones de la proporción de mezcla. Informes de
visitantes norteamericanos en el siglo diecinueve


Respecto a las proporciones raciales del pueblo dominicano observadas a partir de mediados del siglo XIX, el historiador norteamericano Charles Christian Hauch en su libro 'La República Dominicana y sus Relaciones Exteriores (1844-1882)', publicado en 1942, comenta lo siguiente (p. 22 de la edic. de la Sociedad Dominicana de Bibliófilos, 1996): “Desde el punto de vista racial, la población estaba muy mezclada, encontrándose blancos puros de origen castellano, mulatos de varios tonos, y negros. Es difícil calcular con exactitud la cantidad de cada uno de ellos, puesto que los estimados varían (...) Normalmente, a los extranjeros se les hace difícil calcular la cantidad de cada uno de esos grupos, porque muchos mulatos eran de piel tan clara que fácilmente se tomaban por blancos, mientras otros la tenían tan oscura, que fácilmente se catalogaban como negros”.

Hauch agrega lo siguiente: “No hay duda que los primeros agentes especiales norteamericanos, John Hogan y Benjamín Green, exageraron por exceso sus cálculos estadísticos de ambos, blancos puros y negros puros, y por defecto los de los mulatos. Las cifras de Hogan indicaban que el 43% eran blancos, el 40% eran mulatos, y el 17% negros, mientras Green calculó el 50% blancos puros, el 37.5% mulatos y el 12% negros. Sin embargo –continúa Hauch-, en 1899, un viajero del Caribe consideró que sólo una décima parte eran blancos puros, y que, en comparación, había muy pocos negros puros. Cfr. Amos Kidder Fiske, The West Indies (New York, 1899), 251”.

Hauch continúa con que “Quizás fue uno de los testigos ante la comisión de los Estados Unidos de 1871 el que se acercó más a la verdad cuando dijo ‘’Muchos son blancos puros, y más son negros puros, pero en la mezcla, la proporción de raza blanca es mayor que la de negra, de tal modo que si quisiéramos definir el color o tono promedio que representase a la generalidad, se podría decir que era el cuarterón’ (Véase el testimonio de William P. Gabb ante la Comisión de Investigaciones de los Estados Unidos de 1871. Cfr. Comisión of Inquiri, Report, 232)”.

Hauch agrega que “Por esta razón, al país se le califica siempre como una república mulata. Algunos observadores dijeron que aún permanecían rastros de la sangre original indígena. Uno de los agentes comerciales norteamericanos aseguró que muchas personas de La Vega descendían, en parte, de los aborígenes (Cfr. El agente comercial norteamericano Francis Harrison al secretario de Estado, James Buchanan –10 de Mayo 1847-. Consultar Letters. Santo Domingo, vol I. MS. Department of State Archives. The National Archives –Washintong, D.C.)”. Hauch concluye con que “Uno de los generales españoles que participó en la guerra de 1863-1865, dijo que probablemente el mismo Pedro Santana tendría sangre india en sus venas”.

Posteriormente, otro visitante norteamericano, el teniente del Cuerpo de Infantería de la Marina de los Estados Unidos, Arthur J. Burks, llegado al territorio dominicano en 1922 como parte de la fuerza de ocupación (1916-1924), señala en su libro 'El País de las Familias Multicolores', lo siguiente: “Fue en Barahona donde realmente empecé a conocer a los nativos del país. Alguien ha llamado a la República Dominicana la tierra de los cuarterones, lo cual tal vez se aproxima a la descripción más precisa. Pueden encontrarse negros, morenos, amarillos, blancos y mulatos (...) Un muchacho negro puede tener una hermana blanca, morena o amarilla o a la inversa. O puede haber cuatro hijos de cuatro colores distintos en la misma familia, presumiblemente del mismo padre y de la misma madre (...) La sangre de los Conquistadores, caribes, piratas de muchas nacionalidades, invasores haitianos, corría en los nativos de la provincia de Barahona, lo que explica la dificultad de señalar a una persona de determinado color de tez y hacer la llana declaración: 'este es dominicano’. No hay un ‘tipo dominicano’ ” (10) , concluye el oficial Burks.

Mezclados en mezcla. El inexistente mulato
Vista la mezcla del mezclado en proporción exacta o relativa, podríamos inferir que, contrario a la creencia generalizada, el tipo humano denominado mulato no es actualmente común en nuestro país. Esto así porque si nos atenemos a la definición de 'mulato' como producto específico del intercambio de negro y blanco: 'Persona que ha nacido de negra y blanco o al contrario', entonces, a la composición étnica del actual producto humano dominicano mayoritario-mezclado no se le podría denominar mulata al ésta no ser consecuencia del intercambio de blancos y negros sino de mezclados en permanente proceso de mezcla. A partir de mediados del siglo XVI, cuando empieza el intenso proceso de mestizaje en la colonia española de Santo Domingo, entonces, efectivamente, habría gran profusión de mulatos consecuencia del novedoso intercambio de ibéricos blancos (españoles) y negras de origen africano. En nuestros días no parece común la relación entre blancos y negras dominicanos/as, aunque con el advenimiento del turismo en los últimos decenios ha habido nacimientos de niños y niñas mulatos/as, hijos de algunos blancos extranjeros y negras dominicanas.

Por otra parte, la denominación de 'mestizo' se refiere a 'la persona nacida de padres de razas diferentes, en especial de hombre blanco e india, o de indio y mujer blanca'. En consecuencia, en las primeras décadas del encuentro de españoles y nativos en nuestro territorio, hubo mestizos producto de ese intercambio. Estos mestizos originarios se mezclaron con los originarios mulatos, blancos y negros y el aporte de sus características –aunque escasa- aún permanece. Así las cosas, la actual composición étnica del dominicano étnicamente mezclado es de origen triétnico, producto de la fusión de las etnias nativas, la española y la africana, como lo expuso el Dr. Alvarez Perelló.

Sin embargo, en su aspecto visual externo, si bien de origen tri-étnico, la composición racial de la población mayoritaria mezclada dominicana contemporánea es ostensiblemente –como lo ha sido desde hace siglos- una fusión hispano-africana, poseyendo la población general colectivos minoritarios blancos y colectivos minoritarios negros (ambos sin mezcla). Una posible designación de ese conglomerado poblacional mezclado mayoritario sería: 'dominicanos de ascendencia hispano-africana o afro-hispánica' indistintamente (dependiendo de la acentuación de los rasgos individuales). De igual manera, a los dos agrupamientos humanos minoritarios restantes podría designárseles como 'afro-dominicanos' al colectivo de negros sin mezcla, e 'hispano-dominicanos' al colectivo de blancos sin mezcla.

Sobre la base de estas apreciaciones sería entonces posible simplificar la designación étnica de este pueblo, y a la vez reclamar con ello la superación de pasadas tendencias hacia un indigenismo negador -según opinan algunos- del elemento negro, y a la vez reclamar el fin de tendencias hacia la hispanofilia, el afro-centrismo, y la conclusión de las influencias generadas por un arcaico rosario de denominaciones vinculadas a falsas valorizaciones biológicas y morales tales como grifo, alcatraz, cuarterón, mulato, salto-atrás, pardo, tercerón, etc.

Y es que, como producto humano, el dominicano mezclado per sé, no es consecuencia ni resultado directo de cambios por adaptaciones al medio ambiente en la milenaria ruta genética del hombre. Sus rastros no se encuentran en frescos pictóricos ni en cerámica de caverna alguna. El es un individuo nuevo y como tal reclamaría nuevas formas identificatorias y valorativas. El dominicano es una realidad válida y presente, y las estratagemas -conscientes o no- negadoras de su validación y de su definitiva inserción social, van quedando al descubierto.

La clara visión de estas realidades debe expulsar el pesimismo y la infravaloración auto-infligida o aplicada. Lograrlo sería una de nuestras revoluciones más fundamentales; una revolución de cambios de actitudes y de aperturas mentales generalizadas que nos facilite aceptar y valorar las potencialidades del pueblo, sin juicios morales ni categorizaciones de origen; sin vergüenzas ni orgullos. Sería la revolución que nos permita mirar a cara descubierta hacia el interior de nosotros mismos. No hacerlo equivaldría a continuar presentando una patética y lamentable máscara transparente a nacionales y a extranjeros.

Valores culturales del mestizaje

La casta cerrada de los WASP (White, Anglosaxon and Protestant: Blanco, Anglosajón y Protestante) en su particular manera de ver las cosas enuncia que: 'si tienes una gota de sangre negra no eres blanco, y no te admitimos'. Al otro extremo, minorías puristas de la negritud consideran que: 'si tienes una gota de sangre blanca no eres negro, y no te admitimos'.

Los dominicanos, sin embargo, no necesitamos ni requerimos ni admitimos esos sectarios, contrastantes y excluyentes prejuicios de puristas de las castas y las etnias.

Tampoco lo admitirían ni lo requerían distinguidos y destacados mezclados y mestizos universales como: “el mulato Pushkin; el novelista mulato Alejando Dumas; el mulato Gregorio Luperón, sin el cual tal vez los dominicanos no seríamos lo que somos; el mulato dominicano Pedro Henríquez Ureña, forjador de la elite intelectual mexicana; la mulata dominicana Salomé Ureña, poetisa y educadora; el mulato cubano Antonio Maceo; el mulato Pedro Mir, la mulata de Budelaire, el mestizo Rubén Darío”... (11).

Libertad de preferencias

La condición racial de un individuo étnicamente hibridado –con negro y blanco, para el caso- hace, a veces, que éste sea propenso a aproximarse a características generales del blanco. Y es que, efectivamente, él, como sujeto determinado por la evolución de condiciones iniciales, es blanco en proporciones específicas, independientemente de la proporción de su propia negritud. En consecuencia, él es un producto humano blanco y a la vez negro. Que su propensión hacia su litoral blanco tuviese un origen referenciado al 'triunfo' de la cultura vencedora en el proceso de conquista y colonización, es, en esencia, una propensión a él inherente, en él válido y auténtico. Igual de válido y auténtico sería su propensión a aproximarse hacia su litoral negro. Tal plasticidad de preferencias es un valor agregado de nuestro pueblo mezclado. Habría que interpretar y aceptar la influencia irresistible de sus motivos.

Carencia de radicalismos étnicos
como rasgo de la cultura dominicana


En República Dominicana, -posiblemente a causa de la misma intensa mezcla racial-, no encontramos informaciones que aseguren la existencia de conceptos e ideas cargadas de radicalismos étnicos como se evidencia en algunas específicas islas del arco antillano. En este sentido podríamos referirnos al caso de Aimé Cesáire, martiniqueño quien en 1939 al regresar de sus estudios en París, publica su Cuaderno de un retorno al país natal, 'poema largo, hermoso y salvaje' que lo define como 'poeta africano', en el que expresa, refiriéndose a occidente: “Os odiamos a vosotros y a vuestra razón, reivindicamos la demencia precoz, la locura, el canibalismo tenaz” (12) .

De igual manera, en República Dominicana no ha existido el extremismo -que posiblemente chocaría a cualquier dominicano- de un Markus Garvey, jamaiquino emigrado a Estados Unidos quien fundó el Movimiento de Retorno a Africa y expuso su doctrina en los años veinte. Garvey escribía: “Dios es negro; los negros son los verdaderos israelitas, los judíos son meros impostores. El Papa de Roma es el jefe del Ku Klux Klan que con el apoyo de la reina de Inglaterra y su amante, Felipe de España (después de reencarnado en Felipe de Edimburgo) mantiene la opresión sobre los negros. Babilonia es la patria del blanco, del mismo modo que Etiopía es la patria de los negros y el lugar del que proceden. Rusia es el oso del que habla el Apocalipsis, llamado a destruir a Babilonia” (13) .

Pensamos que el pueblo étnicamente mezclado más antiguo de América -el dominicano- está en mejor sintonía con el postulado de otro caribeño, Patrick Chamoiseau, martiniqueño y Premio Goncourt, cuando enuncia: “El mundo evoluciona hacia el mestizaje y la cultura no es un acabado sino una búsqueda constante, no es dominación sino relación, no es saqueo sino intercambio. Somos el esbozo del nuevo rostro de la humanidad”.

Asimismo, creemos que el pensamiento tradicional y secular dominicano se adhiere más a un Derek Walcott, caribeño nacido en Santa Lucía y Premio Nobel de Literatura 1992, cuando expresa: “Si se rompe un jarrón, el amor con que se unen los trozos es mucho más fuerte que el que daba por sentada su simetría cuando estaba entero. Esta reunión es el afán de las Antillas” (14) .

Finalmente, si, como plantea Walcott, 'el futuro de la humanidad está en el Caribe, porque su tendencia es a ser mestiza', y, si, como expresa Chamoiseau, 'el Caribe es el nuevo rostro de la humanidad'; entonces -agregamos nosotros- la humanidad tiene en la nación dominicana su auténtica avanzada.

Pretendamos plasmar en forma poética la condición de mezcla e hibridación étnica del pueblo dominicano mediante los siguientes endecasílabos:


DOMINICANO

Si en un veloz fulgor imaginario
trasladarte pudieras al pasado
y mirando de cerca a tus ancestros
nativos, españoles y africanos;
que no eres español podrías notarlo
ni exactamente igual a aquel nativo
ni exactamente como aquel esclavo
y aunque de ser los tres no hayas dejado
producto nuevo eres conformado
en el crisol del tiempo elaborado. (15)

Concluidos estos esquemáticos y elementales comentarios referentes al vasto y complejo tema del mestizaje, se haría necesario entonces, tratar de iniciar algún examen desde perspectivas axiológicas y respecto a eventuales normas idóneas para la optimización del funcionamiento de una sociedad mayoritariamente hibridada por fusión étnica. Pero ello no sería materia para intentarse aquí.

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Notas bibliográficas:

1-Fuente de la información: CIA-The World Factbook-2009 (en 'Select a country', ver: Japón, Armenia, Haití y Jamaica: →people→ethnic groups) en la web de la Central Intelligence Agency (CIA):
https://www.cia.gov/library/publications/the-world-factbook/geos/dr.html
2- Idem (select Dominican Republic: →people→ethnic groups)
3-El trabajo completo del Dr. Alvarez Perelló, fue publicado en 'eme eme Estudios Dominicanos'; Vol. II, No. 8; UCMM, Sept. / Oct., 1973. Debe consignarse que a la luz de los modernos métodos de investigación basados en los avances del estudio del ADN, se ha cuestionado la exactitud del método utilizado por el Dr. Álvarez Perelló. No obstante, aún no se conoce otra investigación que, en el mismo sentido, haya utilizado tales modernos métodos.
4- Carlos Larrazábal Blanco; 'Los negros y la esclavitud en Santo Domingo'. Editora de colores, S. A., 2da. Edición. Santo Domingo, R. D., 1998, pp. 170 y 171.
5- Carlos Larrazábal Blanco; obra citada, pp. 176 y 177
6- Carlos Larrazábal Blanco; Ob. Cit., p. 171
7- Ibídem
8- Miguel Angel Barroso/Igor Reyes-Ortíz; 'Crónicas Caribes'; Editorial Suma de Letras, Madrid, 2001, pp. 244-245.
9- Jean-François Lyotard, en Claude Levy-Strauss, 'Tristes Trópicos', Ediciones Paidós Ibérica, 1995, p.13
10- Arthur J. Burk; 'El país de las familias multicolores'. Sociedad Dominicana de Bibliófilos, Inc., Santo Domingo, Rep. Dom., 1990, pp. 37-38.
11- Federico Henríquez Gratereaux; 'Un ciclón en una botella'; Editora Alfa & Omega, Santo Domingo, 1996, pp. 124-125
12- Miguel Angel Barroso/Igor Reyes-Ortíz. Ob. Cit. , p. 224
13- Miguel Angel Barroso/Igor Reyes-Ortíz, Idem, pp. 241-242
14- Palabras que forman parte del discurso que ofreció Derek Walcott al recibir el Premio Nobel, en 1992, al referirse a su origen antillano.
15- Pedro Samuel Rodríguez; 'Dominicano'.-

* Con el precedente escrito pretendemos exponer nuestros criterios frente a textos contentivos de unos peculiares conceptos tales como los enunciados en el trabajo del que a continuación reproducimos su párrafo final:
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"Hijos del absurdo, mulatos, insulares, mal parados en un punto desafortunado del planeta. Como el Minotauro, ese otro monstruo producto de la hibridez, engendro de un ayuntamiento aberrante y anómalo, el pueblo dominicano estaría condenado a vagar perennemente por un insondable y recóndito laberinto”.
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{Pedro L. San Miguel, en ‘Visiones del mestizaje en las Antillas hispanoparlantes: Pedro Pérez Cabral y su “Comunidad mulata” ‘. Trabajo presentado en el seminario "El Caribe: visiones históricas de la región", Instituto Mora, México, 18-19 de Octubre de 2006, y publicado en el Boletín del Archivo General de la Nación, año LXIX, Vol XXXII, No. 118, pp 435-452, Santo Domingo, República Dominicana, 2007. (El párrafo arriba reproducido es una cita del libro "La comunidad mulata" de la autoría de Pedro Pérez Cabral, que el Sr. San Miguel hace en su trabajo presentado en México)}
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Leer texto completo:
http://orbe15.blogspot.com/2008/03/visiones-del-mestizaje-en-las-antillas.html
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Ojalá otros dominicanos se animen a exponer sus argumentos e ideas frente a obras como las arriba citadas, y frente a otras tales como "La isla imaginada, Historia, identidad y utopía en La Española" (1997), de la autoría del mismo Pedro L. San Miguel, profesor de historia puertorriqueño.
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Por otra parte, consideramos que libros como "La isla imaginada", en lugar de hacerlo 'desaparecer' para que no fuese conocido ni leído por los dominicanos -como parece que ocurrió-, deben ser colocados sobre la mesa de disección de las ideas para su amplio debate.
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Pedro Samuel Rodríguez-Reyes
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2 comentarios:

Anónimo dijo...

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Rafael Gonzalez dijo...

Sr. Rodriguez: Nuestras profundas gracias por tan meritorio y necesario bosquejo historico de nuestra herencia trietnica criolla. Enhorabuena! Ojala otros intelectuales dominicanos se animen a ampliar sobre sobre tan dramatico y aleccionador tema.

Rafael Gonzalez Marmol
Sanford, Florida, EEUU