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18.11.12

De Una Historia Parcial a la Historia Total




“Y, tendrían que ser preguntas permanentes, no sólo del historiador sino del ciudadano contemporáneo, para intentar comprender su realidad, aprehenderla de forma crítica, y desechar clichés, tópicos, anacronismos, prejuicios y el pensar fácil característicos”. Pierre Vilar; "Pensar históricamente".


Por Pedro Samuel Rodríguez-Reyes


Debilidades fundamentales de la sociedad dominicana:

Los medios de comunicación, y la observación del acontecer cotidiano nos convencen de que la situación de cada una de nuestras realidades sociales y económicas son una representación a escala de lo que se denomina “las debilidades fundamentales de la sociedad dominicana”. Por otra parte, se nos dice y repite hasta la saciedad que “el entorno social carece de elementos que enriquezcan y estimulen el desarrollo”. Pero, ¿de qué está compuesto esa debilidad fundamental? ¿De dónde proviene? ¿Cuál ha sido su origen y su trayectoria? ¿Cómo podríamos adecuar ese “entorno social” a fin de que nos facilite la apertura hacia un deseado Estado de bienestar colectivo?

Si “interrogamos a la historia” mediante una posible mirada totalizadora, podríamos descubrir la concatenación de unos eventos que nos daría respuestas a tales preguntas. Pero tendríamos que examinar  y escrutar “los hechos y los problemas históricos en toda su complejidad”, como ha planteado y aconsejado el historiador francés-catalán Pierre Vilar.

Sin embargo, pensamos que en el ámbito iberoamericano en general, y en el dominicano en particular, es difícil obtener respuestas a esas preguntas si nos limitamos a interrogar –como se hace con frecuencia- a la historia que empieza con la proclamación de la República, pues, examinar sólo esa parte de la historia equivaldría a obtener respuestas parciales e incompletas. Por ello, al planteamiento vilariano, nos permitimos agregar la noción de una historia sin interrupciones ni cortes: en toda su extensión temporal.

Esto así, porque las “debilidades fundamentales de nuestra sociedad” tienen un remoto origen muy anterior a nuestro período independentista. Por ello, para conocer la procedencia y la trayectoria de esas debilidades y de ese entorno social nada auspicioso, habría que interrogar a la historia en toda su extensión: desde los orígenes y la conformación de estas sociedades hasta el presente. La historia a partir de las gestas independentistas y los procesos posteriores no pueden ofrecernos este tipo de respuestas.

En nuestra nación hay un “ayer” anterior a 1844 en donde se originaron las desigualdades que hoy vemos, en donde se encuentran las raíces de las debilidades sociales del presente y en donde está la génesis del entorno social que nos rodea.

El excesivo culto al héroe en la historiografía latinoamericana:

¿Por qué en Iberoamérica es tan frecuente la tendencia a limitar el estudio de la historia al período republicano y a obviar el extenso período colonial?

El historiador cubano Sergio Guerra Vilaboy (1) se refiere al notorio énfasis que en Latinoamérica se pone al estudio del período emancipador. Guerra Vilaboy expresa que: “Según el historiador francés Pierre Chaunu ‘un tercio de la historiografía latinoamericana está dedicada al tema de la independencia’.  Frente a semejante proporción –dice Guerra Vilaboy-, cabe preguntar sobre la utilidad de añadir más títulos a esa extensa lista. Pero tan alta cantidad encubre que muchas de las obras del ciclo emancipador de América Latina (1760-1826) han sido escritas a partir del testimonio subjetivo de autores contemporáneos a los sucesos, con el propósito de reconstruir, de manera minuciosa y apologética, la vida de los próceres y las acciones militares”. El historiador cubano concluye con que “la notable ausencia de un enfoque científico lastra esas historias idealistas que presenta a la independencia como fruto exclusivo del heroísmo de figuras situadas por encima del pueblo”.

Y es que, muy probablemente, el excesivo culto al héroe y a los próceres de nuestras independencias iberoamericanas podría haber opacado la visión respecto a la importancia del pueblo, a su conformación y trayectoria, configurando así un nefasto escenario en donde la extensa galería de prohombres con pechos cargados de ramos y medallas, haya empequeñecido la importancia del principal capital con que cuentan las naciones: el pueblo mayoritario.

Porque si miramos a través del escenario que nos presenta tal galería de figuras notables, héroes, líderes y dirigentes, ¿qué importancia y qué relieve podría tener un pobre negro analfabeto de las Antillas o un desnutrido indígena de Tierra Firme? En adición, en sus esplendorosas imágenes, una buena cantidad de nuestros héroes republicanos parecen posar con la intención de impresionar a las Cortes peninsulares y no como representantes de pueblos camino a salir de la esclavitud.

Si un tercio de la historiografía latinoamericana está dedicada sólo al ciclo emancipador -adicionado al énfasis que las escuelas ponen en él-, entonces es muy probable que ello habrá configurado una visión fraccionada de la historia, desvinculada de los más de 300 años de vida colonial, en donde se encuentran los orígenes, la trayectoria y la conformación de la idiosincrasia, de las exclusiones, y las desigualdades socio-económicas de estos pueblos.

Entendemos que los hechos y los procesos históricos no son una prolija lista de datos e informes aislados de sus vinculaciones anteriores sino articulación de una dinámica que deviene, transita y se desplaza. Esa visión dinámica de la historia sin interrupciones nos puede facilitar una interpretación más realista de los hechos y los procesos respecto a su representación en ese “entorno social” que nos rodea, y en esa “debilidad fundamental de nuestras sociedades”.

Es el caso –a modo de ejemplo- de la pobreza. Si comprendemos la esclavitud de ayer podríamos entender la pobreza de hoy.

Si los dominicanos obviamos aquel extenso “ayer” anterior a 1844, entonces lo que nos queda no puede explicarnos ni darnos respuestas a instancias como las carencias endémicas del pueblo. Esa parte que nos quedaría –es decir, la historia que inicia con la Independencia y llega hasta el presente- sólo puede ofrecernos respuestas parciales.
Las respuestas nos pueden ser dadas sólo si interrogamos a los orígenes del pueblo, no a los orígenes de la República ni a los procesos posteriores.


Pensar históricamente:

Pierre Vilar propone un método que podría sernos útil para encarar y conocer las realidades cotidianas; para entender el Entorno social, y para comprender el porqué de nuestra Debilidad fundamental. En su texto “Pensar históricamente” (2) Vilar “desea que hasta donde sea posible cada quien practique la reflexión histórica, cuando piense en los acontecimientos o procesos que se desarrollan ante sí, situando y poniendo fecha con toda la precisión que sea posible. ¿Qué?, ¿cuándo?, ¿cómo?, ¿por qué?, ¿a favor de quién? Y, tendrían que ser preguntas permanentes, no sólo del historiador sino del ciudadano contemporáneo, para intentar comprender su realidad, aprehenderla de forma crítica, y desechar clichés, tópicos, anacronismos, prejuicios y el pensar fácil característicos” (3).

Pero aplicar y divulgar este método vilariano con eficacia en Iberoamérica, habría tal vez que resolverse previamente la sensación de fractura y corte que se percibe en la enseñanza y en el estudio de la historia, a causa –es probable- del desmesurado énfasis que la historiografía latinoamericana pone en el ciclo emancipador.

Deuda social:

En nuestro país, a menudo se escuchan discursos provenientes del ámbito político e intelectual señalando preocupación por una deuda social aún no honrada. Si eventualmente los autores de tales proclamas desconocen los alcances de esa deuda, sería útil recordarles que esas aún impagadas acreencias datan del siglo XVI; que no es una deuda contraída sólo a partir de 1844 ni desde la Restauración ni desde la era de Trujillo. Sus acreedores, representados en su gran mayoría por los descendientes de los ayer esclavos, hoy llamados pobres, esperan el pago correspondiente a siglos de trabajo continuo no remunerado dedicado de una y otra forma a la construcción de esta nación en la que todos vivimos: en las minas, en las plantaciones, en los hatos... Y, sería útil, además, informarles que parte importante de la génesis de este “entorno social” y de estas “debilidades fundamentales de nuestra sociedad” está directamente vinculada a esa deuda de siglos.

Ese Entorno social que nos rodea; ese mismo que a diario vemos y que no entendemos de qué está compuesto, nos lo trata de explicar el mismo pueblo acreedor representado en cada pobre, en cada analfabeto, en cada niño limpiabotas dominicanos; mas, no atinamos a interpretarlo.

Pero ¿cómo podríamos identificarlos a través de la cortedad de miras que nos ofrece una historia fragmentada que apenas empieza en 1844, y que nos narra permanentes episodios de luchas entre buenos y malos? La polvareda levantada en los fragores de las refriegas entre héroes y villanos, entre prohombres y traidores, no nos permite ver al pueblo.

Así, hoy, con tan escasa información sobre unos invisibles, ausentes y anónimos acreedores, ¿qué otra cosa podría verse a través de los cristales de confortables vehículos sino a insignificantes, analfabetos, desnutridos y vergonzosos pobres?

Por otra parte, ¿qué diferencia habría entre esta visión del siglo XXI y algunas de las visiones que posiblemente tuvieron hateros, amos, colonos, funcionarios coloniales y sus esposas, hijos y allegados en el siglo XVII o XVIII respecto a sus siervos y esclavos?

Si interrogamos a la historia en toda su extensión podríamos ver una gran similitud entre aquellas visiones coloniales y estas visiones republicanas. De ser ciertas estas similitudes -como posiblemente sea- habríamos de admitir, entonces, que se hace necesario el descolonizar a la República, y, como asignatura previa, empezar a incentivar el interés por el estudio de la historia en toda su complejidad y extensión temporal.

Y es que con el examen de una historia sin fracturas ni cortes podríamos ver muchas otras similitudes, como sería las escasas diferencias existentes entre las atribuciones de Gobernadores y Capitanes Generales de la colonia y el poder centralizado que en virtud del Artículo No. 55 de las Constituciones de nuestra nación se han atribuido los Presidentes republicanos hasta el presente.


Por otra parte, puede que la historia que empieza en 1844 (Proclamación de la Independencia) haga mención de unos pobres, pero muchas veces son referencias que poseen la poco disimulada connotación de que la pobreza es natural y no histórica, y que por tal razón, su solución no está en manos ni es tarea de Prohombres, Líderes y Héroes cuyas medallas representan premios a Altas Lides, no a reivindicación de hambrientos y miserables.

Una mirada diferente:

Y así, de la misma manera, los modernos líderes contemporáneos, como jinetes en corceles motorizados del siglo XXI, continúan percibiendo a los miserables sin condición -a los auténticos acreedores-. Se sienten ajenos y distantes de esos incapacitados económicos con déficits de cuchara y pupitre.

Sin embargo, es necesario ser indulgentes con aquella generación de Prohombres decimonónicos y con la de estos nuevos Líderes, pues, ni los unos ni los otros han aprendido una mirada diferente. No se la han enseñado. Ambos han pertenecido a la misma tradición y a la misma escuela. Tal vez, los primeros estuvieron muy cerca del influjo de las estructuras del poder colonial y de toda su parafernalia, y en un posible fenómeno de transmisión y sucesión de influencias, los primeros -sin proponérselo- fueron influyendo a los que les sucedieron y éstos a los próximos y así hasta hoy.

En ese sistema de influencias que se suceden continuamente no ha habido –es curioso- escisión, interrupción ni corte.

Quizás, para desmontar esa estructura inconsciente de influencias de poder que se transmiten, habría de comenzarse por tender puentes que conecten la historia colonial y la historia republicana, tal y como adherida está aquella otra historia de sucesiones inconscientes del poder que, proviniendo desde la colonia profunda, traspasaron la Republica y los procesos posteriores sin interrupciones hasta el día de la fecha.

Es la misma franja social la que cambia de sistema, de orden social, de personajes y nombres. Ha sido su divisa. No ha estado mal para unos, pero las señales de los tiempos indican que es momento de explorar vías eficazmente plurales.
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Las aperturas, los cambios y las adecuaciones que necesita la nación dominicana no requiere de otras luchas ni de otras gestas que no sean unos cambios de actitudes, unas aperturas mentales y unas adecuaciones a los nuevos tiempos.

Debilidades fundamentales de las clases dirigentes:

Pese a todos los valores obtenidos en el decurso de su historia, la nación dominicana adolece aún de numerosos malestares de origen. Es muy probable que muchos de esos malestares han sido generados y prolongados hasta el presente, por la franja social no ancilar, a causa de sus ancestrales habituaciones a la servidumbre. Ese hábito de siglos -de sólo ser capaces de “dirigir”- debió configurar una suerte de debilidad fundamental de nuestras clases dirigentes latinoamericanas: una permanente e inextricable necesidad de la figura esclava, lo que, en algún sentido, tendría su expresión en la evidente ceguera social que, en general, en ellos se advierte.

En otro sentido, es de suponerse que en tiempos de nuestras colonias hispanoamericanas, el grueso de los españoles y europeos que nunca vinieron a América, no desarrollaron esa ‘necesidad del siervo’ ni esa ‘dependencia al esclavo’. Por ello –en parte- hoy notamos resultados disímiles en los descendientes de los individuos formados en uno y otro lado del Atlántico. Aquellos blancos tuvieron que realizar “trabajos de negros”; nuestros blancos tuvieron sus negros e indios, y parece que aún no pueden prescindir de ellos. Por esta razón, ¿qué sentido tendría –pensarían- estimular la promoción social y económica de estos siervos informales de hoy?

De ser así, la exclusión podría explicarse como parte de una estructura de debilidades de las tradicionales clases altas latinoamericanas.

La historia colonial hispanoamericana fomentaría esa debilidad/dependencia en los miembros de la franja social a la que pertenecían colonos, amos, hateros y demás clases altas, quienes transmitirían similares características a las generaciones posteriores de esa misma franja social hasta el presente.

Podríamos dar un ejemplo demostrativo de la existencia histórica de esas debilidades. En el período emancipador hispanoamericano, la resistencia de esas clases altas a la abolición de la esclavitud tomó ribetes dramáticos en diversos países. Ello se comprende en razón de su ostensible incapacidad al trabajo. El esclavo y el siervo representaron un elemento vital que por siglos y generaciones había fomentado esa dependencia, esa incapacidad y esa debilidad. Cortar de golpe esa relación debió ser percibida como catastrófico para una franja social acostumbrada sólo a “dirigir”. Sería inconcebible marchar con sus hijos al campo a realizar “trabajos de negros”.

Hoy, esa franja social de las clases dirigentes y de poder económico en Hispanoamérica no ha podido superar aquellas debilidades. Los más de 300 años de directa dependencia a la servidumbre formal aún les obnubila el sentido de la realidad, y en su confusión sólo atinan a establecer con el pueblo (hoy esclavos informales) una ambigua relación de amor-indiferencia, necesidad y desprecio velado o manifiesto. No pueden concebir ni identificar a estos esclavos informales como acreedores de deuda alguna.

Ni remotamente perciben el vínculo existente entre las debilidades fundamentales de la sociedad y sus propias debilidades y dependencias seculares. Aún hoy parece que sólo saben “dirigir” e invertir capital. Para éstos, aún existen “trabajos de negros” por un lado y gestiones de directores, por el otro. ¿Qué sentido tendría –pensarían- marchar a los barrios marginados e involucrarse con las necesidades de siervos y esclavos del siglo XXI?
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El examen, el escrutinio y el análisis de estas relaciones podría ser clave en la identificación puntual de las aperturas, los cambios y las adecuaciones que necesitan estas sociedades hispanoamericanas a punto de entrar en competencias globales. Ojalá estos necesarios cambios de hoy no tengan los matices dramáticos de ayer, cuando se presentó la disyuntiva de la abolición de la esclavitud.

Mariano Creollo y Petronila Dias:

En escritos anteriores sobre estos temas hacemos mención de algunos informes obtenidos del Archivo Real de Bayaguana, Rep. Dominicana, fechados en el año de 1773. Dos de tales informes se refieren a Escrituras de compra y venta de igual cantidad de esclavos. El primero de estos nombrado Mariano Creollo, “un negrito de cinco años de edad y lisiado de la mano derecha”. El segundo informe es referente a la venta de una esclava llamada Petronila Dias, de veinte años de edad, “con la tacha de ladrona”, de acuerdo a la escritura. El precio de venta del primero fue de veinte pesos. En el segundo caso no se especifica precio. Las escrituras consignan los nombres de vendedores, compradores y testigos. La historia posterior de ambos no ha sido escrita, pero podríamos recrearlas.

Esas operaciones de compra y venta se efectuaron 71 años antes de 1844, y 90 años antes del inicio de las guerras restauradoras de 1863. A Mariano Creollo pudo haberle nacido un hijo en el año de 1800 cuando contaba con 32 años de edad. Este hijo pudo haber sido un combatiente en las guerras de independencia, a sus 44 años cumplidos. A este hijo de Mariano pudo haberle nacido un hijo en 1825, a sus 25 años de edad. Este nieto de Mariano Creollo pudo haber combatido a favor de la República en las guerras restauradoras a sus 38 años de edad. Este nieto de Mariano pudo haber tenido un hijo en 1850, a sus 25 años de edad, el cual en 1874 pudo haber combatido en la Conspiración baecista a sus 24 años de edad.

Podríamos continuar con que este biznieto de Mariano Creollo tuvo una hija en 1875 a sus 25 años de edad, la cual en 1893, a sus 18 años parió un hijo el cual fue el padre del abuelo del niño que ayer lustraba los zapatos de un lector cualquiera de estas líneas.

La historia de Petronila Dias podría imaginársela el mismo lector o cualquier otro.

La historia de los descendientes de los vendedores y compradores de ambos esclavos podría concluir en el dueño de un Resort en las playas del Este del país, o tal vez en algún accionista de una de nuestras prósperas empresas.

La historia de los descendientes de ambos esclavos hay que imaginarla. La de los descendientes de los compradores podría –talvez- encontrarse en las páginas de nuestros textos y manuales de Historia Patria o –quizás- en minucioso árbol genealógico, o –es posible- encontrar sus figuras proyectadas bajo la luz cegadora de nuestras galerías de Notables, Prohombres y Héroes de pectorales angulosos rebosantes de ramos y medallas embutidas en copiosos bigotes y patillas aún dieciochescas.-

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Notas bibliográficas:

1- Sergio Guerra Vilaboy. Profesor de la Facultad de Filosofía e Historia de la Universidad de La Habana; Licenciado en Historia en la Universidad de La Habana. Doctor en Filosofía de la Universidad de Leipzig;“El pueblo en la independencia latinoamericana (1790-1826). Un somero inventario historiográfico”. La formación del historiador. Revista de historia y ciencia sociales. Morelia, Michoacán, México. Primavera, 1996.

2- VILAR, Pierre. Pensar históricamente. Barcelona: Crítica, 1997, 240 p.

3- Pablo F. Luna;. Université Paris Sorbonne; “Itinerario de un historiador”. Reseña sobre la obra “Pensar históricamente” de Pierre Vilar. En “Revista Bibliográfica de Geografía y Ciencias Sociales. Universidad de Barcelona, No. 248; 14 de agosto de 2000.

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17.11.12

La Clase Media que se activa


La Clase Media dominicana participando en escenarios de luchas sociales


Por Pedro Samuel Rodríguez

No es tan simple como parece. En términos políticos no se trata de más de lo mismo. Primero las manifestaciones del “Estoy Jarto”; luego por el 4% para la educación; ahora contra la Reforma Fiscal. Estos movimientos, aunque aún se presenten con objetivos relativamente difusos, podrían ser el inicio de una revolución pendiente por décadas, protagonizada por una Clase Media minoritaria, harta de la manipulación de políticos que se promueven subsidiando a la marginada Clase Mayoritaria de votantes a costa de ella.

Se trata de un conjunto de justicieros movimientos que a corto o a mediano plazo darán al traste con la forma tradicional de hacer política y con la atrasada visión que hasta hoy prevalece, en donde la relación de las dirigencias políticas con la minoritaria y desamparada Clase Media, se ha tornado  descaradamente utilitaria.

Y es que, hasta los tiempos presentes, la casi total ausencia de los escenarios en donde se traban las luchas y las fricciones sociales, ha sido causa fundamental por la cual la minoritaria Clase Media dominicana no obtuvo previamente el curtimiento necesario ni la clara conciencia de clase que le hubiese capacitado para haber asumido la defensa de los intereses que les son inherentes. Así, las debilidades exhibidas a causa de esas carencias, facilitaron su permanente manipulación y aprovechamiento desde las diversas instancias políticas.

No obstante, el entrenamiento ha empezado y los objetivos de esa Clase parece que se definen. Tales objetivos no se dirigen a la desaparición del sistema de partidos ni a la desestabilización de las instituciones sino al fortalecimiento de la democracia mediante la modificación de las tradicionales relaciones de la dirigencia política con dicha minoritaria Clase.

Pero no nos engañemos. Aún no todo individuo perteneciente a  las Clases Medias está integrado a estos movimientos. Desafortunadamente, una importante proporción de ellos permanece aún prisionera de sus estrechos ámbitos de clase, sumergida en estériles competencias consumistas y desgastándose en poses intrascendentes y banales.

Por fortuna, las adscripciones al segmento social de Clase Media que se ha activado, va en aumento. Asimismo, crece una adhesión de simpatía hacia estos movimientos, proveniente de individuos pertenecientes a la parte más lúcida de los Conglomerados Mayoritarios. Y es que  bien ponderado, todos estarán de acuerdo en que los resultados de tal coalición de fuerzas serán beneficiosos, porque con ella se lograría cohesionar lo más sano del conjunto social de la Nación, apartando a corruptos, vagos, aprovechadores y vividores sin importar la clase económica o social de la que provengan.

Una coalición de fuerzas que integre la experiencia histórica de marginalidad a que ha estado sometido el Conglomerado social Mayoritario, junto a la experiencia histórica de desamparo a que ha estado sometida la Clase Media, influirá necesariamente en la conformación de formas de gobiernos más justas y progresistas.

No es tan simple como parece. Los resultados finales de estos movimientos no son los tradicionalmente usuales. La oposición política no debe creer que de este proceso saldrá indemne y sin pagar un alto costo. Tampoco debe así creerlo el históricamente excluido Conglomerado Social Mayoritario. Incluso, que no piense la clase magisterial que los recursos generados por el 4% aumentarán automáticamente sus salarios. Tal vez esto sólo lo logre una élite de ella, capacitada y entrenada a partir de lo aprendido con profesores importados quien sabe si desde Cuba o España.La misma Clase Media podrá verse sometida a fuertes cuestionamientos e inéditas presiones. A mediano o a largo plazo, no será tan simple como hoy parece.

 Y es que la Clase Media no es tonta. Es ella el segmento social que ha auspiciado los más grandiosos y positivos cambios sociales en todo el mundo y en todas las épocas. Aquí sólo ha estado dormida aunque ahora parece demostrar con audacia su capacidad en recuperar el tiempo perdido.

Los actuales movimientos que observamos, parecerían ser exclusivamente contra el “paquetazo” y en contra de “los políticos que ocasionaron el hoyo fiscal”; pero resulta que al interior de esa minoritaria Clase Media dominicana subyace desde hace mucho tiempo unos históricas e irresueltos nudos, los cuales necesita sacudir con urgencia. Es por ello que, probablemente, la indignación de hoy sea apenas una suerte de inconsciente y necesario ejercicio de entrenamiento para futuras y prolongadas jornadas de fricciones y luchas en pos de la solución de tales históricas ataduras (ver nuestro escrito: "La soledad de la Clase Media minoritaria*).

Hoy, como era de esperarse, la Clase Media se despereza y su objetivo más trascendente podría ser su responsabilidad en recuperar el histórico protagonismo perdido que podría salvar el país del despeñadero que actualmente late con temerosa insistencia. Su debut participando en cuestiones de luchas sociales, representa además un novedoso reto para ella misma. El conjunto social hace tiempo reclamaba su presencia activa.

 La agitación que se ve empezar no es una elemental manipulación política. Al contrario, podrían verse resultados inversos a los tradicionalmente esperados. Probablemente, los argumentos que hoy se esgrimen en contra de una dirigencia política determinada no serían más que la punta de una suerte de iceberg socio-histórico cuyo impacto modificará las visiones que hasta hoy prevalecen. Por absoluta necesidad, estos movimientos lucen apuntar como primer y verdadero objetivo a un radical replanteo de la desfasada relación entre Conglomerado Mayoritario-Pobre, Segmento Social Minoritario de Clase Media y Dirigencia Política.

En términos generales, la Clase Media sabrá distinguir la diferencia entre una coyuntura política del momento y una artificiosa y permanente estructura partidista de manipulación utilitaria.

Dicho en otras palabras, la Clase Media subsidia una parte importante de los Servicios que el Conglomerado Mayoritario-pobre evade a causa de su desafortunada e histórica invalidez económica. Pero resulta que ese esquema posee un irritante y descarado artificio: el respaldo que la dirigencia política otorga al Conglomerado Mayoritario desposeído, resta a la vez importancia a la minoritaria y desamparada Clase Media, convirtiendo en perversamente utilitaria dicha relación en vista de que esa Clase Media no posee la capacidad de aportar el caudal de votos que sí le aporta el poderoso Conglomerado Social Mayoritario. En consecuencia, la minoritaria Clase Media es transformada en el forzado pivote que subsidia a una clase Mayoritaria que ignora el artificio y cuyo beneficiario final es el político que manipula a ambos.

En función de cantidad de votos aportados, la dirigencia política hace más promesas al Conglomerado numéricamente Mayoritario que a la Clase Media, resultando entonces que la Clase Media sea valorada no en función de su escaso número de votos sino por la utilitaria  función de simple bisagra, exprimiéndole con permanentes aumentos de impuestos y el pago de elevados servicios y arbitrios, tratando con ello cumplir lo prometido a la marginada Clase social Mayoritaria, la cual es la que verdaderamente le asegura los votos necesarios para el disfrute del poder político y el enriquecimiento.

No se trata de una humanitaria labor de compensación por una deuda social acumulada a favor de las grandes mayorías. Al contrario, cierta clase política utiliza el “piadoso” expediente con el fin de aferrarse al poder mientras agita el látigo hacia las costillas de las Clases Medias minoritarias. Es esta una inaceptable manipulación que raya en lo perverso y que la Clase Media no tiene intención de continuar tolerando.

El juego parece que termina y es esto una poderosa razón por la que la Clase Media empieza a tomar en sus propias manos la defensa de sus intereses, desenmascarando el ardid. En consecuencia, la lucha de la Clase Media es por la obtención de un nuevo orden político y social de relaciones.

Es precisamente el ponerle término a esa relación a lo que los movimientos sociales de la Clase Media apuntan como objetivo primario. El fin último no es el "Paquetazo Fiscal del PLD". Sería ingenuo y simplón el así creerlo. Ello es un medio para el adiestramiento; una estación en el trayecto. De lo que se trata, pues, es terminar con el permanente castigo de todas las dirigencias político-partidarias, motorizado mediante los engañosos y obsoletos esquemas mencionados.

El Conglomerado social Mayoritario ES y representa al pueblo dominicano. Las Clases Medias minoritarias encarnan las aspiraciones de lo que ese pueblo anhela ser. 


Cuando lo más sano de ambos segmentos sociales tenga una presencia equilibrada en el Congreso, en estamentos de dirección del Gobierno, en los medios de comunicación y en la arena de luchas y fricciones civiles; cuando la Clase Media tome el valor de iniciar jornadas programadas en las que saliendo de sus refugios muestre su presencia a la Clase Mayoritaria -digamos- compartiendo el transporte colectivo y dedicando tiempo en ayuda social en barrios marginados, expresando con ello que "somos un mismo pueblo"; entonces se habrá dado inicio a un proceso verdaderamente trascendente de cohesión social.

Así, si cierta racionalidad se impone, los cambios que se reclaman dejarán de ser promovidos desde tribunas de profesionales politiqueros tradicionales sino protagonizados e impulsados por una Clase Social Media dinámica y progresista, respaldada por lo más lúcido de la Clase Social Mayoritaria.

Hasta ahora, lo peculiarmente penoso de la Clase media dominicana ha sido su doble carencia de una presencia militante y de una lúcida autodefensa de sus intereses de Clase. Pero las movilizaciones del presente preludian el inicio de tales esperados cambios.


En un escenario de esa naturaleza caerán los que deban caer y se promoverán quienes en verdad lo merezcan.

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Nota: El presente escrito está inspirado en un trabajo que escribimos en 2005 titulado “La soledad de la clase media minoritaria” (*) en el que abordamos la soledad, la incomprensión,  la manipulación y la injusta explotación, como escenario permanente al que la tradicional dirigencia política ha arrojado a esa clase social minoritaria y dinámica.

(*) “La soledad de la clase media minoritaria”:


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27.9.12

Mutilación de la consonante 's' en el Caribe hispanohablante




Hoy, algunos considerarían irreverente si se les dice que lo hispánico llegó a la isla antes que lo africano, aunque así sucedió en realidad.


Por Pedro Samuel Rodríguez

El presente escrito no posee pretensión académica alguna y a su autor solo le mueve el simple interés por el tema en cuestión. Es probable, además, que los aspectos aquí tratados hayan sido planteados por especialistas e investigadores del lenguaje en quién sabe cuántos autorizados ensayos. No obstante, quien escribe, un caribeño-antillano-dominicano, no ha leído esos textos y en consecuencia, escribe como resultado de una reflexión personal sobre aquello que aún no ha examinado.

Aclarado lo que precede, entremos en materia.

En términos generales y con diversas gradaciones y matices según la región, la mutilación de la letra ese en el Caribe hispanohablante parece caracterizarse por: 

     1- la supresión de la letra ‘s’ cuando a ésta le sigue otra consonante. Ejemplos:  sp: esperó (eperó), áspero (ápero), st: poste (pote), esto (eto), visto (vito), sc: oscuro (ocuro), buscó (bucó), sb: esbirro (ebirro), sl: muslo (mulo), sq: esquina (equina), sf: esfera (efera), sm: esmalte (emalte)...

       2-  la supresión de la ‘s’ cuando ésta se encuentra al final de la palabra. Ejemplo: jamás (jamá), manos (mano), compás (compá), mujeres (mujere)…

En ambos casos (1 y 2) lo mismo ocurre con la ‘z’ (en función de ‘s’). Ej.: zc: mezcla (mecla), y al final de la palabra: feliz (felí), veloz (veló), luz (lú)… Lo mismo ocurre con la x (en función de 's'): texto (teto), experto (eperto), antrax (antra)...

Sin embargo no hay problemas con la pronunciación de la ‘s’ cuando a ésta le sigue una vocal. Eje.:  sa: mesa (mesa), casa (casa), sala (sala), so: peso (peso)…  Lo mismo vale para la consonante ‘z’ (en función de ‘s’): maza (masa),  marzo (marso), caza (casa)… e igual para la x: léxico (lésico), Máximo (Másimo)...

Hay que destacar que los ejemplos aquí expuestos son más notorios en el habla coloquial cotidiana popular, y se atenúan en las exposiciones discursivas formales y de modo relativo en los medios de comunicación masiva. 

Posible origen de este fenómeno fonético
Los "sonidos de alta frecuencia":

Pensamos que la supresión de las eses en el Caribe hispanohablante ha ocurrido por influencia  de las lenguas africanas cuya presencia histórica data de la época de la esclavitud africana en esta zona. Si escuchamos algunos de los actuales dialectos hablados hoy  en Africa, podremos notar que el aparato fonológico de sus hablantes les imposibilita pronunciar "sonidos de alta frecuencia" como aquellos que precisamente deben emitirse cuando se encuentra una ‘s’ a la que sigue una consonante: (Sc) oScuro, (Sp) eSpina, (Sl) muSlo, (St) eStufa, (Sf) eSfera; y la ese  colocada al final de las palabras: compáS, manoS.
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Así, los esclavizados africanas recién traídos al Caribe a partir del siglo XVI al iniciarse la época colonial, evitarían tales incómodos y extraños sonidos mediante el recurso de la supresión de una de las letras (la S) de ese par de consonantes que obliga a producir lo que para ellos sería un impronunciable sonido (Sc, Sp, Sl, St...) así como la 's' final.

Si escuchamos con atención algunas de las lenguas habladas hoy en Africa, nos percatamos de la ausencia de esos "sonidos de alta frecuencia" que mencionamos. Oigamos un africano actual hablando en su lengua nativa y observemos la carencia de sonidos como los producidos por el par de consonantes mencionado, así como la falta del sonido que produce la 's' al final de una palabra castellana:








Corrección del vídeo: "los esclavos eran sacados del continente africano por las costas del Océano Indico, al ESTE".



En efecto, para los recién llegados hablantes de esas lenguas africanas, la solución por la que optaron sería simple y efectiva: suprimir la incómoda letra ‘s’ cuando le sigue otra consonante y cuando está al final de la palabra. Así, la adaptación del idioma castellano a su propia posibilidad fonológica de origen se hizo evidente y de esa forma aquellos africanos se gestionaron un castellano parecido al sonido plano y gutural propio de sus lenguas originarias. Esa necesaria acomodación resultó en posibles sonidos tales como: bucó eperó mulo pote eto ocuro equina efera vito lu felí veló ecuela epaña…, solucionando así un problema no sólo por la vía de lo más fácil sino por la vía de lo fonéticamente posible.


Presencia de la ‘s’ en ausencia de lo africano:

En regiones de Iberoamérica en donde los españoles colonizadores no llevaron esclavos africanos en razón de que no fue necesario por motivos de la abundante cantidad de nativos allí encontrados, como fue el caso de –digamos- vastas regiones de México, no se da el fenómeno de la mutilación de la ‘s’ que aquí tratamos. 

Así, hoy, a muchos mexicanos incluso analfabetos de la zona rural de esa nación les escuchamos pronunciar sin dificultad alguna, expresiones como la siguiente: “nosotros estamos esperando las medidas anunciadas por nuestros congresistas”. Sin embargo, en el Caribe hispanohablante, ya sea Cuba, República Dominicana, Puerto Rico, la costa caribeña de América Central, de Colombia y demás zonas en donde hubo alguna notable presencia africana, esa misma expresión se escucharía de una manera muy semejante a la siguiente: “nosotro etamo eperando la medida anunciada por nuetro congresita”. 

El origen de las diferencias entre aquellos mexicanos y estos caribeños podría ser fisiológica. Es posible que la naturaleza del aparato fonológico de los hablantes de las lenguas nativas de México facilitara su adaptación a aquel sonido que obliga a emitir la pronunciación del mencionado par de consonantes  en el idioma castellano; no sucediendo así en la fisiología del aparato fonológico de los hablantes de las lenguas africanas recién llegados en aquel tiempo.

Nota: indígenas mexicanos hablando su lengua nativa:  







Lo que llamamos 'sonidos de alta frecuencia' son aquí evidentes. En  sus palabras detectamos sonidos muy similares a los producidos por las consonantes sc: "retscoya", "scuen", sp: "spikan"...,  y como aquel que produce la 's' al final de una palabra. En consecuencia, la adaptación de su aparato fonológico al idioma español no le urgió a realizar cambios considerables al idioma castellano.

En México, las fuerzas telúricas que gestaron la base de la cultura popular y mayoritaria, provienen de las milenarias etnias indígenas originarias, las que, con los ingredientes de los procesos de aculturación y transculturación, han ido perfilando las formas de lo autóctono. En Santo Domingo, lo autóctono es producto de la combinación de dos culturas llegadas desde el exterior [españoles y africanos] hace apenas quinientos años en donde la fusión étnica fue gestando una base cultural híbrida. Los esclavos africanos llegados al Caribe a partir del siglo XVI, tuvieron la necesidad de modificar el castellano para adaptar ciertos sonidos a sus lenguas de origen y esa modificación parece haber gestado las formas del lenguaje hasta el presente. Si en términos de fonética del lenguaje quisiéramos detectar cuál ha sido aquí el protagonista más influyente [entre españoles y africanos] parece que ese protagonismo se inclina claramente a favor del vector cultural de ascendencia africana. Las formas del lenguaje que en este escrito tratamos sería demostración de ello.  

El fenómeno fonético de la supresión o mutilación de la consonante ‘s’  según lo describimos, parece que fue conformándose a partir de los núcleos humanos esclavizados provenientes de las costas occidentales del continente africano. Su influencia se expandiría  mediante la masiva presencia de los descendientes de tales núcleos; consolidándose mediante los procesos de mestizaje y luego generalizándose a partir de los respectivos procesos de emancipación e independencia de estas sociedades caribeñas hispanohablantes. En la República Dominicana de hoy, se observa que las inserciones  sociales obtenidas mediante las luchas políticas de los últimos cinco decenios se encargaron de consolidar definitivamente la magnitud de la influencia de ese vector cultural de ascendencia africana en el resto de la población.

Es necesario destacar que en el presente, el grado de mutilación de la ‘s’ varía de acuerdo a la magnitud numérica de los individuos africanos llegados en el transcurso de la época colonial a estos territorios caribeños. Así, observamos que esa mutilación es mucho más evidente en la ciudad de Cartagena de Indias (Colombia) que en la capital de esa nación, Bogotá, en donde el sonido de la ‘s’ es generalmente bastante claro. Esta variación relativa sería una adicional confirmación a la tesis que sustentamos sobre el origen africano de la mutilación de las eses en la cuenca del mar Caribe. En la caribeña ciudad de Cartagena, la presencia de esclavos africanos fue infinitamente superior a la de Bogotá. Por su parte, en la costa caribeña de Venezuela, se presenta un fenómeno bastante parecido al colombiano, pero  en Caracas  más bien se tiende a sustituir la ‘s’ por un sonido parecido a la ‘j’: “los invito pues” (loj invito puej), “cuando estés acá” (cuando estej acá)… Esta sustitución de la ‘s’ por ‘j’ se observa también en ciertas regiones  de Cuba y Puerto Rico. Con menor intensidad, ciertos segmentos de la población dominicana también hacen tal sustitución.

Pronunciación de las eses, criollidad y machismo:

Probablemente en áreas geográficas específicas como la actual República Dominicana, el crecimiento de la histórica influencia africana ha llegado a ser más poderosa que su correlato hispánico. Es posible que ello se deba al intenso proceso de mestizaje ocurrido desde principios de la colonia en ese pueblo antillano. Se trata del pueblo caribeño más mezclado, cuya mezcla se operó en la particular condición (caso único en Iberoamérica) de unos amos en aislamiento y en casi permanente estado de pobreza. Esta condición está documentada en muchas cartas del siglo XVII dirigidas por los obispos al rey y en incontables escritos coloniales que lo reseñan.

Ciertamente la tendencia general del dominicano es la de adscribirse a la cultura Occidental. No obstante, en las últimas décadas, el sustrato de ascendencia africano es el que parece protagonizar la cultura de la nación. Esta dicotomía se hace evidente incluso en sectores minoritarios de individuos blancos provenientes de las clases altas cuyos ancestros no fueron esclavos. Por un lado sus gustos y preferencias son marcadamente los de la cultura occidental pero cuando deben expresarse con énfasis y determinación lo hacen utilizando las formas del habla proveniente del histórico sector africano.

Al menos en el ámbito de la lengua se percibe que el poderoso sector ancilar africano es asumido como factor constitutivo de la criollidad, mas no ocurre así respecto a la debilitada influencia hispánica. Actualmente y como resultado de las luchas políticas y el avance de la democracia de los últimos cincuenta años, las élites sociales y económicas que antaño eran los protagonistas de los salones y de las calles, han cedido ese protagonismo al conglomerado mayoritario. La presencia del pueblo mayoritario en el escenario de la nación, evidencia que la cultura de filiación ancilar es el sustrato influyente y protagónico. Hoy, en el ámbito del conglomerado social mayoritario, aquel que pretenda sacar a relucir lo hispánico podría ser culturalmente proscrito. En ese conglomerado no parece simpático adoptar las formas culturales que puedan evocar al amo de la colonia.

Si quisiéramos conocer cuándo históricamente inició esa tendencia tendríamos tal vez que remitirnos a mediados del siglo XIX cuando empezaría a generalizarse en forma inconsciente la solidaria piedad con que el religioso humanismo español conformó a la población de esta nación caribeña. Pero no debemos olvidar que también hubo en ese tiempo la necesidad de utilizar a los ex esclavos en función de soldados (de peones-soldados) para las guerras que consolidaron la Independencia.

Si quisiéramos hurgar en un pasado aún más remoto, entonces  es probable que factores tales como la pobreza de los amos en nuestros primeros siglos, fuera conformando en éstos un sentido de vital dependencia respecto a sus esclavos, y a la vez estos esclavos desarrollarían un sentido particular de su importancia, con tanta fuerza, que al paso del tiempo su impronta ancilar (esclava) iría validándose como el sustrato fundamental a pesar de su posición social subordinada. En lo que al presente escrito concierne, ese enorme poder sumergido iría imponiendo sus formas culturales al resto de la población, no sólo en el lenguaje sino en lo atinente a casi toda la carga simbólica  de lo vernáculo. Hoy, la magnitud de ese poder no permitiría que algún irreverente se atreva a insistir en que lo hispánico llegó a la isla antes que lo africano, aunque así haya ocurrido efectivamente.

Hoy en día, en la República Dominicana, quien ose hablar “poniendo las eses donde van” puede ser despectivamente sindicado de pretencioso, ampuloso y hasta de poco varonil. Esos cuasi agresivos señalamientos pueden interpretarse como definitiva declaración que sella y oficializa la victoria de unas formas culturales (africanas) sobre otras (hispánicas).

Para poner todo esto en perspectiva, se nos ocurre indicar que sería perfectamente posible que estas acusaciones y señalamientos sorprendan a aquellos mexicanos rurales antes mencionados; éstos no atinarían a comprender la relación existente entre una cosa y la otra; es decir, entre la pronunciación de las eses, lo pretencioso, lo ampuloso y el machismo. A su vez, para muchos dominicanos resultaría extraña la incomprensión de esos mexicanos.

Reflexiones finales:

Nuestra intención es precisamente la de vincular tales extrañezas mediante la facilitación de espejos externos que nos permitan mirarnos en el otro, y mediante el examen histórico de particularidades como el lenguaje, para así entender por qué somos de determinada forma y por qué actuamos como lo hacemos,  y además para concienciarnos de que no se trata de una naturaleza nacional inamovible y eterna sino de que hemos estado adaptándonos a fenómenos dinámicos, los que si no son pasibles de revertir a voluntad al menos podemos mantener a conciencia. Así, el estudio de nuestra identidad nacional puede entonces empezar a ser abordado, contando con herramientas tales como el simple y cotidiano lenguaje popular. 

En el ámbito dominicano seguiremos suprimiendo las eses al hablar, pero luego de mirarnos en aquellos espejos estaríamos habilitados para mantener o modificar esas formas por propia decisión y no sólo como instancias que creíamos inmodificables costumbres de nativos. Así, al menos, sabremos cuál es el origen del temor a “poner las eses donde van” cuando hablamos, y el por qué de otros tantos, tontos, subjetivos y múltiples miedos e inseguridades semejantes. Es cierto que “Somos así y así somos” pero seguiremos siéndolo sólo hasta que decidamos modificar ese modificable destino.


Notas: 

1- Campesino mexicano
Podemos escuchar los mencionados sonidos de alta frecuencia en sus palabras:
http://youtu.be/_E2jcEPXYm8

2- Afromexicanos de la costa. La proporción étnica de su mezcla los aproxima o aleja de la pronunciación de los sonidos de alta frecuencia que mencionamos. Mientras más cerca de la etnia nativa más presencia de dichos sonidos en su fonética: 


 
  
                  3- Campesina suramericana hablando en su lengua nativa. Obsérvense los sonidos de alta frecuencia presente en sus   palabras:


4- Platanero ambulante en Santo Domingo. Observemos la carencia de los mencionados sonidos de alta frecuencia en sus expresiones:

              5-  Breve documental sobre la trata esclavos africanos. Es obvio, pero parece que hay que repetirlo constantemente, que todo africano llegado a América en la era colonial fue traído en función de trabajador esclavo; en contra de su voluntad. A lo largo y ancho del continente americano (Estados Unidos, el Caribe, Centroamérica, México, Suramérica), todo aquel que hoy poesee una gota de sangre africana tuvo un ancestro esclavo:


 
6- Video relacionado con el tema:
"Los negros y la esclavitud en Santo Domingo", Texto: Carlos Larrazábal Blanco, parte I
7- Lectura relacionada:
¿Existe un dialecto dominicano?


psr - StoDgo RepDom, 23 sept, 2012
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