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22.5.10

Carta del Arzobispo de Santo Domingo, Fernando Portillo y Torres al Rey Carlos IV de España, en 1790*, a inicios de la Revolución en la vecina Colonia francesa de Saint-Domingue



Año 1790*

A. S. M., de Fray Fernándo, Arzobispo de Santo Domingo.

(Se conserva la ortografía original del documento)





Señor:


Quando en veinte y quatro de Enero de noventa anunciaba yo la rebolucion de la Colonia Francesa, que el suceso se ha tan literal como puntualmente verificado, sospechaba ocupada toda la atención de Governo en acercarse á saber seguramente el numero, fuerzas, y poder de aquellos tres partidos, que anunciaba, y veía, con todo el mundo, divisos, y á punto de rompimiento sin saberse por qual de dichos Partidos Blancos, Negros ó Mulatos havría de quedar el triunfo por que del de qualquiera de ellos devian ciertamente temerse á saver resultas para el resto de la Isla de la Dominación Española.

Estas notizias no podían verse en sus Gacetas Francesas, ni la multitud de Periodicos Semanales que imprimian en su Colonia, y que era bien visible no ser otra cosa que unas lagunas corrompidas, depositos de mentiras, y falsedades segun que les acomodaba fingir, o para animar á los Sectarios de la Asamblea, ó para animar á los que, con mejor dictamen, podrían resistirles. Con la circunstancia de que el publico desengaño no los avergonzaba ni los… aia de mentir de nuebo. A cuyos materiales, si se juntan los de narraciones inutiles de cosas de nada, defendidas, controvertidas, y apologisadas, y si también se añaden los de no pocas expresiones de abominable desacado contra algunas testas coronadas, de cuyo poder e intenciones, sospechaban dirigirse á destruir el Monstruo Comital, se havra cifrado el asumpto total, substancia y modo de aquellas Gacetas.

Esta critica averiguacion de nuestra Parte, la juzgaba entonces tan necesaria, por que lo era para decidir con acierto el punto que nos era mas importante, de si devieramos en el caso del ya inminente rompimiento, auxiliar, o no, a los blancos Franceses para prevenirlos, o para que mantuvieran no por su provecho quanto por nuestro intereses proprio en sugecion á los otros dos Partidos de Negros y Mulatos, que es, decir, á quinientos o setecientos mil Hombres, que noto el Freno y los Grillos de su Esclavitud, y dependencia; y deviandose por esto mismo, huir al fin, y ausentarse de la Parte Francesa, devia necesariamente caer sobre la Española, qual fumoso torrente de inundación.

Ni menos eran desde entonces necesarias tan importantes noticias, quando no su pudiera otra cosa, para contemporizar sin positivamente ofender á alguno de los dos Partidos de inferior esfera, pero superiorísimos en el numero: porque ni conjeturar siquiera con probabilidad se podía (ni aun hoy se puede) qual de los dos Partidos, seria el triunfante, ni por quanto tiempo lo seria, ni qual habrá necesariamente de caer sobre nosotros; por que estos conocimientos no los puedo fundar en quien los mira de fuera, un Pueblo Diviso, y en su mejor parte entusiasmado con un monstruoso Gobierno, o sea con un Fantasma quimerico de lo que no puede ser Gobierno, sin Rey, sin administración de Justicia, y sin orden.

Devia suponer e Zelo, y talento, que tengo bien conocido del Governador, y Gefes de la Ysla, que intentarían por todos los medios posibles, en la Colonia, para hacerse de tan importantes noticias, como que habían de dirigir sus providencias de defensa ó contemporización. Y asi hube de creer que alguna cosa incidente, y para mi desconocida, la daría y precivaria, á la entrega de Gefe de los Mulatos Ogé, después de asegurado en que desfrutaría la protección de terreno Español á quien se entrega armado, por hacerle aquel prometido, y dado pasaporte.

Las circunstancias de esta entrega, y las de la cruelísima, inhumana muerte que á pocos días le dieron los Franceses y que no le hallaremos ejemplar, sino el las del Duque de Abeiro: y después de haver ahorcado á su vista á todos de su tropa, y que el fueron entregadas en Santo Domingo: con otras circunstancias gravísimas, que no refiero porque las supongo conocidas á V.M. fue un paso que nada conducía para esta contemporización con un Partido, como el de los Mulatos, superior en luces, conducta, y riqueza al de los Negros: por que este paso les empeñaba á no entraren adelante en el Terreno español, sino con Espada en mano, y como en un Pais enemigo, y tal que les havia faltado á la fé publica.

Y en efecto, en tanto el dolor, y sentimiento que conserva el Partido de los Mulatos por esta entrega, que (ni no me han engañado en la Frontera) aun conservan vigoroso luto los mas immediatos proprios de Ogé (hoy Oficiales de primera Plana y Clase en la Tropa insurgente de su Partido) y se han atrevido á decir á varios de una Guarnicion, que no entraran en nuestro terreno, sino todos juntos y que esa será la ocasión en que se quiten el luto.

Con el Partido de los Blancos no se ha podido contemporizar por que no se devia deferir á sus repetidas peticiones de auxilio contra los Negros, y Mulatos, que los oprimían: porque pedían tarde, y no para prevenir la insureccion, sino quando ya estaba armada, y quando el declararnos contra ellos seria abismar en sangre nuestra Ysla, y mas no teniendo fuerzas que oponer á semejante torrente. Pero como esta razón, aunque evidente, no halla dispuestos á los Franceses para ponderar sus energía, por que milita contra su interés proprio, les deja retenidos contra los Españoles por denegación tan justa.

El Partido de los Negros no tiene mas enemigos que los de su libertad, y los que impiden su ocio, en borracheras y ladronicios; y asi deben suponerse nuestros Enemigos, siempre que intentemos, no digo oprimir, sino moderarles estos vicios que constituyen su carácter.

Siendo esta nuestra actual constitución, relataba á los tres Partidos, resta ver la absoluta en que en el dia ellos se hallan, para inferir ó sospechar (que sospechar basta) si nos vernos oprimidos, y toda la Ysla de alguno ó algunos de ellos.

Los blancos Franceses se hallan hoy sufriendo de los dos otros Partidos insurgentes, los males mas atroces, quitandoles los Lugares, quemandoles riquísimas Posisiones, y la Vida á muchos, y á algunos con cruelísimas muertes, sin que tengan fuerzas para resistir tantos enemigos, y desgracias: sin embargo que encerrados en sus Principales Pueblos vocean amenazas contra los Partidos contrarios sin lograr contra ellos ventaja que los sugete, ni aun siquiera intimide. Proyectaron, ó mas bien los Mulatos los precisaron á avenirse, concediéndoles la igualdad con ellos en todo, prometiendo unírseles para sujetar á los Negros. Estas convenciones se han solemnizado varias veces con Te Deum; pero hasta ahora no se ha visto efecto alguno de esta unión. Siguen mezclados la mayor parte de los Mulatos con los Negros robando, matando y quemando. Y es lo seguro no ser jamás concibiables los tres Partidos, especialmente los Blancos, y los Mulatos; por mas que estos, y los Negros, procuren cubrir sus robos y delitos, unas veces con el nombre, y autoridad de Rey, y otras con el de la Religion sino que la palabra Combencion, Te Deum, promesa, y Capitulacion que firman un dia, prometa certeza de su conducta, ni intenciones del siguiente.

Y devo creer que sin esperanzas solidas tienendo Franceses de competente socorro de su Metroli, por que aunque esta tenga mucha Madera formada en Navios en sus Departamentos, pero no tiene dinero que es la sangre que vitaliza á estas maquinas, y aun quando la tuviera, le falta lo que es aun mas necesario para que se muevan con fruto, y sin causar á sus Dueños mayores daños: y es Gente fiel y leal á quien confiarle una expedición, con ellas.

Y aunque pudiera deducir esta conseguencia con otras funestísimas, de la actual deplorable constitución del Reyno de Francia, tan notoria á todos: pero me ofrece la Colonia un nuevo fundamento para confirmarme en ella, y que acabo de saber por Carta de un Oficial Frances escrita á otro Oficial de una Guarnicion, y que me remite mi Vicario Eclesiastico de Daxabon.

De ella se dice que de las muchas Embarcaciones que se habían visto pasar á la frente de Puerto de Plata, tres eran de Guerra, de su Nacion procedentes de la Martinica: un Navio (no dice el porte), una Fragata, y una Goleta que anclaron en el Guarico; pero que en los primeros días que sus oficiales comieron el el, brindaron publica y plausiblemente por la salud del Rey, de la Reyna, del Conde de Artoir, por Bulle, y todos los Aristocratas, y últimamente, y con igual aplauso por los Incendiaros no los llamados asi en Francia, sino los Partidos de los Negros y Mulatos que los estan quemando materialmente en esta Colonia. Y siendo estos Saludos, Satiras de tanto agravio contra aquella Asamblea de Guarico, decreto que los Oficiales del Navio, y Fragata partiesen para Francia á reserva de Mr. Gerardin, Capitan del Navio y el segundo de la Fragata. Este decreto ha causado una terrible fermentación en el Guarico, cuyos efectos ignoro, pero no lo que vale un tal Socorro. El Oficial que escribe se llama Mondion, la estación es en Bayaja viejo (á donde acaba de llegar del Guarico) en veinte y tres del próximo pasado Noviembre. La Carta original (como he hecho con otras) la he entregado á este Comandante para que la remita al Capitan Gral., por si mereciese algún aprecio para su Govierno.

Esta es la absoluta constitución, en que se hallan los tres Partidos. Y antes de discurrir sobre ella con respecto á lo que puede temer nuestra Ysla, permita la piedad de V.M. que conceda yo á mi desahogo de producir una, que puede ser ignorancia mia, en la firme suposición de que un solo navio de alto bordo, ó dos bastarían hoy á posesionarse de la Colonia, no puedo comprehender el por que V.M. no lo podria hacer, si lo pudo con las Silesias el Rey de Prusia por guardarselas (bien guardadas) á su Soberana, por lo que se hallaba á la sazon cercada de enemigos; y pudieron tambien aposesionarse con el mismo, otros dos Soberanos de tres partes de Polonia, por que los Polacos alborotaban sus fronteras, y las incomodaban con ruido; porque, digo, V.M. ve á su Augusto primo, sin comparación mas angustiado que se hallaba la Soberana de las Silesias por sus enemigos; y que esta Colonia sola alborotada, é inquieta los estados de V.M. mas que pudo alborotar la Polonia á sus Limitrofos: además del derecho del Postliminio que á V.M. es disputable, no se podría aposesionar de ella, ó sea para guardársela (bien guardada) al Rey de Francia, ó para livertar de tanto ruido e inquietud? Y mas pudiendo entrar á la güenta el peligro (aunque hoy parezca remoto) de que, quedando abandonado á su mala Suerte el Guarico el Inder (¿) y se establezca en alguna parte inmediata Española: y si fuera la de Monte Xsti. en ella formaria otro Gibraltar ciertamente?. Temo abusar de la piedad de V.M. Prosigo mi discurso.

De esta mala disposición del Partido de los Mulatos puede temerse que si llegase á ser el triunfante (como ha empezado teniendo de su parte como ya insinue, sobre el talento para dirigirse, riquezas y numero) entren en nuestra parte con Espada en mano, por que, como ya dixe, la entrega de Ogé, sin esperar para ella orden de V.M. los tiene sentidísimos y deseando vengar la cruel muerte de su Gefe. Y aunque solo entren con animo de vengar su resentimiento en determinadas Personas: no ignorando ellos que al Comun de la Capital é Ysla les fue mui sensible dicha entrega por decretada sin Orden Soberano; pero aun quando sea este su único motivo, y objeto, como podrían intentarlo por medios tan limitados en armas, y numero de Gente, que no baste para que la Ysla toda resienta la desolación y destrozo? Esta empresa, asi como es menor próxima, asi también parece menor de temer, por lo que no exige de nuestra parte un prompto aparato, que prevenga nuestra defensa desde ahora.

El aparato, que parece deve destruirse desde ahora para el mal que imagino nos amenaza mas de cerca es para la irrupción en nuestras tierras de quatrocientos mil Negros de la Colonia, de los que, aunque demás que sola la quarta parte sean capaces de defenderse, y llevan armas, son mas que los que pueden resistir todas nuestras actuales fuerzas lo que evidenciaré después que haya expuesto los graves motibos que me asisten para anunciar próxima esta irrupción.

Ellos son unos esclavos que han muerto a los mas de su Amos, y les han quemado sus riquísima Posesiones, que les hara dentro de poco, sentir el hambre, quando hayan acabado de comer las Fieras, Mulas, y mulos, que servían en los ingenios quemados (lo que ya eran haciendo por que es Gente de buen Paladar) y luego que se les acabe el poco dinero que han podido retener de los Amos muertos, y con el que hoy compran algunos abastos de Carnes á nuestros Contrabandistas. Ellos se han habituado al robo, al asesinato, al mas desembuelto livertinage, vicios á que inclina su educación: Ellos se hallan penetrados del mas furioso resentimiento, y deseo de venganza por la inhumanidad inauditas, con que los han tratado sus Amos Franceses: Y ultimamente al propisimo carácter de su vilanimo es ser tan inhumanmente crueles quando les asegura su impunidad, su mayor numero, ú otra coyuntura quanto son cobardes, y promptos á la fuga al primer recelo de Superioridad en los contrarios.

¿Es creible que permanecerá esa multitud encerrada en la Colonia, quando no tengan en ella que comer? Que no salga de ella en quanto sienta que á los blancos les llega por el Guarico, ú otro de sus Puertos algún grande Socorro que se los haga superiores ó que baste para que sospechen serlo? ¿Sera avenible esta multitud á someterse de nuevo á la prisión y Grillos de la Esclavitud de tales Amos que sobre inhumanos los miran ahora ofendidos: renunciando juntamente su amado livertinaje, que gustaron ya por un año entero, que llevan de su rebelión declarado? No por cierto. Seria una preocupación descavellada discurrir en las presentes circunstancias de otra forma: como lo serias el pensar que una Gente sin conexiones, ni Navios que los transporten á las Costas de Africa (a las que no quieren volver) ó a otra mayor distancia, dejen de entrarse y extenderse en nuestra Ysla: sino con viva fuerza, por fortuna nuestra, si á guarecerse no solo formando Manieles en sitios inaccesibles, sino en los muchos montes, cerrados de Arboladas, de extensión de muchas leguas de los que esta sembrada la Ysla, y en los que podrían ser atacados, ni por un grande Ejercito: pues durante su mas estrecho asedio dichos Montes pueden proveerles con abundancia de agua, y de alimentos por mas de verano, y en un año (según es prompta y ventajosa la feracidad de la Tierra) pueden hacerla producir para que nada les falte, sin salir de tales trincheras.

Sera pues cada uno de nuestros Montes un Campo enemigo con un Exercito atrincherado. De las quales trincheras saldrán á las savanas á robar los Conucos, Haciendas e Ingenios de los Españoles, son contentarse con ser Dueños desde luego de sus Ganados, que pasan la mitad del año (los Mansos, que los muchos Alzados, el año todo) y en los mismos Montes en que se hayan atrincherado y de los quales solamente salen en el mejor tiempo de yerva en la Savanas que es únicamente quando sus Amos los ven, güentan y disfrutan, y disfrutan por que si quieren usar de ellos en otros tiempos, necesitan batir los ontes, con perros y Cavallos como en España para cazar las Fieras.

Esta sola circunstancia, aunque no nos hicieran otro daño, basta para arruinar los dos únicos manantiales de nuestra subsistencia, que son las Maderas, y los Ganados, que es decir, que á nos dejarían inhabitable la Ysla, ó precisados á ser nosotros sus Esclavos: no siendo Gente que dexe lugar siquiera al ignominioso recurso de hacer con ellos tratados para vivir (que es á lo que se ha reducido la Nacion Inglesa en la Jamayca; aunque aquellos son incomparablemente menos, y se contentan con que los dexen havitar en sitios inaccesibles de aquella Ysla é inútiles, quando en la nostra ocuraprarian estos Profugos, lo mas opimo, y feraz) por que tampoco es Gente que obserba tratados sino ó quanto les tiene qüenta, ó por el temor, y a fuerza viva.

A estas trincheras, mui luego que las vieran ocupadas por aquellos Negros Profugos Franceses, se refugiarían también todos los que hoy son nuestros Esclavos, que por qualquiera motibo , ó mero capricho de su vil inhumana crueldad en que se deleitan, matara, hiriera, y robara á su Amo, ó solamente por libertarse de su Esclavitud. Y esta misma proporción de impunidad nos ponía á todos los Blancos de la Ysla en estado de no poder contar con nuestros Negros para servicio alguno, y fiados en la seguridad del refugio tomarian animosidad para resistirnos á nosotros mismos, y á dar fin con la perdida de sus brazos, á la de Ingenios y Labores.

Incombeniente que augmenta notabilísimamente su gravedad… si se considera que de cinquenta y cinco mil Havitantes que tiene la Parte Española ni aun doce somos Españoles Blancos. Ponderesa si el resto excesivo de nuestros Esclavos, y Gente de Color, asegurados de Refugio, conspirasen contra nosotros, quanto daño podrían hacernos, y fortalecer con su numero á los Franceses Negros, atrinchirados en nuestros Montes? ¿Y porque quando estos solos juntos oprimirnos, y exterminarnos a nosotros que somos menos en numero, menos guarnecidos, menos armados, y con menos plazas, fuertes que los Franceses?

Ahora dire a V.M. que aunque en este caso, y desgracia que temo próxima no bastarían para remediarla, o contenerla grandes Exercitos; pero que aun quando para ello bastaran, sin comparación menores fuerzas, no alcanzarían todos los esfuerzos de estos naturales Criollos. De lo que no es mala prueba (bien que lastimosa) la que está ofreciendo no solo Negro, mas cruel y desnaturalizado que las Fieras mismas. Habrá un que refugiado en un Monte que tendr como seis leguas de largo de los Macorizes á esta Ciudad, se presenta devergonzadamente en sus inmediaciones, y las de otros Publos, obserba a las Mugeres, las hiere, y mata cruelmente y haciendo horribles estos homicidios las goza quando mismo estan expirando. Por aviso que desde los Macorizes di al Presidente, renovó los Ordenes mas fuertes para su Captura; y con el motivo de la muerte cruel que ha pocos días executó en las inmediaciones de esta Ciudad en una Hermosa Doncella de catorce años á la Audiencia sus ordenes para prision de este infame ampliándola con el Salvo conducto para matarlo, y aprovando una considerable suma que ofrece la Ciudad de la Vega á quien lo entregare muerto; y sin embargo de todos ni soldados ni no soldados se atreverá embestirle, aun quando se trata de un Reo que no tiene mas Armas que un Machete, y un Asador, y ser tan cobarde que mas de una vez le ha hecho huir una Muger, por defender á su Hija con el arma de un solo Cantaro que llebaba en la mano. El permanece matando mujeres, y para que últimamente mató á traicion un Hombre, solo se ha logrado que no se atrevan estos á caminar de noche, ni solos.

Estas son las animas y fuerzas que los Criollos acreditan con quien les mata é infama á sus Hijas, Mugeres, y Esclavos; contra un Hombre casi desnudo, desarmado, y Cobarde. Esta Ciudad se juntó en … (ilegible) en toda forma para pasarme, como que pasó, Oficio á fin que mandara hacer y solemne rogartiba para que Dios les cogiera y entregara preso al Negro; pero yo di una respuesta negativa, y con tanta energía, a los Deputados, que se avergonzaron de haberme pasado tal suplica.

Quando llego á esta Ciudad, como más inmediata á la Vaya, el primer aviso, que yo dixe, pidiendo Gente, y Socorro para la Fronter se consternaron estos vecinos en tal extremo, y abatimiento de animo, que por no augmentarlo hube de negar la licencia, y en general Rogatiba (que seria entonce con gritos, sollozos, y lagrimas de Mugeres por que previ desanimarían á la Gente bisoña, que era la unica que podia dar, y concurrir á alguna defensa de Estado; y me negué asi mismo á admitir el prompto Viatico que me disponían para mi Viage; suponiéndome igualmente consternado, y anelando por huir á guarecerme dentro de los Muros de la Capital. Y haciendo la Justicia que merece el animo, y el valor de todos los Oficiales, y la poca tropa, especialmente de Dragones, y devo decir que no lo desmintieron con estas impresiones que consternaron todo el resto del Pueblo. Yo si desmentí con la serenidad de mi exterior, la interior pena que me producía el conocimiento de las ultimas funestas resultas para la Ysla, que podrían seguírsele de aquel alboroto, y que para conterlas, quando hubieran de suceder entonces (con antelación á mi prognostica) nos hallábamos verdaderamente indefensos, pues ni un grande aguerrido Exercito podía guarecernos sesenta leguas de Frontera para evitar una irrupción.

Hube pues de manifestar desprecio del Enemigo que se habían figurado monstruoso; bien que diciéndoles que pues sin Dios no podríamos vencer á los muchos, ni a los pocos, siempre era necesario y quería S.M. que le pidiéramos. A mi Clero le exorté en privado, y mande que á este fin ofrecieron sus sacrificios, y que mucho ayudaría para su impetración, si también lo hicieron de sus Carnes, dando en el fondo, en interior de sus Casas Disciplinas propiciatorias; pero que la presente no era la circunstancia de que fomentaran con su consternación la del Pueblo. Aprobó el Presidente (á quien pregunte sobre este particular) quanto havia yo determinado; y prometió avisarme quando, sin estos inconvenientes podría decir en toda la Diocesi, rogativas generales.

A estas ningunas fuerzas para impedir una irrupción, se añade para improvisarlos la proporción que para ella ofrecen los Montes altos, y asperos (aunque llenos de Arboles) que por varias partes intercalando la Frontera entran en ambos dominios, proporcionando caminos cubiertos, y atrincherados para el transito de los Negros.

Siendo pues tan cierto el peligro de la irrupción, como y que una vez verificada esta ha de hacer inhabitable la Ysla por los pocos Blancos Españoles que en el dia la ocupamos, es ya indispensable que se arbitre un racional medio, si lo ha preservativo, aunque sea arriesgado, y costoso y aunque padezca mucho menores incombenientes, y que en otra constitución bastarían á impedir su practica. Oportunamente mandaria V.M. á estos sus Ministros que pensasen, y le propusiesen estos medios para prevenir un yerro, que no podrá remediarse, una vez que se haya cometido.

Estas circunstancias á qualquier buen Vasallo, especialmente á los que nos vemos honorados con la confianza de V.M. en esta Ysla á proponerle el medio, que se nos ocurra, inspirado por nuestra lealtad y fundado en el inmediato conocimiento del Pais. Esta razón y obligación me determina á proponer a V.M. el medio que se me ocurre, sugetandolo no solo al alto Juicio. Y penetracinn de V.M. sino al de sus Ministros: sin que el haverlo producido, me dexe empeñado en su verificación; aunque si logro que se acepte, no negaré que se satisfará con ella mi animo, por haver complido, con buen efecto la obligación, que por tantos títulos me incumbe.

Este medio consiste en que desde luego se les prometa á los Negros, y Mulatos unidos con ellos, o que se unan, libertad, protección, y repartimiento de ventajosas, y ferazes tierras, para procurarse con su lavor caval Subsistencia, en qualquiera de las cinco Yslas immediatas á esta, y como ella, de la dominación, y absoluta propriedad de V.M. conviene á saver la Beata, Santa Catalina, la Saona, la Mona y el Monito. Todas las quales son de ventajosas tierras para todo genero de Labranzas, Arboles, criarde Ganado, y al Pasagero, que quiere ó necesita desfrutar sus Carnes, o frutos que aun desiertas producen, y hoy mantienen.

Y aunque la Beata se halla inmediata, y casi Frontera á la Costa Francesa; pero no podría poblarse de gente mas enconada y agraviada contra los franceses; ni mas a propósito para defenderla contra ellos, que los Negros, que fueron sus Esclavos cerciorados en que seria lo mismo defender la Ysla contra aquellos, que defender sus Vidas propias.

Si acomodare colocar á estos Huespedes mas lejos de la Tierra firme de esta Ysla, se pueden admitir en las de la Mona, y Monito.

Pero salvo el mejor Juicio, me inclinaría á concederles la Hermosa, y mayor de la Saona, y de Sta. Catalina, por que tendríamos á la vista á estos Huespedes, y mas en freno: entando separados del Continente de la Ysla, Sta. Catalina un quarto de legua, y media, la de Saona: Immediacion, que dexandola separada, sin poder pasar á esta Ysla sin embarcación, facilita la mansión de una Guarnicion Española, y el registro, y arreglo de los Transeuntes, y que esto colonos vendan en nuestra Ysla, y la provean del fruto de sus labores, y Animales; especialmente la Saona, rodeada de vajos, sino por un coto sitio al Poniente que proporciona á la Guarnicion colocada en él, que limita á permita su entrada según los Ordenes que conviene darle.

En aquello sitio puede edificarse una sola casa fuerte que es suficiente resguardo para el Governador Español y Guarnicion: bastando para contener qualquiera disensión que entre los Negros puede acaecer dar casi una sola voz á la otra Costa, sobre tenerlos desarmados. Y se puede asegurar desde ahora que las contribuciones de aquellos Colonos resarcirían en bree, y repondrían con mucho augmento en el Erario de V.M. los costos de dichas Casas fuertes, y aunque se duplicaran con otras Fronteras en la costa de nuestra Ysla; y aunque fueran necesarios algunos Faros armados que sirvieran de guardia costas; aunque hoy uno tiene nuestra Ysla, ni creo se augmentaria el contrabando que se experimenta, y experimentará sin embargo de los medios tomados ahora para impedirlo.

Para este proyectado establecimiento supongo que en el caso de rectificarse, mandaria V.M. se le presentasen todos los arreglos que se estimen necesarios, asi para evitar inconvenientes, y perjuicios, como y que respecten á procurar todos los posibles adelantamientos de las nuebas Poblaciones, para las que desde luego se les señalarían sitios con relación, á as Suertes de Tierra, que se demarcasen para sus labranzas, y cria de Ganados.

Este proyecto no puede dignamente censurarse, ni criticarse, si se pierde de vista que vamos con el á preservarnos de un mal tan extremo que nos haga esta Ysla unhavitable: y que nos por lo menos de quatrocienots mil Hombres, de cuyos daños, latrocinios y saña puede libertarnos. Siempre que este principio se pierda de vista, y se ponga en inconvenientes menores (aunque sean grandes sin contralibrarlos con el peligro de perder con esta Isla, la llave de toda la America, y haverla de reconquistar con los sin comparación mayores inconveniente de enormes gastos, travajos y peligros: no se hara, como deve hacerse esta critica, para el mayor servicio de V.M.

Cuya justificación quizá halle por mayor inconveniente el de guarecer, dar acogida, y hacer proprios Vasallos á Esclavos Reveldes, que son propiedad de sus Amos. Pero me atrevo á representar humildemente que igno haya Leyes do consciencia, de Caridad, y de justicia que obliguen á V.M. á apurar sus fuerzas, y á perder sus dominios por restituir á sus antiguos Dueños los Esclavos se le entran por sus Puertas, y á cuya fuga, y traiciones han dado lugar aquellos con la inhumanidad de su trato, que es causa justa, y lexitima para perderlos, y que les dá derecho para recobrar su libertad.

Por lo que (sin embargo de los escrupulos, que contra este mi Dictamen pueden otros Theologos timidos), y estoy immoble en que estos Negros prófugos podrían ser Ladrones, Homicidas y fornicarios, pero que esclavos no lo son; por que jamás sus antiguos Amos hubieron por serlo, derecho de quemarlos vivos, ni de que estándolo, los mutilaran los brazos, y piernas, haciéndoles que asi truncos les sirvieran en las Puertas de sus ingenios para espantar á los (sic) Perros con sus voces, y extraña figura, y esto por causar, que á quatro de Azotes: que eso de darselos hasta expirar en ellos, descubriendoles el corazon , por la espalda, y de matarlos de improviso con trabucazo, se tenian por unos castigos de muerte mui benigno, y efecto de la piedad, y moderacion de sus Amos. Repito pues que ya no lo son, y que les dieron con estos tratamientos derecho á los demas para libertarse en el modo que pudieron: y adelanto que los precisaron, y aun pusieron en obligación de libertarse.

Esto es hablando como Theologo en Leyes do consciencia: que en las de estado supongo que no hai ninguna que proscriba tal restitución, antes si, la hai de contrario. En cuya atención no protegeriera V.M. en estos Profugos, Esclavos, si se apropiara bienes agenos, sino á Indiviuos es que quiren ser sus Vasallos, y que piden la defensa, que todos los que somos, despertamos del invicto brazo de V.M. contra esos Enemigos.

En consequencia, no aparece incombeniente alguno en que, quanto antes se pueda, y antes que se hayan emboscado en nuestros Montes, y gustado sus muchas carnes, y frutos se les publique, ó haga saber á quanto de ellos pasen a nuestra Raya, que el Governador les destinara sitio seguro, y Tierra en que vivir jurado que hayan el debido Vasallaje á V.M.

Esto es Señor, quanto se me ocurre decir, y exponer á los Rs Ps de V.M. en las presentes circumstancias de estos sus estados.

En mi gran pobreza (que tengo representada á V.M.) no me lo impidiera, saldría personalmente de la Capital á pocos días de haver terminado el regreso á ella, que voy á emprender: y con el motivo de la Pastoral Visita, por aquella otra parte mas pobre, y casi despoblada de la Ysla, reconociera por mi mismo especialmente las dichas Yslas de Saona, y Sta. Catalina, y adelantara con mas verosimilitud, mis informes, y quiza esta inspeccion me sugeriria nuevas razones para apoyarlos.

Dios Nuestro Señor, de cuya serie de providencias, con el Reyno de V.M. (según podemos conjeturar del tenor de las que se dignó revelarnos en sus Escripturas): dio la America á los Augustos ascendientes de V.M. por la propagación que procuran á la Fe Catholica, á costa de tantos gastos, fatigas, y sangre en la conquista del Reyno de Granaa: es de creer firmemente que el mayor obsequio. Y propagación que á V.M. le ha devido la Fe misma de su Real Edicto de 20 de Julio de este año, le conservará á V.E. esta nuebo mundo mismo, y su llave de oro, que no dudo está en esta Ysla, que tubo la fortuna de ser la posesión primera, y primicia del rico premio que, en un Mundo, destinaba Dios á los Reyes Catholicos.


A los Rs Ps de V.M.

(firma) Fr. Fernando

Arzobispo de Santo Domingo

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Transcrito de: “Documentos para Estudio. Marco de la época y problemas del Tratado de Basilea de 1795, en la parte española de Santo Domingo”. Colección de J. Marino Incháustegui. Academia Dominicana de la Historia; II Congreso Hispanoamericano de Historia, Vol. VI, Buenos Aires, 1957, pp. 547-558.
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*Nota de Orbe Quince:
El documento original no tiene fecha, según se consigna en el texto arriba citado. La fecha del año 1790 que le atribuyó J. Incháustegui al documento debe rectificarse. Es imposible que la carta fuera escrita en ese año, entre otras razones porque en el párrafo 5to., su autor, el Arzobispo de Santo Domingo, Fernando Portillo y Torres, hace referencia a la muerte de Vicente Ogé, jefe del partido mulato, quien fuera ejecutado junto con Chavannes el 21 de febrero de 1791. En adición, el Arzobispo menciona la visita pastoral que hizo hacia finales de ese mismo año de 1791 a Santiago, que es la ciudad más cercana a "la raya".

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Documento digitado para la web Orbe Quince
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22.4.10

La soledad de la clase media minoritaria





Pedro Samuel Rodríguez-Reyes


Resumen:


El presente escrito trata sobre minorías y mayorías sociales. Examina lo relativo a unos beneficios psico-sociales de validación que disfrutan los individuos que pertenecen al conglomerado socio-económico mayoritario de cualquier nación, independientemente se trate de la franja social media o de la clase pobre. De igual forma, examina la sensación de exclusión en que perviven los individuos que pertenecen a los grupos socio-económicos minoritarios.


No se atribuye simulación ni equívocos a lo que es socialmente mayoritario. Lo mayoritario simplemente ES y se impone sin tutelajes. Así, desde la particular visión del conglomerado social pobre y mayoritario dominicano, la clase media minoritaria representa lo equivocado, lo relativo y la simulación. Es esa la sensación de exclusión que enfrentan las minorías sociales; es esa la soledad de la clase media dominicana.


Introducción:

Antes de introducirnos en las formulaciones principales del presente escrito creemos necesario dedicar unos párrafos a la exposición de algunas consideraciones previas.


Para empezar, consideramos que a pesar de que aún carece de una clara conciencia de su propia franja social, la Clase media minoritaria y tradicional dominicana es probablemente el segmento humano donde mejor se han atenuado los factores que marcaron el origen contrastante de nuestro pueblo. Esa Clase media, como resultante social, es posiblemente el producto mejor decantado en la fragua de nuestra historia y el menos directamente impactado por influencias de estructuras tradicionales provenientes del pasado colonial.


Desafortunadamente, el refugiarse permanentemente al interior de su propio y estrecho ámbito de clase le habrá mutilado la posibilidad de poseer una lúcida conciencia de su propia franja social. Involucrarse con la Clase social Mayoritaria-pobre en los fragores de unas relaciones de defensa y de cuestionamientos mutuos, hubiese devenido en saludable ejercicio de toma de conciencia para ambos estratos sociales.


La secular carencia de entrenamiento en cuestiones referentes a fricciones y luchas sociales sería parte de las razones por las que la Clase media dominicana no posee aún la capacidad de asumir la defensa de los intereses que les son inherentes, y en consecuencia, habría de esperarse que -como ha estado ocurriendo-, instancias políticas se aprovechan permanentemente de la debilidad que tal carencia de conciencia de clase representa.


En el presente escrito no tratamos sobre las particularidades de las Clases sociales pobres o de los Segmentos sociales medios. Examinamos las implicaciones referentes a grupos humanos pertenecientes a estratos socio-económicos numéricamente Mayoritarios y a grupos humanos pertenecientes a estratos socio-económicos minoritarios. Es decir, nuestro interés está centrado en las implicaciones de minorías y de Mayorías sociales.
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Alcances y pretensiones del presente escrito. Valores y malestares sociales:
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En el presente trabajo, adrede nos alejamos de abordar el análisis de todo consabido criterio económico y de todo lo relativo a luchas de clases, y en cambio examinamos unos aspectos a los que posiblemente se les ha prestado poca atención. Nuestra tesis trata, en efecto, de que independientemente del estrato social en que se inserte un colectivo humano determinado, sea ese estrato de clase media o de clase pobre, la sola proporción numérica del grupo social al que pertenece un individuo, otorga a éste el disfrute de ciertos valores –si la proporción numérica del grupo al que él pertenece es mayoritaria- o al contrario, determina en él el afrontamiento de ciertos malestares como la exclusión y la soledad, si su grupo social es minoritario.


En otras palabras, esto quiere decir que, por un lado, en países en donde la Clase Social Media es la Mayoritaria (Estados Unidos, Francia, España…), los individuos que allí pertenecen a los Colectivos humanos minoritarios pobres son quienes afrontan y sufren la doble condición de pobreza material en adición a la soledad socio-psicológica a que es sometido todo grupo humano minoritario. En el otro escenario, en sociedades como la dominicana (y como en la mayoría de los países latinoamericanos) sucede a la inversa; esto es: el Conglomerado Social Mayoritario es pobre, por tanto, éste sufre la pobreza material pero no la soledad propia de las minorías. Consecuentemente, en nuestro país, la soledad y la exclusión socio-psicológica tienen una víctima: la minoritaria Clase media tradicional.


La soledad de la Clase media dominicana es una categoría social de construcción relativamente reciente. La magnitud de esa soledad es directamente proporcional a la dimensión de la novedosa presencia de la Clase social Mayoritaria-pobre en el escenario de la nación. En épocas cuando el Conglomerado social Mayoritario-pobre dominicano no había emergido de su invisibilidad, la Clase media minoritaria y tradicional gozaba de un protagonismo indiscutible por siglos y generaciones. Sin embargo, de forma casi repentina los roles han estado invirtiéndose puesto que los actores involucrados en el proceso han cambiado la procedencia de su estrato social. Por tal razón, ayer primaban los Valores sociales de la Clase media tradicional mientras hoy toman presencia masiva los Valores sociales de la Clase Mayoritaria-pobre emergente.


Este proceso representa un avance socio-histórico; pero un avance con sus correspondientes costos y con sus acreedores y deudores sociales específicos. Uno de tales costos es la soledad, la exclusión y la victimización política que paga la Clase media minoritaria dominicana como deudor de las acreencias sociales del Conglomerado Mayoritario-pobre.


Si queremos dar un ejemplo concreto observemos cómo uno de esos costos es asumido por la Clase media que subsidia parte importante de los servicios que el Conglomerado Mayoritario evade a causa de su desafortunada y permanente invalidez económica. Pero esa causa posee una motivación adicional y determinante. Se trata del respaldo que ese Conglomerado recibe de parte de dirigentes que cuidan su capital político representado por este Colectivo-pobre numéricamente Mayoritario en función de votantes. Así, este esquema des-importantiza, victimiza y torna descaradamente utilitaria la relación de la dirigencia político-partidarista con una Clase Media incapaz de aportar el caudal de votos que posee el poderoso Conglomerado Social Mayoritario-pobre. La minoritaria Clase media es convertida así en el forzado pivote que subsidia a una clase Mayoritaria que ignora el artificio, y cuyo beneficiario final es el político que manipula a ambos.


La Clase media minoritaria dominicana afronta entonces el doble malestar de, por un lado es víctima de la natural soledad a que le arroja el Conglomerado social Mayoritario, y por el otro lado, del permanente castigo de las dirigencias político-partidarias mediante el esquema arriba señalado. Lo peculiarmente penoso de la situación de la Clase media dominicana es la doble carencia de una lúcida autodefensa de sus intereses de Clase y a la vez la inexistencia de un Colectivo social que le preste auxilio. Al parecer, los infortunios de la Clase media dominicana vienen siempre en pares: doble carencia, doble malestar; como sino de un tándem peculiar que no aporta ni alivia.


No es el interés de las presentes reflexiones el estudiar las sociedades de naciones cuya masa poblacional Mayoritaria sea de clase media. Nuestro interés básico está enfocado en el examen y las repercusiones socio-psicológicas en pueblos donde la Clase media es el segmento social minoritario. En el presente trabajo tratamos de estudiar la minoritaria Franja Social Media de República Dominicana verificando las posibles causas e implicaciones de su exclusión, su malestar y su soledad.


No tratamos aquí sobre la conocida, inhumana y clásica exclusión económica de las masas desposeídas. Más bien nos interesa examinar el ámbito de una soledad peculiar en donde son lanzados y arrinconados los segmentos sociales minoritarios (sean éstos de Clase media o Pobre) por los Conglomerados sociales Mayoritarios (sean de Clase media o Pobre). Estos Conglomerados Mayoritarios están investidos de la seguridad y del soporte psicológico que otorga lo mayoritario y plural que norma, evalúa, califica, descalifica y es la base y el canon de la cultura popular, tradicional y mayoritaria en una determinada sociedad-nación. Los Conglomerados Mayoritarios, además, representan con sus votos el mayor capital político con que cuentan los partidos de cualquier nación.


Reconocemos que una buena parte de las reflexiones referentes a los temas tratados en el presente escrito son instancias tal vez escasamente examinadas, por lo que abordar aspectos sociales como el que aquí pretendemos acometer, posee quizás los riesgos propios de toda novedad. Ese abordaje se ve agravado por la escasa o nula bibliografía de apoyo y por la carencia de previos debates. En tal virtud, la solicitud de una lectura indulgente se hace necesaria.


Origen histórico de la tradicional y minoritaria Clase Media dominicana:


El origen histórico de la formación de la Clase media dominicana no parece del todo claro. La aparición de la "conciencia de clase" luce aún más difusa.


Quizás puedan rastrearse unos remotos precedentes históricos que en sentido general expliquen parte de ese origen. Por un lado, esos precedentes tendrían como génesis los individuos libres tales como labradores y personas de diversos oficios llegados a la colonia española de Santo Domingo a partir de nuestro primer siglo, el siglo dieciséis. Por el otro lado, un adicional sustrato originario de nuestra clase media estaría posteriormente generado por inmigrantes pobres (pero libres) llegados desde las Islas Canarias a partir de finales del siglo diecisiete hasta mediados del dieciocho.


Adicionalmente, empezaría a forjarse un sustrato tardío de esta Clase media a partir de la pérdida de poder económico de los hateros a fines del siglo 18. Esa pérdida de poder ocurrió, en parte, a causa de la marcada escasez de la fuerza de trabajo esclava. Tal escasez se debió a la gran cantidad de esclavos libertos mediante manumisiones, es decir, al importante número de esclavos que compraron la libertad a sus amos. Estos eventos empezarían a propiciar la conformación de una Franja social media, en cuyo proceso pudo haber tomado parte algún limitado número de libertos quienes a partir de entonces pudieron haber obtenido un relativo éxito en gestiones productivas independientes.


Dicho sea de paso, los eventos mencionados en el párrafo anterior coincidieron con el inicio del éxodo hacia el exterior de una cantidad significativa de familias con tradicional poder económico, a raíz de la firma del Tratado de Basilea de 1795.


Probablemente, el segmento social medio de más larga data ya habría iniciado un proceso de permanente conformación mediante determinado número de personas provenientes del sector urbano; y, en menor escala, mediante una parte del segmento de 'los más acomodados’ que provenían de la mayoritaria comunidad rural. A posteriori, empezaría a propiciarse una adicional franja social media compuesta por una parte de los individuos llegados desde el exterior (judíos sefarditas, árabes, chinos, puertorriqueños, españoles…) a partir de la segunda década del siglo 19 (1822) hasta comenzado el siglo veinte. Así, en sentido general, puede colegirse que esta multiplicidad de origen del Sustrato social medio habría conformado una heterogénea Clase media al interior del conjunto social dominicano. En adición, una parte de todas esas inmigraciones se colocaría a través del tiempo y las generaciones en la Franja social de las Clases altas. Obviamente, la estampida social ocasionada por el tratado de Basilea obligó a una recomposición radical; a un ‘empezar de nuevo’ en esas estructuras sociales que se venían conformando hasta 1795.


Origen histórico de la Clase pobre Mayoritaria dominicana:


En sentido general, el Conglomerado social Mayoritario-pobre luce provenir de una definida tradición de tensiones históricas de añeja data cuyo principal punto de partida no sería otro sino el sistema esclavista ejercido a lo largo de varios siglos de administración colonial.


Posteriormente, y dicho en forma muy general y esquemática, completaría el proceso de la conformación de la Clase social Mayoritaria-pobre, la vida autónoma de los ex-esclavos (a partir de finales del siglo 18) y su voluntario e inmediato aislamiento en el interior de la zona rural como medida que le garantizaba el pleno disfrute de su nueva condición de libres, conformando con ese aislamiento, sin proponérselo, el origen del campesinado dominicano (1). Luego de internados en la zona rural, estos ex-esclavos ejercieron su libre adscripción al colonato, 'como versión de un inédito sistema esclavista patriarcal asalariado' (R.Cassá). Muy posteriormente, es decir, unos doscientos años después, esa Clase Mayoritaria-pobre inicia un proceso de urbanización mediante el éxodo masivo desde las diversas zonas rurales en donde se había asentado, hasta los centros urbanos, cuyo desplazamiento ocurrió con énfasis en el último tercio del siglo veinte (1970-2000 aprox.).


Vale decir que aquellos libertos (hoy ciudadanos étnicamente mezclados y puros) quienes doscientos años antes tomaban la decisión de internarse en la zona rural conformando desde entonces el campesinado dominicano, hacen su aparición en el ámbito urbano por vez primera, dando paso a la incorporación de la Clase social Mayoritaria y su correspondiente cultura tradicional en el ámbito citadino. Se encontraron, así, el concepto urbano y el concepto rural en forma casi repentina.


Es precisamente este encuentro lo que habría agudizado en los últimos decenios la diferenciación y el contraste entre una cultura tradicional rural Mayoritaria y un concepto cultural de Clase media minoritario de filiación urbana. Ello, en parte, ha provocado en los actuales grupos de Clase media tradicionales un sorpresivo turbamiento al percatarse de la manifiesta, sostenida y acelerada reducción de su Segmento social que este masivo vaciamiento del ámbito rural en lo urbano ha causado. Más manifiesto y evidente cuando en la actualidad la segunda generación de aquellos auto-desplazados de la zona rural a la urbana ha provocado el aumentado vertiginoso de una cultura híbrida urbano-rural, desconocida hasta entonces, la cual tiene masiva presencia en casi todos los ámbitos del quehacer nacional.

A grandes rasgos podríamos describir el periplo de las Clases Mayoritarias desposeídas, de la siguiente manera: de esclavos a libertos; de libertos a campesinos; de campesinos a los ciudadanos pobres y Mayoritarios de hoy. Este proceso de éxodo desde lo rural a lo urbano quizás puede ser señalado como nuestra segunda gran diáspora intra-territorial, después de las Devastaciones de 1605-1606.


Adicional a su incuestionable mayoría numérica, el actual Conglomerado social Mayoritario-pobre dominicano posee unas tradiciones de lazos de solidaridad de mayor solidez, compactación y homogeneidad que cualquier otro segmento social criollo. Las redes de vínculos primarios ejercidos por ese grupo social Mayoritario a partir de su dilatado aislamiento en la zona rural tales como el compadrazgo, el convite y demás expresiones de reciprocidad social, así lo han determinado.


Hay autores que ubican la aparición de una marcada diferenciación y separación de clases sociales en la nación dominicana, a partir de la ocupación militar norteamericana (1916-1924). En efecto, en un escrito de 1945, el dominicano Ramón Marrero Aristi expresa que: "Hasta 1916, en nuestro país no había existido una separación de clases propiamente dicha. Todos éramos en el fondo campesinos: el señor de la ciudad, el general, el intelectual, tenían detrás el conuco o el potrero. Todos estábamos ligados al campo en una forma u otra. Las banderías políticas, sin fondo ideológico, no habían afectado en lo más mínimo ese estado general... Cuando se fomentó esa formidable burocracia [por las fuerzas de ocupación] como no se había conocido hasta entonces... se acentúa la división de nuestra sociedad para formar un mosaico de diversos matices como antes no existiera" (2), concluye Marrero Aristi.


Nótese que la recomposición social que nos dibuja Marrero Aristi no fue provocada por fenómenos tales como un masivo éxodo rural a las zonas urbanas sino consecuencia de una novedosa burocracia implantada por la administración de la ocupación militar norteamericana. ‘Todos éramos en el fondo campesinos’, dice el autor refiriéndose a la secular composición de una sociedad urbana tradicionalmente vinculada al dilatado ámbito rural. Sin embargo pensamos que probablemente la acentuación de la división social a la que el escritor hace referencia no sería más que formas novedosas de estilos y funcionamientos a que se adscribió una parte del conjunto social urbano de la franja social media del momento, marcando notable diferencia con los segmentos sociales que se resistieron a tales cambios. Ello ocasionaría la aparición de los ‘diversos matices’ a que hace referencia Marrero Aristi.


Es decir, una parte del segmento social de nuestra tradicional y peculiar Clase media urbano-rural de la época, se adhiere a formas novedosas y marca con ello una diferencia, lo cual provoca la aparición de aquel ‘mosaico de diversos matices como antes no existiera’, mencionado por este autor. Creemos, no obstante, que lo que efectivamente hubo allí sería elevadas cotas de pose intra-social, lo cual demostraba un innegable avance; pero no estamos convencidos de que ello generó la aparición de cambios que provocasen mutaciones sociales importantes. Ciertamente, quienes manejaban el novedoso idioma inglés y la máquina de escribir acentuarían el contraste con el segmento social de los otros que no que dejaron ‘su conuco ni su potrero detrás’.


Sería de utilidad señalar, por un lado, que todavía en esta época (1916-1924) los valores sociales de las Clases medias tradicionales tenían vigencia, mientras que, por el otro lado, el Conglomerado social Mayoritario-pobre era aún invisible. Considérese, además, que posterior a esta época, la sociedad dominicana continuó presentando un perfil eminentemente rural por muchas décadas.


Pensamos que, con sus costos y riesgos, los cambios sociales verdaderamente importantes, novedosos y trascendentes al interior del conjunto social dominicano se están ejecutando en la actualidad de los últimos decenios. Uno de los factores decisivos para que así sea está determinado -precisamente- por la inédita y sorpresiva aparición del protagonismo político-cultural de una numéricamente poderosa Clase social Mayoritaria-pobre en el ámbito de la geografía de la nación, cuya influencia lo toca e infiltra casi todo, sacudiendo las mismas bases del tradicional tejido social dominicano. Si se quisiera hablar de cambios fundamentales y de inicios de mutaciones sociales en la historia de este pueblo, habría que referirse a los actuales procesos. A nuestro entender, un otro proceso similarmente radical de cambios se inicia a raíz del tratado de Basilea de 1795.


La aparición del protagonismo socio-político del Conglomerado Mayoritario-pobre en el escenario de la nación no tiene precedentes históricos. Sus consecuencias futuras son impredecibles porque –precisamente- el conjunto social dominicano no posee experiencias previas en esa instancia. Por ello los cambios, los re-acomodamientos y las compensaciones se ejecutan sobre la marcha.


Percepción de malestar o de bienestar:


Como avanzamos en el resumen del presente trabajo, nuestra reflexión va dirigida, por una parte, a las causas que de forma casi imperceptible producen sensaciones de malestar y aislamiento en los individuos pertenecientes al colectivo social minoritario (cualquiera sea la franja socio-económica de éste colectivo minoritario) de una determinada sociedad-nación; y por la otra parte, respecto de las causas que confieren valores y sensaciones de bienestar a quienes pertenecen al grupo social mayoritario (cualquiera sea la franja socio-económica de este grupo mayoritario). Hablamos entonces de mayorías y de minorías sin importar la franja social, sea media o sea pobre en que se ubique esa minoría o esa mayoría.


En otras palabras, postulamos que: el hecho pertenecer al grupo socio-económico mayoritario de una nación, cuya mayoría es, en definitiva, la base, el canon y la norma de la cultura gestada por esa sociedad en el decurso de su historia, otorga al individuo que pertenece a esa mayoría, la seguridad y el soporte psicológico que confiere toda mayoría.

Se trata, pues, de la investidura, la seguridad y la gracia conferidas a los individuos, por ejemplo, de la clase media cuando estos individuos son ciudadanos de una sociedad-país de Clases medias mayoritarias. Asimismo, se trata del soporte psicológico y la gracia de que se sienten investidos los individuos de las Clases desposeídas cuando pertenecen a una sociedad-país de Clases desposeídas mayoritarias.


Es decir que, en general e indistintamente, los individuos que pertenecen a la clase mayoritaria, sea ésta media o pobre, en la sociedad de la que forman parte, disfrutan en forma exclusiva de una grata, inapreciable, sutil e íntima sensación de bienestar personal de saberse aceptados e integrados a lo mayoritario; disfrutan de la íntima sensación de percibirse parte consustancial y auténtica de ese trasfondo cultural común; de sentirse cómplices y partícipes de lo general, lo múltiple y plural de su pueblo. Estos individuos viven tan estrechamente integrados a esa suerte de "status gratiae" que a ellos podría resultarles un natural e inconsciente regalo.


Por el contrario, el hecho de un individuo pertenecer al Grupo social minoritario, sea éste medio o pobre, genera en él sensaciones de aislamiento, de soledad, exclusión y desautorizaciones. Estos representan una categoría de personas colocadas fuera de esa gracia plural que sólo lo mayoritario puede conferir.

En sociedades como la dominicana, en donde el colectivo social mayoritario corresponde a la Clase pobre, son éstos pobres-mayoritarios quienes están investidos con los beneficios de ese particular estado de gracia, mientras que los individuos pertenecientes a las minoritarias y tradicionales Clases medias apenas imaginan el significado real de tales sensaciones, y solo pueden conformarse con alimentar en su interior la utópica aspiración de que algún día puedan pertenecer, en su propia tierra, a una sociedad en la que ellos también reciban esa general y solidaria complicidad.


Para este individuo de Clase media minoritaria, su aspiración es perennemente inalcanzable, y en adición, está en constante colisión frente al Conglomerado Mayoritario-pobre, al que percibe en ocasiones como un poderoso grupo plenamente confiado en sí mismo; culturalmente auténtico, tradicional y rico; avasallante, adverso, intimidante, inocente, obcecado y feliz, al cual no pertenece, y en el cual no es aceptado ni puede adaptarse. En adición, es poco probable que desde el Segmento social minoritario de una sociedad determinada se tilde de (por ejemplo) simulador al conglomerado mayoritario. Todo lo contrario pues obviamente sucede siempre a la inversa. Porque lo Mayoritario simplemente ES y se impone sin tutelajes. En la visión de lo Mayoritario lo que es minoría representa lo relativo, lo sospechoso y lo no auténtico. Lo Mayoritario y tradicional tiene la prerrogativa de normar, evaluar, descalificar e imponer formas en el lenguaje, la estética, los patrones culturales, en el concepto de progreso, en la naturaleza de las instituciones y en la conservación de las tradiciones.

Poetas, literatos y artistas de las clases minoritarias expresan a menudo en sus obras ese inconsciente deseo de vedada pluralidad. Como muestra, observemos los siguientes fragmentos poéticos:


- "Cuando la lámpara se enciende tras cristales empañados
les envidio su felicidad que no debo compartir:
la tarde patriarcal
con olor a fogón
a ropa de niños
a modestia"…


Gunter Eich (1907-1972)
‘El hombre de la chaqueta azul’
(“Der mann in der blauen jacke”)


- "Quiero imitar al pueblo en el vestido
en las costumbres sólo a los mejores
sin presumir de roto y mal ceñido…
Una mediana vida yo posea
un estilo común y moderado
que no lo note nadie que le vea"…
Andrés Fernández de Andrada (Sevilla, 1575 - México, 1648
‘Epístola moral a Fabio’.
http://es.wikisource.org/wiki/Ep%C3%ADstola_moral_a_Fabio
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Estos fragmentos poéticos de fuerte contenido lírico-social, escritos por sendos poetas en situación de clases minoritarias, reflejan y confirman la soledad y el deseo de pluralidad de esas clases sociales minoritarias. Ellos se expresan por sí mismos.


Adicionales implicaciones:
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Coexisten otras implicaciones en estos análisis. Se trata de una suerte de estructura conformada por justificadas exclusiones. Esto quiere decir que si alguien es parte de un universo social consustanciado con lo general y mayoritario, con lo culturalmente normativo y plural, a este individuo le sería doloroso concebirse desplazado a un sistema de minorías, expuesto a exclusiones y descalificaciones. Si percibe el peligro de ser desplazado, su argumento defensivo sería: ‘tal como soy, así es la mayoría y quien no es como nosotros podría atentar contra nuestro sistema general y común de valores, el cual es el normativo, el tradicional y válido. Somos el país, debemos fortalecernos y estar alertas para evitar que se nos desplace’.


Este argumento defensivo es válido y auténtico para una clase social (media) como para la otra (desposeída). Dependerá de cuál sea el estrato social de la clase mayoritaria en una nación determinada. Se trata, en ambos casos, de la defensa de una cultura particular y mayoritaria amenazada.


Dicho en otras palabras; en una sociedad-nación cuyo conglomerado mayoritario sea la clase media o middle class (España, Estados Unidos, Francia...) este conglomerado mayoritario de clase media tratará de fortalecerse y buscará cómo defenderse frente a posibles agresores’; esto es, frente a intentos de un crecimiento vegetativo o por vía de la inmigración de minoritarias clases depauperadas nacionales o extranjeras, respondiendo con la actualización, la adecuación y el endurecimiento del marco legal migratorio; reaccionando con efectivos programas de desarrollo económico; con auténticas y eficientes campañas de apuntalamiento al sistema educativo. Muy probablemente la implementación de esos programas encontrará una amplia y positiva respuesta en ese conglomerado social mayoritario de clase media amenazado.


En el otro escenario, es decir, en una sociedad-nación donde el conglomerado mayoritario pertenezca a la clase pobre, sería esa clase pobre quien, obviamente tendría sus respuestas defensivas particulares.


En ambos casos, el poder de la mayoría termina entronizando, trazando y normando mediante su propia visión, la cultura, la política, el concepto de progreso, y la naturaleza de las instituciones de la nación. El país en donde se establece una determinada clase mayoritaria -sea la clase media o sea la clase desposeída- lo hace con fuerza y determinación. Esta mayoría no dirige necesariamente los poderes fácticos pero su condición de conglomerado mayoritario lo influye todo y su resistencia a ser desplazada es formidable.


En el caso particular del grupo social mayoritario en República Dominicana, sería un ejercicio revelador y útil, observar e identificar las respuestas defensivas de nuestras Clases pobres mayoritarias, como resistencia a ser desplazadas frente a las posibles agresiones de nuestras clases medias minoritarias o de cualquier otro.


El sacerdote jesuita Jorge Cela considera que: "Los valores, elementos y patrones de la cultura tradicional [mayoritaria] condicionan la conducta de los segmentos poblacionales [minoritarios] inmersos en la cultura tradicional [mayoritaria]" (3). Es esto lo que exactamente tratamos de decir. Es, además, lo que explica el por qué los segmentos poblacionales minoritarios de clase media dominicanos han sido en muchos aspectos, condicionados e influidos por la cultura tradicional mayoritaria, sin pertenecer a ella necesariamente. Probablemente este fenómeno sea una suerte de inconsciente concesión de las clases minoritarias medias para su propia convivencia y sobrevivencia en medio del escenario protagonizado por el poderoso conglomerado social mayoritario.


Podría ser, incluso, una inteligente estrategia de la clase media para atenuar las posibles fricciones sociales que ocasionaría la exhibición manifiesta de contrastes culturales. Hacer esfuerzos por igualarse en las expresiones del lenguaje o en los gustos estéticos es una forma de lograr cierta armonía social entre grupos conformados con históricos patrones culturales divergentes. Se trata, en cierta forma, de valores adicionales y peculiares de nuestra sociedad dominicana.


Clase media y soledad:


En sociedades como la dominicana, la percepción de malestar del individuo de la Clase media (minoritaria) se explica por la soledad a que le arroja la limitación numérica de sus iguales, cuya condición le priva de poseer un espacio social amplio para la interacción, para el intercambio de intereses comunes y para el ejercicio de un diálogo permanente, abierto, creativo y múltiple. Este individuo nunca podrá disfrutar de aquellos valores ni de aquel don intangible propio de una clase mayoritaria a la que no pertenece ni quizás pertenecerá.


La mayor de las veces el individuo perteneciente a la minoritaria Clase media, trata de compensar su soledad encerrado en estrechos círculos de sus iguales donde aspira drenar su condición de semi-excluido. Malestar y frustración por lo utópico de la obtención de aquella gracia plural de la que no se le inviste, la cual es sólo dada a quienes son parte del colectivo mayoritario que rige, norma y mueve a su ritmo particular la evolución de los procesos económicos, políticos y culturales de la nación que es también la suya pero que su minoritario Colectivo medio en poco influye. Malestar soterrado por su doble condición de anónimo marginado expuesto a descalificaciones y rechazos culturales de parte de las clases mayoritarias, quienes justifican su actitud con el poderoso argumento de la insignificante influencia del enano grupo Clase-media.


A este individuo de Clase media minoritaria, sólo podría salvarle la deseada inserción a su estrato socio-económico de una parte importante de los otros, los del colectivo Mayoritario-pobre. Pero, para esos otros, ello representa un tránsito con dos formidables y complejos obstáculos. Así, el tránsito desde la clase Mayoritaria-pobre hacia la clase media posee dos casi insuperables barreras representadas por:


1- La definitiva obtención y el pleno uso y consumo de los bienes materiales y culturales de los que siempre se le ha excluido.


2- La auténtica voluntad de incorporarse a nuevos valores culturales y a novedosos patrones de funcionamiento ajenos a su clase mayoritaria.


Para el individuo perteneciente a la Clase pobre Mayoritaria, esa primera etapa del tránsito no le ha sido aún facilitada; y la segunda, la más difícil, le resulta aún más compleja que la primera.


Y le resulta más compleja porque alguien que ha estado perteneciendo por generaciones a la influencia de su colectivo Mayoritario-pobre, puede que le sea ciertamente difícil la auténtica inserción en los Estratos medios ya que se siente pertenecer a una cultura nacional tradicional, válida, general, útil y perfectamente conocida. Se trata de un tránsito desde la seguridad de un entorno cultural heredado de los suyos hacia otro por completo desconocido. En adición, su propio y conocido segmento social Mayoritario-pobre posee un cierto halo de iconográfica sacralidad que le humaniza, por lo que ese individuo de Clase pobre-Mayoritaria no podrá abandonar su entorno cultural sin algún sentimiento de culpa.
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Clases mayoritarias y estructuras tradicionales:


Es necesario comprender que esa segunda etapa del tránsito desde los valores culturales de la clase Mayoritaria hacia los valores de la de Clase media; es decir, la de incorporarse a nuevos valores culturales; posee válidas resistencias, y podría ser interpretado por el individuo que lo ejecuta y por los de su entorno, como renuncia o traición a antiguos valores de sus ancestros y como expresión de inaceptado cuestionamiento a antiquísimas convicciones heredadas de sus mayores. Para él, y para los suyos, sería equivalente a vender sus valores culturales a cambio de bienes materiales, confort y prestigio. Todo ello refleja el efecto de antiguas y válidas estructuras de convicciones y visiones provenientes del pasado; de su propio pasado ancestral; de la historia de los suyos; de su cultura tradicional y mayoritaria.


Pensando históricamente podríamos vislumbrar que la formidable resistencia a ese tránsito social se habrá estado oponiendo con fuerza solapada e inconsciente a necesarios cambios económicos, sociales y culturales que por décadas el estado y los gobiernos han estado tratando de implementar. Tal vez no son del todo claras las vías por las que se expresan tales resistencias, pero sus efectos se perciben. La extensa experiencia histórica de nuestros conglomerados sociales mayoritarios, adicionado al vasto ejercicio de particulares redes de reciprocidad social y de vínculos primarios de solidaridad, pudieron haber sistematizado entendibles formatos de contracultura que se expresarían hoy en función de inconsciente rechazo a lo nuevo, a los cambios de la modernidad y al progreso.


Tal resistencia podría ser identificada como parte de esas estructuras que se han conformado en la Larga Duración de nuestra historia, pudiendo rastrearse en líneas ascendentes de observaciones. A este respecto, el historiador dominicano Roberto Cassá, refiriéndose a nuestro campesinado de antes del gran éxodo hacia los centros urbanos ocurrido en el último tercio del siglo XX, nos revela lo siguiente: "Distante de un mundo urbano en extremo pequeño, la comunidad campesina se caracterizaba por una predisposición contraria a la innovación. Los criterios vigentes no solo comportaban desconfianza sino una cerrazón consuetudinaria ante lo extraño. Esta postura se mantendría durante décadas posteriores, no obstante los avances de la urbanización y la educación formal" (4).


Nos permitimos aquí hacer un aparte para consignar que pese a las señaladas peculiaridades de nuestro campesinado dominicano, éste distó mucho de asomarse a la generación de formas primitivas o arcaicas de bandolerismo o agitación social como las encontradas en Latinoamérica, cuyas formas han sido señaladas por el historiador británico Eric Hobsbawm en su libro ‘Rebeldes primitivos’ (5). Hobsbawm describe la aparición de unas formas violentas y de crueldades generalizadas desde finales del siglo XIX hasta las primeras décadas del siglo XX en zonas rurales de varios países Latinoamericanos surgidas en el seno de movimientos campesinos. Las causas que motivaron esas formas arcaicas y primitivas fueron diversas pero no nos incumbe detallarlas en el presente escrito. Lo que sí podemos indicar es que dichas causas no se hicieron presentes en la sociedad dominicana.


Retomando la temática de las estructuras sociales tradicionales en República Dominicana, observemos el informe de la Encuesta Demos94 (5) el cual, en su capítulo III referente a la cuestión de la modernidad, plantea lo siguiente: "No obstante los cambios vertiginosos acontecidos en los últimos decenios, los valores y concepciones tradicionales persisten en la sociedad dominicana, y hay dudas de que estos cambios hayan estado acompañados de mutaciones significativas en las actitudes que norman el comportamiento" (6).


Tales fenómenos sociales, confirman nuestra percepción respecto de la presencia, aún hoy, en la primera década del siglo XXI, de estructuras conformadas por valores y concepciones provenientes del pasado colonial que continúan influyéndonos.


Por otra parte, no es difícil comprender que un individuo cuyos ascendientes han pertenecido por generaciones al Estrato social Mayoritario-Pobre no se coloca automáticamente en el grupo de la Clase media tradicional sólo porque ha obtenido bienes materiales e ingresos adicionales. Para ser aceptado como auténtico por los del Colectivo minoritario-medio, esa persona, como pre-requisito tendría que incorporar nuevos valores culturales e inéditos patrones de funcionamiento. Entendemos que la válida resistencia a incorporarse a unos nuevos valores culturales propios de la clase media, ajena a la suya, es en donde reside el núcleo de resistencia expresado en una predisposición que rechaza la innovación, como señala Roberto Cassá, y en donde reside la persistencia de valores y concepciones tradicionales como lo informa la encuesta Demos 94.


Probablemente la atenuación o la desaparición de ese núcleo de resistencia en el individuo de la Clase Mayoritaria-Pobre, sólo podrían lograrla sus descendientes sin que en éstos medie algún rastro de culpabilidad en el proceso de tránsito hacia la clase media minoritaria.


Entretanto -insistimos-, para el ciudadano de la Clase media en sociedades como la dominicana, su malestar persiste cuando reconoce el atasco existente en la primera etapa del tránsito hacia su clase, de aquellos a quienes en vano espera para que integren y multipliquen el número de su pequeño colectivo, pues, a este ciudadano de la Clase media le es evidente que aquella Clase Mayoritaria-Pobre no han obtenido aún los elementales materiales de la digna subsistencia como pre-requisito de la segunda y verdaderamente difícil etapa que es la de incorporar nuevos valores culturales propios de la Clase media. Por ello, el individuo de la Clase media minoritaria dominicana reconoce que su malestar persistirá, porque, en lo temporal, entiende que no sobrevivirá a la lenta evolución de los cambios y adaptaciones que aquellos mayoritarios requieren.
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Playas y quimeras:


La persona perteneciente a nuestras Clases medias toma conciencia de que su soledad se prolongará sin remedio en su propio suelo, y dirige a veces la mirada hacia la quimera de otras playas en donde, a sabiendas, podría convertirse en un oscuro extranjero; o permanece en su patria a la espera de que una generación de dirigentes actúe con la visión y la celeridad que requiere su realidad y su tiempo; o tal vez espere a que ocurra algún milagro que acelere aquí esos procesos.


De igual manera, quienes pertenecen a nuestras Clases Pobres Mayoritarias dirigen también la mirada hacia la misma quimera, aunque con el definido y resuelto objetivo de la obtención de los bienes materiales siempre vedados en su tierra. Sus hijos harán la consecuente incorporación a nuevos patrones culturales, allá preferiblemente; liberándoles así de posibles culpas por traiciones culturales en su propio entorno nacional.


¿Quién es Clase media y quién Clase Mayoritaria?


Ponemos un cierto toque de humor al tema lanzando la pregunta ¿cómo reconocer al individuo que pertenece a la Clase Media tradicional-minoritaria dominicana y al que pertenece al Conglomerado social Mayoritario-Pobre de República Dominicana? Claro está que para responder, y a falta de definiciones y estadísticas confiables sobre el tema, no queda más opción que echar mano de los mitos urbanos.


Existe una multiplicidad de opiniones que trata de definir el perfil de unos y de otros. Unas expresan que ‘si un criollo disfruta de la chercha dominicana en un vuelo Madrid-Santo Domingo, entonces lo probable es que tal individuo pertenezca al Conglomerado social Mayoritario. Si por el contrario a la persona le desagrada la estridencia de esa chercha entonces es muy probable que éste sea parte del minoritario Segmento social de la Clase Media’. Otras consideran que en nuestro país ‘es Clase media todo aquel que siente preocupación por la vergüenza que pueda pasar si le suspenden los servicios de su casa y por tanto se empeña en pagar religiosamente su electricidad, su agua, su basura y demás arbitrios aunque tenga que pasar hambre’. Otras opiniones apuntan a que ‘si alguien cree que quienes pagan esos servicios son unos tontos, quien eso cree pertenece al Conglomerado social Mayoritario’…


No obstante, como respuesta a tales mitos o a cualquier asomo de certidumbre que estos puedan contener, cabe señalar que dentro de esa percepción general existen excepciones. Hay personas que -como cuerpos extraños- actúan de forma contraria a lo que de común se supone. Es el caso de ciudadanos dominicanos que residiendo en sectores residenciales de elevado poder económico evaden el pago de su electricidad mediante artimañas ilegales, mientras otros que residen en sectores populares cumplen religiosamente con todas sus acreencias. Igualmente se dan casos de individuos que en apariencia pertenecen al Conglomerado Mayoritario y sienten vergüenza por la chercha mencionada, mientras otros que aparentando pertenecer a la Clase media la disfrutan.


Probablemente se trata –acorde a los mismos mitos urbanos o a su eventual veracidad- de excepciones que confirman la regla de la percepción colectiva. Pero lo cierto es que ni unos son buenos ni los otros son malos. Cada individuo o colectivo de individuos actúa de acuerdo con los patrones culturales con que le ha formado su historia personal y la historia de sus ancestros inmediatos. Cada quien posee sus razones particulares, por lo que los juicios de valores aquí no tienen cabida, puesto que quien pretenda erigirse en juez es parte de un modelo o del otro y por tanto queda descalificado para juzgar.


Y es que se trata de las articulaciones de una estructura social disímil que aunque conformada por una misma historia, la génesis de esa estructura fue marcada por unos contrastes y por unas diferencias sociales, étnicas y económicas que aún después de 500 años el tiempo no ha logrado cohesionar satisfactoriamente. Se trata de la típica desigualdad social y económica propia de las actuales sociedades post-coloniales. La permanente y cotidiana lucha de los individuos y de los colectivos humanos involucrados en esa desigualdad, perfilan y definen la evolución y el sentido de estas sociedades.


De todas maneras, las reflexiones plasmadas en escritos como el presente, solo podrían ser de utilidad si junto a las reflexiones de los lectores pueden servir de lubricante a las articulaciones de la estructura social de la que todos somos parte y si pueden colaborar en el aceleramiento del proceso de cohesión de los contrastes y las diferencias de origen que aún nos influye.


Clase media y nación:


La Clase media tradicional y minoritaria dominicana posee unas características de funcionamiento cuya seña principal es la carencia de las armas, de las herramientas y del curtimiento para subsistir en el duro, económicamente limitado y violento escenario en que ha sobrevivido y sobrevive la Clase Mayoritaria desposeída. La sola idea de caer en esa hostil arena le resulta angustiante; lo que a la vez es una motivación que le aferra a librar una lucha permanente para mantenerse en el ambiente por él asimilable de su Clase media, o para escalar en su propia nación, si le es posible, estratos superiores que le garantice un mayor alejamiento de aquel escenario hostil de las clases Mayoritarias.

 Esa necesidad de lucha permanente y esa angustia propia de la Clase media tradicional y madura es una condición medular, no una pose banal ni un elemental clasismo. De ahí proviene el núcleo vital de su importancia en la dinámica económica de la nación. Sin esa angustiosa y permanente lucha de nuestra minoritaria Clase media, probablemente la nación dominicana sería hoy aún más pobre y atrasada. En ese núcleo vital generado por la Clase media minoritaria descansa en parte importante la razón de nuestro sostenido crecimiento económico. Es la angustia que genera ese núcleo vital lo que aún nos sostiene como pueblo con las características suficientes para pertenecer al espectro de las sociedades con vocación de desarrollo y futuro.


La Clase media dominicana es -en parte importante- el contribuyente que genera los recursos y paga la promoción de los Estratos sociales Mayoritarios. Esto es evidente –reiteramos- en servicios como la electricidad, el agua y otros arbitrios. La misión del Estado es administrar y distribuir esos recursos. Proteger, fortalecer y multiplicar a las Clases medias es garantía de la permanencia de esa promoción.


Transformar la sociedad dominicana en un ente cuya mayoría pertenezca a las Clases medias no es tarea fácil pero sería la aspiración, la meta y el objetivo político a ser alcanzado. No obstante, es una aspiración que para dejar de ser simple falacia de campaña política, requeriría conocer previamente el origen y la trayectoria de los procesos de la pobreza y sobre todo comprender la gramática interior de sus complejidades socio-históricas.


Notas bibliográficas:


(1) Cfr. Roberto Cassá, ‘El campesinado dominicano’; Boletín del Archivo General de la Nación, año LXVII, Vol. XXX, No. 112. Santo Domingo, D. N., mayo-agosto 2005, pp. 213-261.


(2) Ramón Marrero Aristi; ‘La posición del trabajador’; Boletín del Archivo General de la Nación, año LXVII, Vol. XXX, núm. 113. Santo Domingo, D.N., sept.-dic. 2005, p. 641.


(3) Jorge Cela, ‘Cultura y elecciones’, en Estudios Sociales, Año XX, número 63, Santo Domingo, enero-marzo, 1986.


(4) Roberto Cassá, Ob. Cit., p. 238


5- Cfr. Eric John Ernest Hobsbawm, ‘Rebeldes primitivos. Estudio sobre las formas arcaicas de los movimientos sociales en los siglos XIX y XX’. Editorial Ariel, S. A., Barcelona, 1983. Cap. XII.


(6) ‘Informe Final de la Encuesta Cultura Política y Democracia’, DEMOS94. Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra, Santo Domingo, R. D., 1996, p. 36.-


Notas del autor:
- Los corchetes y las negritas dentro de citas son del autor.

- ‘La soledad de la clase media’ es un capítulo del libro en preparación 'Una República Colonial-Aperturas, cambios y adecuaciones'. Registrado en la O.N.D.A. bajo el Nº 0002123, libro 06; Santo Domingo, República Dominicana.-.
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