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22.4.10

La soledad de la clase media minoritaria





Pedro Samuel Rodríguez-Reyes


Resumen:


El presente escrito trata sobre minorías y mayorías sociales. Examina lo relativo a unos beneficios psico-sociales de validación que disfrutan los individuos que pertenecen al conglomerado socio-económico mayoritario de cualquier nación, independientemente se trate de la franja social media o de la clase pobre. De igual forma, examina la sensación de exclusión en que perviven los individuos que pertenecen a los grupos socio-económicos minoritarios.


No se atribuye simulación ni equívocos a lo que es socialmente mayoritario. Lo mayoritario simplemente ES y se impone sin tutelajes. Así, desde la particular visión del conglomerado social pobre y mayoritario dominicano, la clase media minoritaria representa lo equivocado, lo relativo y la simulación. Es esa la sensación de exclusión que enfrentan las minorías sociales; es esa la soledad de la clase media dominicana.


Introducción:

Antes de introducirnos en las formulaciones principales del presente escrito creemos necesario dedicar unos párrafos a la exposición de algunas consideraciones previas.


Para empezar, consideramos que a pesar de que aún carece de una clara conciencia de su propia franja social, la Clase media minoritaria y tradicional dominicana es probablemente el segmento humano donde mejor se han atenuado los factores que marcaron el origen contrastante de nuestro pueblo. Esa Clase media, como resultante social, es posiblemente el producto mejor decantado en la fragua de nuestra historia y el menos directamente impactado por influencias de estructuras tradicionales provenientes del pasado colonial.


Desafortunadamente, el refugiarse permanentemente al interior de su propio y estrecho ámbito de clase le habrá mutilado la posibilidad de poseer una lúcida conciencia de su propia franja social. Involucrarse con la Clase social Mayoritaria-pobre en los fragores de unas relaciones de defensa y de cuestionamientos mutuos, hubiese devenido en saludable ejercicio de toma de conciencia para ambos estratos sociales.


La secular carencia de entrenamiento en cuestiones referentes a fricciones y luchas sociales sería parte de las razones por las que la Clase media dominicana no posee aún la capacidad de asumir la defensa de los intereses que les son inherentes, y en consecuencia, habría de esperarse que -como ha estado ocurriendo-, instancias políticas se aprovechan permanentemente de la debilidad que tal carencia de conciencia de clase representa.


En el presente escrito no tratamos sobre las particularidades de las Clases sociales pobres o de los Segmentos sociales medios. Examinamos las implicaciones referentes a grupos humanos pertenecientes a estratos socio-económicos numéricamente Mayoritarios y a grupos humanos pertenecientes a estratos socio-económicos minoritarios. Es decir, nuestro interés está centrado en las implicaciones de minorías y de Mayorías sociales.
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Alcances y pretensiones del presente escrito. Valores y malestares sociales:
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En el presente trabajo, adrede nos alejamos de abordar el análisis de todo consabido criterio económico y de todo lo relativo a luchas de clases, y en cambio examinamos unos aspectos a los que posiblemente se les ha prestado poca atención. Nuestra tesis trata, en efecto, de que independientemente del estrato social en que se inserte un colectivo humano determinado, sea ese estrato de clase media o de clase pobre, la sola proporción numérica del grupo social al que pertenece un individuo, otorga a éste el disfrute de ciertos valores –si la proporción numérica del grupo al que él pertenece es mayoritaria- o al contrario, determina en él el afrontamiento de ciertos malestares como la exclusión y la soledad, si su grupo social es minoritario.


En otras palabras, esto quiere decir que, por un lado, en países en donde la Clase Social Media es la Mayoritaria (Estados Unidos, Francia, España…), los individuos que allí pertenecen a los Colectivos humanos minoritarios pobres son quienes afrontan y sufren la doble condición de pobreza material en adición a la soledad socio-psicológica a que es sometido todo grupo humano minoritario. En el otro escenario, en sociedades como la dominicana (y como en la mayoría de los países latinoamericanos) sucede a la inversa; esto es: el Conglomerado Social Mayoritario es pobre, por tanto, éste sufre la pobreza material pero no la soledad propia de las minorías. Consecuentemente, en nuestro país, la soledad y la exclusión socio-psicológica tienen una víctima: la minoritaria Clase media tradicional.


La soledad de la Clase media dominicana es una categoría social de construcción relativamente reciente. La magnitud de esa soledad es directamente proporcional a la dimensión de la novedosa presencia de la Clase social Mayoritaria-pobre en el escenario de la nación. En épocas cuando el Conglomerado social Mayoritario-pobre dominicano no había emergido de su invisibilidad, la Clase media minoritaria y tradicional gozaba de un protagonismo indiscutible por siglos y generaciones. Sin embargo, de forma casi repentina los roles han estado invirtiéndose puesto que los actores involucrados en el proceso han cambiado la procedencia de su estrato social. Por tal razón, ayer primaban los Valores sociales de la Clase media tradicional mientras hoy toman presencia masiva los Valores sociales de la Clase Mayoritaria-pobre emergente.


Este proceso representa un avance socio-histórico; pero un avance con sus correspondientes costos y con sus acreedores y deudores sociales específicos. Uno de tales costos es la soledad, la exclusión y la victimización política que paga la Clase media minoritaria dominicana como deudor de las acreencias sociales del Conglomerado Mayoritario-pobre.


Si queremos dar un ejemplo concreto observemos cómo uno de esos costos es asumido por la Clase media que subsidia parte importante de los servicios que el Conglomerado Mayoritario evade a causa de su desafortunada y permanente invalidez económica. Pero esa causa posee una motivación adicional y determinante. Se trata del respaldo que ese Conglomerado recibe de parte de dirigentes que cuidan su capital político representado por este Colectivo-pobre numéricamente Mayoritario en función de votantes. Así, este esquema des-importantiza, victimiza y torna descaradamente utilitaria la relación de la dirigencia político-partidarista con una Clase Media incapaz de aportar el caudal de votos que posee el poderoso Conglomerado Social Mayoritario-pobre. La minoritaria Clase media es convertida así en el forzado pivote que subsidia a una clase Mayoritaria que ignora el artificio, y cuyo beneficiario final es el político que manipula a ambos.


La Clase media minoritaria dominicana afronta entonces el doble malestar de, por un lado es víctima de la natural soledad a que le arroja el Conglomerado social Mayoritario, y por el otro lado, del permanente castigo de las dirigencias político-partidarias mediante el esquema arriba señalado. Lo peculiarmente penoso de la situación de la Clase media dominicana es la doble carencia de una lúcida autodefensa de sus intereses de Clase y a la vez la inexistencia de un Colectivo social que le preste auxilio. Al parecer, los infortunios de la Clase media dominicana vienen siempre en pares: doble carencia, doble malestar; como sino de un tándem peculiar que no aporta ni alivia.


No es el interés de las presentes reflexiones el estudiar las sociedades de naciones cuya masa poblacional Mayoritaria sea de clase media. Nuestro interés básico está enfocado en el examen y las repercusiones socio-psicológicas en pueblos donde la Clase media es el segmento social minoritario. En el presente trabajo tratamos de estudiar la minoritaria Franja Social Media de República Dominicana verificando las posibles causas e implicaciones de su exclusión, su malestar y su soledad.


No tratamos aquí sobre la conocida, inhumana y clásica exclusión económica de las masas desposeídas. Más bien nos interesa examinar el ámbito de una soledad peculiar en donde son lanzados y arrinconados los segmentos sociales minoritarios (sean éstos de Clase media o Pobre) por los Conglomerados sociales Mayoritarios (sean de Clase media o Pobre). Estos Conglomerados Mayoritarios están investidos de la seguridad y del soporte psicológico que otorga lo mayoritario y plural que norma, evalúa, califica, descalifica y es la base y el canon de la cultura popular, tradicional y mayoritaria en una determinada sociedad-nación. Los Conglomerados Mayoritarios, además, representan con sus votos el mayor capital político con que cuentan los partidos de cualquier nación.


Reconocemos que una buena parte de las reflexiones referentes a los temas tratados en el presente escrito son instancias tal vez escasamente examinadas, por lo que abordar aspectos sociales como el que aquí pretendemos acometer, posee quizás los riesgos propios de toda novedad. Ese abordaje se ve agravado por la escasa o nula bibliografía de apoyo y por la carencia de previos debates. En tal virtud, la solicitud de una lectura indulgente se hace necesaria.


Origen histórico de la tradicional y minoritaria Clase Media dominicana:


El origen histórico de la formación de la Clase media dominicana no parece del todo claro. La aparición de la "conciencia de clase" luce aún más difusa.


Quizás puedan rastrearse unos remotos precedentes históricos que en sentido general expliquen parte de ese origen. Por un lado, esos precedentes tendrían como génesis los individuos libres tales como labradores y personas de diversos oficios llegados a la colonia española de Santo Domingo a partir de nuestro primer siglo, el siglo dieciséis. Por el otro lado, un adicional sustrato originario de nuestra clase media estaría posteriormente generado por inmigrantes pobres (pero libres) llegados desde las Islas Canarias a partir de finales del siglo diecisiete hasta mediados del dieciocho.


Adicionalmente, empezaría a forjarse un sustrato tardío de esta Clase media a partir de la pérdida de poder económico de los hateros a fines del siglo 18. Esa pérdida de poder ocurrió, en parte, a causa de la marcada escasez de la fuerza de trabajo esclava. Tal escasez se debió a la gran cantidad de esclavos libertos mediante manumisiones, es decir, al importante número de esclavos que compraron la libertad a sus amos. Estos eventos empezarían a propiciar la conformación de una Franja social media, en cuyo proceso pudo haber tomado parte algún limitado número de libertos quienes a partir de entonces pudieron haber obtenido un relativo éxito en gestiones productivas independientes.


Dicho sea de paso, los eventos mencionados en el párrafo anterior coincidieron con el inicio del éxodo hacia el exterior de una cantidad significativa de familias con tradicional poder económico, a raíz de la firma del Tratado de Basilea de 1795.


Probablemente, el segmento social medio de más larga data ya habría iniciado un proceso de permanente conformación mediante determinado número de personas provenientes del sector urbano; y, en menor escala, mediante una parte del segmento de 'los más acomodados’ que provenían de la mayoritaria comunidad rural. A posteriori, empezaría a propiciarse una adicional franja social media compuesta por una parte de los individuos llegados desde el exterior (judíos sefarditas, árabes, chinos, puertorriqueños, españoles…) a partir de la segunda década del siglo 19 (1822) hasta comenzado el siglo veinte. Así, en sentido general, puede colegirse que esta multiplicidad de origen del Sustrato social medio habría conformado una heterogénea Clase media al interior del conjunto social dominicano. En adición, una parte de todas esas inmigraciones se colocaría a través del tiempo y las generaciones en la Franja social de las Clases altas. Obviamente, la estampida social ocasionada por el tratado de Basilea obligó a una recomposición radical; a un ‘empezar de nuevo’ en esas estructuras sociales que se venían conformando hasta 1795.


Origen histórico de la Clase pobre Mayoritaria dominicana:


En sentido general, el Conglomerado social Mayoritario-pobre luce provenir de una definida tradición de tensiones históricas de añeja data cuyo principal punto de partida no sería otro sino el sistema esclavista ejercido a lo largo de varios siglos de administración colonial.


Posteriormente, y dicho en forma muy general y esquemática, completaría el proceso de la conformación de la Clase social Mayoritaria-pobre, la vida autónoma de los ex-esclavos (a partir de finales del siglo 18) y su voluntario e inmediato aislamiento en el interior de la zona rural como medida que le garantizaba el pleno disfrute de su nueva condición de libres, conformando con ese aislamiento, sin proponérselo, el origen del campesinado dominicano (1). Luego de internados en la zona rural, estos ex-esclavos ejercieron su libre adscripción al colonato, 'como versión de un inédito sistema esclavista patriarcal asalariado' (R.Cassá). Muy posteriormente, es decir, unos doscientos años después, esa Clase Mayoritaria-pobre inicia un proceso de urbanización mediante el éxodo masivo desde las diversas zonas rurales en donde se había asentado, hasta los centros urbanos, cuyo desplazamiento ocurrió con énfasis en el último tercio del siglo veinte (1970-2000 aprox.).


Vale decir que aquellos libertos (hoy ciudadanos étnicamente mezclados y puros) quienes doscientos años antes tomaban la decisión de internarse en la zona rural conformando desde entonces el campesinado dominicano, hacen su aparición en el ámbito urbano por vez primera, dando paso a la incorporación de la Clase social Mayoritaria y su correspondiente cultura tradicional en el ámbito citadino. Se encontraron, así, el concepto urbano y el concepto rural en forma casi repentina.


Es precisamente este encuentro lo que habría agudizado en los últimos decenios la diferenciación y el contraste entre una cultura tradicional rural Mayoritaria y un concepto cultural de Clase media minoritario de filiación urbana. Ello, en parte, ha provocado en los actuales grupos de Clase media tradicionales un sorpresivo turbamiento al percatarse de la manifiesta, sostenida y acelerada reducción de su Segmento social que este masivo vaciamiento del ámbito rural en lo urbano ha causado. Más manifiesto y evidente cuando en la actualidad la segunda generación de aquellos auto-desplazados de la zona rural a la urbana ha provocado el aumentado vertiginoso de una cultura híbrida urbano-rural, desconocida hasta entonces, la cual tiene masiva presencia en casi todos los ámbitos del quehacer nacional.

A grandes rasgos podríamos describir el periplo de las Clases Mayoritarias desposeídas, de la siguiente manera: de esclavos a libertos; de libertos a campesinos; de campesinos a los ciudadanos pobres y Mayoritarios de hoy. Este proceso de éxodo desde lo rural a lo urbano quizás puede ser señalado como nuestra segunda gran diáspora intra-territorial, después de las Devastaciones de 1605-1606.


Adicional a su incuestionable mayoría numérica, el actual Conglomerado social Mayoritario-pobre dominicano posee unas tradiciones de lazos de solidaridad de mayor solidez, compactación y homogeneidad que cualquier otro segmento social criollo. Las redes de vínculos primarios ejercidos por ese grupo social Mayoritario a partir de su dilatado aislamiento en la zona rural tales como el compadrazgo, el convite y demás expresiones de reciprocidad social, así lo han determinado.


Hay autores que ubican la aparición de una marcada diferenciación y separación de clases sociales en la nación dominicana, a partir de la ocupación militar norteamericana (1916-1924). En efecto, en un escrito de 1945, el dominicano Ramón Marrero Aristi expresa que: "Hasta 1916, en nuestro país no había existido una separación de clases propiamente dicha. Todos éramos en el fondo campesinos: el señor de la ciudad, el general, el intelectual, tenían detrás el conuco o el potrero. Todos estábamos ligados al campo en una forma u otra. Las banderías políticas, sin fondo ideológico, no habían afectado en lo más mínimo ese estado general... Cuando se fomentó esa formidable burocracia [por las fuerzas de ocupación] como no se había conocido hasta entonces... se acentúa la división de nuestra sociedad para formar un mosaico de diversos matices como antes no existiera" (2), concluye Marrero Aristi.


Nótese que la recomposición social que nos dibuja Marrero Aristi no fue provocada por fenómenos tales como un masivo éxodo rural a las zonas urbanas sino consecuencia de una novedosa burocracia implantada por la administración de la ocupación militar norteamericana. ‘Todos éramos en el fondo campesinos’, dice el autor refiriéndose a la secular composición de una sociedad urbana tradicionalmente vinculada al dilatado ámbito rural. Sin embargo pensamos que probablemente la acentuación de la división social a la que el escritor hace referencia no sería más que formas novedosas de estilos y funcionamientos a que se adscribió una parte del conjunto social urbano de la franja social media del momento, marcando notable diferencia con los segmentos sociales que se resistieron a tales cambios. Ello ocasionaría la aparición de los ‘diversos matices’ a que hace referencia Marrero Aristi.


Es decir, una parte del segmento social de nuestra tradicional y peculiar Clase media urbano-rural de la época, se adhiere a formas novedosas y marca con ello una diferencia, lo cual provoca la aparición de aquel ‘mosaico de diversos matices como antes no existiera’, mencionado por este autor. Creemos, no obstante, que lo que efectivamente hubo allí sería elevadas cotas de pose intra-social, lo cual demostraba un innegable avance; pero no estamos convencidos de que ello generó la aparición de cambios que provocasen mutaciones sociales importantes. Ciertamente, quienes manejaban el novedoso idioma inglés y la máquina de escribir acentuarían el contraste con el segmento social de los otros que no que dejaron ‘su conuco ni su potrero detrás’.


Sería de utilidad señalar, por un lado, que todavía en esta época (1916-1924) los valores sociales de las Clases medias tradicionales tenían vigencia, mientras que, por el otro lado, el Conglomerado social Mayoritario-pobre era aún invisible. Considérese, además, que posterior a esta época, la sociedad dominicana continuó presentando un perfil eminentemente rural por muchas décadas.


Pensamos que, con sus costos y riesgos, los cambios sociales verdaderamente importantes, novedosos y trascendentes al interior del conjunto social dominicano se están ejecutando en la actualidad de los últimos decenios. Uno de los factores decisivos para que así sea está determinado -precisamente- por la inédita y sorpresiva aparición del protagonismo político-cultural de una numéricamente poderosa Clase social Mayoritaria-pobre en el ámbito de la geografía de la nación, cuya influencia lo toca e infiltra casi todo, sacudiendo las mismas bases del tradicional tejido social dominicano. Si se quisiera hablar de cambios fundamentales y de inicios de mutaciones sociales en la historia de este pueblo, habría que referirse a los actuales procesos. A nuestro entender, un otro proceso similarmente radical de cambios se inicia a raíz del tratado de Basilea de 1795.


La aparición del protagonismo socio-político del Conglomerado Mayoritario-pobre en el escenario de la nación no tiene precedentes históricos. Sus consecuencias futuras son impredecibles porque –precisamente- el conjunto social dominicano no posee experiencias previas en esa instancia. Por ello los cambios, los re-acomodamientos y las compensaciones se ejecutan sobre la marcha.


Percepción de malestar o de bienestar:


Como avanzamos en el resumen del presente trabajo, nuestra reflexión va dirigida, por una parte, a las causas que de forma casi imperceptible producen sensaciones de malestar y aislamiento en los individuos pertenecientes al colectivo social minoritario (cualquiera sea la franja socio-económica de éste colectivo minoritario) de una determinada sociedad-nación; y por la otra parte, respecto de las causas que confieren valores y sensaciones de bienestar a quienes pertenecen al grupo social mayoritario (cualquiera sea la franja socio-económica de este grupo mayoritario). Hablamos entonces de mayorías y de minorías sin importar la franja social, sea media o sea pobre en que se ubique esa minoría o esa mayoría.


En otras palabras, postulamos que: el hecho pertenecer al grupo socio-económico mayoritario de una nación, cuya mayoría es, en definitiva, la base, el canon y la norma de la cultura gestada por esa sociedad en el decurso de su historia, otorga al individuo que pertenece a esa mayoría, la seguridad y el soporte psicológico que confiere toda mayoría.

Se trata, pues, de la investidura, la seguridad y la gracia conferidas a los individuos, por ejemplo, de la clase media cuando estos individuos son ciudadanos de una sociedad-país de Clases medias mayoritarias. Asimismo, se trata del soporte psicológico y la gracia de que se sienten investidos los individuos de las Clases desposeídas cuando pertenecen a una sociedad-país de Clases desposeídas mayoritarias.


Es decir que, en general e indistintamente, los individuos que pertenecen a la clase mayoritaria, sea ésta media o pobre, en la sociedad de la que forman parte, disfrutan en forma exclusiva de una grata, inapreciable, sutil e íntima sensación de bienestar personal de saberse aceptados e integrados a lo mayoritario; disfrutan de la íntima sensación de percibirse parte consustancial y auténtica de ese trasfondo cultural común; de sentirse cómplices y partícipes de lo general, lo múltiple y plural de su pueblo. Estos individuos viven tan estrechamente integrados a esa suerte de "status gratiae" que a ellos podría resultarles un natural e inconsciente regalo.


Por el contrario, el hecho de un individuo pertenecer al Grupo social minoritario, sea éste medio o pobre, genera en él sensaciones de aislamiento, de soledad, exclusión y desautorizaciones. Estos representan una categoría de personas colocadas fuera de esa gracia plural que sólo lo mayoritario puede conferir.

En sociedades como la dominicana, en donde el colectivo social mayoritario corresponde a la Clase pobre, son éstos pobres-mayoritarios quienes están investidos con los beneficios de ese particular estado de gracia, mientras que los individuos pertenecientes a las minoritarias y tradicionales Clases medias apenas imaginan el significado real de tales sensaciones, y solo pueden conformarse con alimentar en su interior la utópica aspiración de que algún día puedan pertenecer, en su propia tierra, a una sociedad en la que ellos también reciban esa general y solidaria complicidad.


Para este individuo de Clase media minoritaria, su aspiración es perennemente inalcanzable, y en adición, está en constante colisión frente al Conglomerado Mayoritario-pobre, al que percibe en ocasiones como un poderoso grupo plenamente confiado en sí mismo; culturalmente auténtico, tradicional y rico; avasallante, adverso, intimidante, inocente, obcecado y feliz, al cual no pertenece, y en el cual no es aceptado ni puede adaptarse. En adición, es poco probable que desde el Segmento social minoritario de una sociedad determinada se tilde de (por ejemplo) simulador al conglomerado mayoritario. Todo lo contrario pues obviamente sucede siempre a la inversa. Porque lo Mayoritario simplemente ES y se impone sin tutelajes. En la visión de lo Mayoritario lo que es minoría representa lo relativo, lo sospechoso y lo no auténtico. Lo Mayoritario y tradicional tiene la prerrogativa de normar, evaluar, descalificar e imponer formas en el lenguaje, la estética, los patrones culturales, en el concepto de progreso, en la naturaleza de las instituciones y en la conservación de las tradiciones.

Poetas, literatos y artistas de las clases minoritarias expresan a menudo en sus obras ese inconsciente deseo de vedada pluralidad. Como muestra, observemos los siguientes fragmentos poéticos:


- "Cuando la lámpara se enciende tras cristales empañados
les envidio su felicidad que no debo compartir:
la tarde patriarcal
con olor a fogón
a ropa de niños
a modestia"…


Gunter Eich (1907-1972)
‘El hombre de la chaqueta azul’
(“Der mann in der blauen jacke”)


- "Quiero imitar al pueblo en el vestido
en las costumbres sólo a los mejores
sin presumir de roto y mal ceñido…
Una mediana vida yo posea
un estilo común y moderado
que no lo note nadie que le vea"…
Andrés Fernández de Andrada (Sevilla, 1575 - México, 1648
‘Epístola moral a Fabio’.
http://es.wikisource.org/wiki/Ep%C3%ADstola_moral_a_Fabio
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Estos fragmentos poéticos de fuerte contenido lírico-social, escritos por sendos poetas en situación de clases minoritarias, reflejan y confirman la soledad y el deseo de pluralidad de esas clases sociales minoritarias. Ellos se expresan por sí mismos.


Adicionales implicaciones:
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Coexisten otras implicaciones en estos análisis. Se trata de una suerte de estructura conformada por justificadas exclusiones. Esto quiere decir que si alguien es parte de un universo social consustanciado con lo general y mayoritario, con lo culturalmente normativo y plural, a este individuo le sería doloroso concebirse desplazado a un sistema de minorías, expuesto a exclusiones y descalificaciones. Si percibe el peligro de ser desplazado, su argumento defensivo sería: ‘tal como soy, así es la mayoría y quien no es como nosotros podría atentar contra nuestro sistema general y común de valores, el cual es el normativo, el tradicional y válido. Somos el país, debemos fortalecernos y estar alertas para evitar que se nos desplace’.


Este argumento defensivo es válido y auténtico para una clase social (media) como para la otra (desposeída). Dependerá de cuál sea el estrato social de la clase mayoritaria en una nación determinada. Se trata, en ambos casos, de la defensa de una cultura particular y mayoritaria amenazada.


Dicho en otras palabras; en una sociedad-nación cuyo conglomerado mayoritario sea la clase media o middle class (España, Estados Unidos, Francia...) este conglomerado mayoritario de clase media tratará de fortalecerse y buscará cómo defenderse frente a posibles agresores’; esto es, frente a intentos de un crecimiento vegetativo o por vía de la inmigración de minoritarias clases depauperadas nacionales o extranjeras, respondiendo con la actualización, la adecuación y el endurecimiento del marco legal migratorio; reaccionando con efectivos programas de desarrollo económico; con auténticas y eficientes campañas de apuntalamiento al sistema educativo. Muy probablemente la implementación de esos programas encontrará una amplia y positiva respuesta en ese conglomerado social mayoritario de clase media amenazado.


En el otro escenario, es decir, en una sociedad-nación donde el conglomerado mayoritario pertenezca a la clase pobre, sería esa clase pobre quien, obviamente tendría sus respuestas defensivas particulares.


En ambos casos, el poder de la mayoría termina entronizando, trazando y normando mediante su propia visión, la cultura, la política, el concepto de progreso, y la naturaleza de las instituciones de la nación. El país en donde se establece una determinada clase mayoritaria -sea la clase media o sea la clase desposeída- lo hace con fuerza y determinación. Esta mayoría no dirige necesariamente los poderes fácticos pero su condición de conglomerado mayoritario lo influye todo y su resistencia a ser desplazada es formidable.


En el caso particular del grupo social mayoritario en República Dominicana, sería un ejercicio revelador y útil, observar e identificar las respuestas defensivas de nuestras Clases pobres mayoritarias, como resistencia a ser desplazadas frente a las posibles agresiones de nuestras clases medias minoritarias o de cualquier otro.


El sacerdote jesuita Jorge Cela considera que: "Los valores, elementos y patrones de la cultura tradicional [mayoritaria] condicionan la conducta de los segmentos poblacionales [minoritarios] inmersos en la cultura tradicional [mayoritaria]" (3). Es esto lo que exactamente tratamos de decir. Es, además, lo que explica el por qué los segmentos poblacionales minoritarios de clase media dominicanos han sido en muchos aspectos, condicionados e influidos por la cultura tradicional mayoritaria, sin pertenecer a ella necesariamente. Probablemente este fenómeno sea una suerte de inconsciente concesión de las clases minoritarias medias para su propia convivencia y sobrevivencia en medio del escenario protagonizado por el poderoso conglomerado social mayoritario.


Podría ser, incluso, una inteligente estrategia de la clase media para atenuar las posibles fricciones sociales que ocasionaría la exhibición manifiesta de contrastes culturales. Hacer esfuerzos por igualarse en las expresiones del lenguaje o en los gustos estéticos es una forma de lograr cierta armonía social entre grupos conformados con históricos patrones culturales divergentes. Se trata, en cierta forma, de valores adicionales y peculiares de nuestra sociedad dominicana.


Clase media y soledad:


En sociedades como la dominicana, la percepción de malestar del individuo de la Clase media (minoritaria) se explica por la soledad a que le arroja la limitación numérica de sus iguales, cuya condición le priva de poseer un espacio social amplio para la interacción, para el intercambio de intereses comunes y para el ejercicio de un diálogo permanente, abierto, creativo y múltiple. Este individuo nunca podrá disfrutar de aquellos valores ni de aquel don intangible propio de una clase mayoritaria a la que no pertenece ni quizás pertenecerá.


La mayor de las veces el individuo perteneciente a la minoritaria Clase media, trata de compensar su soledad encerrado en estrechos círculos de sus iguales donde aspira drenar su condición de semi-excluido. Malestar y frustración por lo utópico de la obtención de aquella gracia plural de la que no se le inviste, la cual es sólo dada a quienes son parte del colectivo mayoritario que rige, norma y mueve a su ritmo particular la evolución de los procesos económicos, políticos y culturales de la nación que es también la suya pero que su minoritario Colectivo medio en poco influye. Malestar soterrado por su doble condición de anónimo marginado expuesto a descalificaciones y rechazos culturales de parte de las clases mayoritarias, quienes justifican su actitud con el poderoso argumento de la insignificante influencia del enano grupo Clase-media.


A este individuo de Clase media minoritaria, sólo podría salvarle la deseada inserción a su estrato socio-económico de una parte importante de los otros, los del colectivo Mayoritario-pobre. Pero, para esos otros, ello representa un tránsito con dos formidables y complejos obstáculos. Así, el tránsito desde la clase Mayoritaria-pobre hacia la clase media posee dos casi insuperables barreras representadas por:


1- La definitiva obtención y el pleno uso y consumo de los bienes materiales y culturales de los que siempre se le ha excluido.


2- La auténtica voluntad de incorporarse a nuevos valores culturales y a novedosos patrones de funcionamiento ajenos a su clase mayoritaria.


Para el individuo perteneciente a la Clase pobre Mayoritaria, esa primera etapa del tránsito no le ha sido aún facilitada; y la segunda, la más difícil, le resulta aún más compleja que la primera.


Y le resulta más compleja porque alguien que ha estado perteneciendo por generaciones a la influencia de su colectivo Mayoritario-pobre, puede que le sea ciertamente difícil la auténtica inserción en los Estratos medios ya que se siente pertenecer a una cultura nacional tradicional, válida, general, útil y perfectamente conocida. Se trata de un tránsito desde la seguridad de un entorno cultural heredado de los suyos hacia otro por completo desconocido. En adición, su propio y conocido segmento social Mayoritario-pobre posee un cierto halo de iconográfica sacralidad que le humaniza, por lo que ese individuo de Clase pobre-Mayoritaria no podrá abandonar su entorno cultural sin algún sentimiento de culpa.
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Clases mayoritarias y estructuras tradicionales:


Es necesario comprender que esa segunda etapa del tránsito desde los valores culturales de la clase Mayoritaria hacia los valores de la de Clase media; es decir, la de incorporarse a nuevos valores culturales; posee válidas resistencias, y podría ser interpretado por el individuo que lo ejecuta y por los de su entorno, como renuncia o traición a antiguos valores de sus ancestros y como expresión de inaceptado cuestionamiento a antiquísimas convicciones heredadas de sus mayores. Para él, y para los suyos, sería equivalente a vender sus valores culturales a cambio de bienes materiales, confort y prestigio. Todo ello refleja el efecto de antiguas y válidas estructuras de convicciones y visiones provenientes del pasado; de su propio pasado ancestral; de la historia de los suyos; de su cultura tradicional y mayoritaria.


Pensando históricamente podríamos vislumbrar que la formidable resistencia a ese tránsito social se habrá estado oponiendo con fuerza solapada e inconsciente a necesarios cambios económicos, sociales y culturales que por décadas el estado y los gobiernos han estado tratando de implementar. Tal vez no son del todo claras las vías por las que se expresan tales resistencias, pero sus efectos se perciben. La extensa experiencia histórica de nuestros conglomerados sociales mayoritarios, adicionado al vasto ejercicio de particulares redes de reciprocidad social y de vínculos primarios de solidaridad, pudieron haber sistematizado entendibles formatos de contracultura que se expresarían hoy en función de inconsciente rechazo a lo nuevo, a los cambios de la modernidad y al progreso.


Tal resistencia podría ser identificada como parte de esas estructuras que se han conformado en la Larga Duración de nuestra historia, pudiendo rastrearse en líneas ascendentes de observaciones. A este respecto, el historiador dominicano Roberto Cassá, refiriéndose a nuestro campesinado de antes del gran éxodo hacia los centros urbanos ocurrido en el último tercio del siglo XX, nos revela lo siguiente: "Distante de un mundo urbano en extremo pequeño, la comunidad campesina se caracterizaba por una predisposición contraria a la innovación. Los criterios vigentes no solo comportaban desconfianza sino una cerrazón consuetudinaria ante lo extraño. Esta postura se mantendría durante décadas posteriores, no obstante los avances de la urbanización y la educación formal" (4).


Nos permitimos aquí hacer un aparte para consignar que pese a las señaladas peculiaridades de nuestro campesinado dominicano, éste distó mucho de asomarse a la generación de formas primitivas o arcaicas de bandolerismo o agitación social como las encontradas en Latinoamérica, cuyas formas han sido señaladas por el historiador británico Eric Hobsbawm en su libro ‘Rebeldes primitivos’ (5). Hobsbawm describe la aparición de unas formas violentas y de crueldades generalizadas desde finales del siglo XIX hasta las primeras décadas del siglo XX en zonas rurales de varios países Latinoamericanos surgidas en el seno de movimientos campesinos. Las causas que motivaron esas formas arcaicas y primitivas fueron diversas pero no nos incumbe detallarlas en el presente escrito. Lo que sí podemos indicar es que dichas causas no se hicieron presentes en la sociedad dominicana.


Retomando la temática de las estructuras sociales tradicionales en República Dominicana, observemos el informe de la Encuesta Demos94 (5) el cual, en su capítulo III referente a la cuestión de la modernidad, plantea lo siguiente: "No obstante los cambios vertiginosos acontecidos en los últimos decenios, los valores y concepciones tradicionales persisten en la sociedad dominicana, y hay dudas de que estos cambios hayan estado acompañados de mutaciones significativas en las actitudes que norman el comportamiento" (6).


Tales fenómenos sociales, confirman nuestra percepción respecto de la presencia, aún hoy, en la primera década del siglo XXI, de estructuras conformadas por valores y concepciones provenientes del pasado colonial que continúan influyéndonos.


Por otra parte, no es difícil comprender que un individuo cuyos ascendientes han pertenecido por generaciones al Estrato social Mayoritario-Pobre no se coloca automáticamente en el grupo de la Clase media tradicional sólo porque ha obtenido bienes materiales e ingresos adicionales. Para ser aceptado como auténtico por los del Colectivo minoritario-medio, esa persona, como pre-requisito tendría que incorporar nuevos valores culturales e inéditos patrones de funcionamiento. Entendemos que la válida resistencia a incorporarse a unos nuevos valores culturales propios de la clase media, ajena a la suya, es en donde reside el núcleo de resistencia expresado en una predisposición que rechaza la innovación, como señala Roberto Cassá, y en donde reside la persistencia de valores y concepciones tradicionales como lo informa la encuesta Demos 94.


Probablemente la atenuación o la desaparición de ese núcleo de resistencia en el individuo de la Clase Mayoritaria-Pobre, sólo podrían lograrla sus descendientes sin que en éstos medie algún rastro de culpabilidad en el proceso de tránsito hacia la clase media minoritaria.


Entretanto -insistimos-, para el ciudadano de la Clase media en sociedades como la dominicana, su malestar persiste cuando reconoce el atasco existente en la primera etapa del tránsito hacia su clase, de aquellos a quienes en vano espera para que integren y multipliquen el número de su pequeño colectivo, pues, a este ciudadano de la Clase media le es evidente que aquella Clase Mayoritaria-Pobre no han obtenido aún los elementales materiales de la digna subsistencia como pre-requisito de la segunda y verdaderamente difícil etapa que es la de incorporar nuevos valores culturales propios de la Clase media. Por ello, el individuo de la Clase media minoritaria dominicana reconoce que su malestar persistirá, porque, en lo temporal, entiende que no sobrevivirá a la lenta evolución de los cambios y adaptaciones que aquellos mayoritarios requieren.
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Playas y quimeras:


La persona perteneciente a nuestras Clases medias toma conciencia de que su soledad se prolongará sin remedio en su propio suelo, y dirige a veces la mirada hacia la quimera de otras playas en donde, a sabiendas, podría convertirse en un oscuro extranjero; o permanece en su patria a la espera de que una generación de dirigentes actúe con la visión y la celeridad que requiere su realidad y su tiempo; o tal vez espere a que ocurra algún milagro que acelere aquí esos procesos.


De igual manera, quienes pertenecen a nuestras Clases Pobres Mayoritarias dirigen también la mirada hacia la misma quimera, aunque con el definido y resuelto objetivo de la obtención de los bienes materiales siempre vedados en su tierra. Sus hijos harán la consecuente incorporación a nuevos patrones culturales, allá preferiblemente; liberándoles así de posibles culpas por traiciones culturales en su propio entorno nacional.


¿Quién es Clase media y quién Clase Mayoritaria?


Ponemos un cierto toque de humor al tema lanzando la pregunta ¿cómo reconocer al individuo que pertenece a la Clase Media tradicional-minoritaria dominicana y al que pertenece al Conglomerado social Mayoritario-Pobre de República Dominicana? Claro está que para responder, y a falta de definiciones y estadísticas confiables sobre el tema, no queda más opción que echar mano de los mitos urbanos.


Existe una multiplicidad de opiniones que trata de definir el perfil de unos y de otros. Unas expresan que ‘si un criollo disfruta de la chercha dominicana en un vuelo Madrid-Santo Domingo, entonces lo probable es que tal individuo pertenezca al Conglomerado social Mayoritario. Si por el contrario a la persona le desagrada la estridencia de esa chercha entonces es muy probable que éste sea parte del minoritario Segmento social de la Clase Media’. Otras consideran que en nuestro país ‘es Clase media todo aquel que siente preocupación por la vergüenza que pueda pasar si le suspenden los servicios de su casa y por tanto se empeña en pagar religiosamente su electricidad, su agua, su basura y demás arbitrios aunque tenga que pasar hambre’. Otras opiniones apuntan a que ‘si alguien cree que quienes pagan esos servicios son unos tontos, quien eso cree pertenece al Conglomerado social Mayoritario’…


No obstante, como respuesta a tales mitos o a cualquier asomo de certidumbre que estos puedan contener, cabe señalar que dentro de esa percepción general existen excepciones. Hay personas que -como cuerpos extraños- actúan de forma contraria a lo que de común se supone. Es el caso de ciudadanos dominicanos que residiendo en sectores residenciales de elevado poder económico evaden el pago de su electricidad mediante artimañas ilegales, mientras otros que residen en sectores populares cumplen religiosamente con todas sus acreencias. Igualmente se dan casos de individuos que en apariencia pertenecen al Conglomerado Mayoritario y sienten vergüenza por la chercha mencionada, mientras otros que aparentando pertenecer a la Clase media la disfrutan.


Probablemente se trata –acorde a los mismos mitos urbanos o a su eventual veracidad- de excepciones que confirman la regla de la percepción colectiva. Pero lo cierto es que ni unos son buenos ni los otros son malos. Cada individuo o colectivo de individuos actúa de acuerdo con los patrones culturales con que le ha formado su historia personal y la historia de sus ancestros inmediatos. Cada quien posee sus razones particulares, por lo que los juicios de valores aquí no tienen cabida, puesto que quien pretenda erigirse en juez es parte de un modelo o del otro y por tanto queda descalificado para juzgar.


Y es que se trata de las articulaciones de una estructura social disímil que aunque conformada por una misma historia, la génesis de esa estructura fue marcada por unos contrastes y por unas diferencias sociales, étnicas y económicas que aún después de 500 años el tiempo no ha logrado cohesionar satisfactoriamente. Se trata de la típica desigualdad social y económica propia de las actuales sociedades post-coloniales. La permanente y cotidiana lucha de los individuos y de los colectivos humanos involucrados en esa desigualdad, perfilan y definen la evolución y el sentido de estas sociedades.


De todas maneras, las reflexiones plasmadas en escritos como el presente, solo podrían ser de utilidad si junto a las reflexiones de los lectores pueden servir de lubricante a las articulaciones de la estructura social de la que todos somos parte y si pueden colaborar en el aceleramiento del proceso de cohesión de los contrastes y las diferencias de origen que aún nos influye.


Clase media y nación:


La Clase media tradicional y minoritaria dominicana posee unas características de funcionamiento cuya seña principal es la carencia de las armas, de las herramientas y del curtimiento para subsistir en el duro, económicamente limitado y violento escenario en que ha sobrevivido y sobrevive la Clase Mayoritaria desposeída. La sola idea de caer en esa hostil arena le resulta angustiante; lo que a la vez es una motivación que le aferra a librar una lucha permanente para mantenerse en el ambiente por él asimilable de su Clase media, o para escalar en su propia nación, si le es posible, estratos superiores que le garantice un mayor alejamiento de aquel escenario hostil de las clases Mayoritarias.

 Esa necesidad de lucha permanente y esa angustia propia de la Clase media tradicional y madura es una condición medular, no una pose banal ni un elemental clasismo. De ahí proviene el núcleo vital de su importancia en la dinámica económica de la nación. Sin esa angustiosa y permanente lucha de nuestra minoritaria Clase media, probablemente la nación dominicana sería hoy aún más pobre y atrasada. En ese núcleo vital generado por la Clase media minoritaria descansa en parte importante la razón de nuestro sostenido crecimiento económico. Es la angustia que genera ese núcleo vital lo que aún nos sostiene como pueblo con las características suficientes para pertenecer al espectro de las sociedades con vocación de desarrollo y futuro.


La Clase media dominicana es -en parte importante- el contribuyente que genera los recursos y paga la promoción de los Estratos sociales Mayoritarios. Esto es evidente –reiteramos- en servicios como la electricidad, el agua y otros arbitrios. La misión del Estado es administrar y distribuir esos recursos. Proteger, fortalecer y multiplicar a las Clases medias es garantía de la permanencia de esa promoción.


Transformar la sociedad dominicana en un ente cuya mayoría pertenezca a las Clases medias no es tarea fácil pero sería la aspiración, la meta y el objetivo político a ser alcanzado. No obstante, es una aspiración que para dejar de ser simple falacia de campaña política, requeriría conocer previamente el origen y la trayectoria de los procesos de la pobreza y sobre todo comprender la gramática interior de sus complejidades socio-históricas.


Notas bibliográficas:


(1) Cfr. Roberto Cassá, ‘El campesinado dominicano’; Boletín del Archivo General de la Nación, año LXVII, Vol. XXX, No. 112. Santo Domingo, D. N., mayo-agosto 2005, pp. 213-261.


(2) Ramón Marrero Aristi; ‘La posición del trabajador’; Boletín del Archivo General de la Nación, año LXVII, Vol. XXX, núm. 113. Santo Domingo, D.N., sept.-dic. 2005, p. 641.


(3) Jorge Cela, ‘Cultura y elecciones’, en Estudios Sociales, Año XX, número 63, Santo Domingo, enero-marzo, 1986.


(4) Roberto Cassá, Ob. Cit., p. 238


5- Cfr. Eric John Ernest Hobsbawm, ‘Rebeldes primitivos. Estudio sobre las formas arcaicas de los movimientos sociales en los siglos XIX y XX’. Editorial Ariel, S. A., Barcelona, 1983. Cap. XII.


(6) ‘Informe Final de la Encuesta Cultura Política y Democracia’, DEMOS94. Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra, Santo Domingo, R. D., 1996, p. 36.-


Notas del autor:
- Los corchetes y las negritas dentro de citas son del autor.

- ‘La soledad de la clase media’ es un capítulo del libro en preparación 'Una República Colonial-Aperturas, cambios y adecuaciones'. Registrado en la O.N.D.A. bajo el Nº 0002123, libro 06; Santo Domingo, República Dominicana.-.
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28.11.09

República Dominicana: de la Restauración a los primeros pasos de la verdadera influencia estadounidense, 1865-1880: Por José Lee Borges

Lee Borges, José (Universidad de Puerto Rico)



República Dominicana: de la Restauración a los primeros pasos de la verdadera

influencia estadounidense, 1865-1880


Revista Mexicana del Caribe, Vol. V, Núm. 010, 2000

Universidad de Quintana Roo

México
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27.11.09

Representación y explotación: la Revolución Haitiana y El reino de este mundo de Carpentier

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por Mariana Past
M.A y Ph.D. Universidad Duke

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Este ensayo revisado respetuosamente para la publicación en serie de “Working Papers”; fue en un principio presentado en la conferencia “Conflicto y Crisis en la literatura y en el cine” en la UPENN el 23 de marzo de 2.002.

Cuando muchos de nosotros, pensamos en el Haití de hoy, imaginamos un país con una situación política inestable, extrema pobreza y un elevado número de emigrantes abandonando el país. O, quizá, nos vienen a la cabeza imágenes de rituales vudú. Sin embargo, Haití es un país con una historia compleja y rica que el mundo – y especialmente los medios de comunicación – a menudo se ha pasado por alto. Mientras que estamos muy familiarizados con los sucesos del siglo XVIII tales como la Revolución Americana o la Francesa, lo estamos menos con el hecho de que en el mismo período de tiempo, la población esclava de Haití se rebeló y derrocó al gobierno colonial francés. Muchos nos sorprendemos de escuchar que cerca de 1.000 haitianos – hombres negros libres de la colonia francesa de Santo Domingo, como eran llamados entonces – participaron en la Revolución Americana, en el asedio de Savannah de 1779.

La Revolución de Haití fue la primera y la única revolución de esclavos que tuvo éxito en la historia de América. Este acontecimiento cobra importancia en el conocimiento histórico de latino-América: una de las consecuencias inmediatas de la revolución fue crear un temor generalizado por parte de los colonos, cuyos esclavos podían tomar las armas en otras áreas también. Durante la Revolución, combinaciones de tropas de franceses, españoles e ingleses lucharon contra las alianzas siempre cambiantes, de esclavos negros y mulatos libres; reinó el derramamiento de sangre y el caos. Vale la pena mencionar que Simón Bolivar, el célebre liberador de Sudamérica, no dice nada de nada sobre la revolución de Haití en su famosa “Carta de Jamaica” de 1815, aunque pasó tiempo en la nueva República de Haití preparando su propio ataque revolucionario sobre Venezuela. Es más, “el terrible caso haitiano” – el terrible e impensable caso de Haití, fue exactamente lo que Latinoamérica quería evitar [1].

Michel-Rolph Trouillot sugiere en su libro de 1995 “Silenciando el Pasado” [2] que la revolución haitiana fue un suceso tan inconcebible para la mayoría que ha sido “silenciado” por el paso de dos siglos. Trouillot escribe,

El silencio de la Revolución de Haití es sólo un capítulo dentro de una narrativa de dominación global. Es parte de la historia de occidente y es probable que continúe, incluso en una forma atenuada, mientras que la historia de occidente no sea repetida en formas que adelanten la perspectiva del mundo. Desafortunadamente, no estamos cerrados a rescribir la historia del mundo, a pesar de unos pocos logros espectaculares (Trouillot 107).

Trouillot está situando la revolución de Haití y su historia en una “narrativa de dominación global” convincente, especialmente cuando expone que los propios estudiantes de Haití, no han tenido el suficiente acceso a los archivos históricos, y así no han sido capaces de escribir adecuadamente su propia historia. El uso de Trouillot del término “silenciando”, sin embargo, puede prestarse fácilmente a una interpretación equivocada; cuando uno consulta catálogos y archivos, percibe que existe una parte principal de la literatura procedente del Caribe, de los EEUU y Europa relativa a la rebelión sin precedentes y a sus líderes – Toussaint Louverture, Jean-Jacques Dessalines y Henri Christopher. El argumento que se divulga en “Silenciado el Pasado” es que, aunque los estudiantes frecuentemente han dirigido la revolución haitiana – con muchos intervalos entre sus informes cambiantes, para estar seguro – y el silencio total no existe por tanto, la historia de Haití sencillamente, no ha sido escuchada y mucho menos entendida, por el resto del mundo. Por consiguiente, el extraordinario suceso no ha sido adecuadamente inscrito en los relatos de la historia mundial.

Este ensayo busca explorar alguno de los caminos a los que los estudiantes han dirigido la Revolución de Haití como caso particular, además de alguna de las conexiones entre sus trabajos. La revolución ha servido como un tropo en la literatura y la historia, precisamente porque fue un suceso traumático para la región caribeña, y especialmente para el mundo occidental. Puso en duda creencias fuertemente arraigadas sobre la raza, la libertad, el poder y la legitimidad y la violencia legendaria generada en el temor generalizado y la ansiedad. El significado del suceso ha sido extremadamente problemático a lo largo de los dos siglos pasados, inspirando tanto a historiadores como a escritores de ficción para intentar desenmarañar muchas tendencias complejas. A pesar del silencio de Simón Bolívar, muchos escritores posteriores al siglo XIX intentan explicar cómo ocurrió la revolución esclava.

El siguiente caso en Norte América es instructivo: Wendell Philipps, un abogado de Boston durante la Guerra Civil, adoptó el ejemplo de Haití en un esfuerzo para promover sus propios objetivos abolicionistas. La historia de Toussaint Louverture en 1863, es el producto de un mito – Philipps insiste sobre el aprendizaje clásico del hombre y enfatiza cuán justo, honesto, generoso y digno era (no obstante, excepcional como hombre negro). Philipps subraya el hecho que en ese momento, el sobrino de Toussaint ha sido ejecutado como castigo por asesinar injustamente a hombres blancos; finalmente, llega a ser admirado (y temido) por todas las razas. A propósito, Louverture procede del francés “celui qui ouvre” o “el que abre”. El nombre original de Toussaint era Bréda. Philipps compara las habilidades de Toussaint con las de Napoleón y subraya la rivalidad entre ellos. Al final, Toussaint es capturado por las tropas franceses y exiliado a Francia – viajando en un barco llamado “le Créole” – y muere, mártir, en una fría prisión rodeada de nieve. Esta imagen ayuda a establecer el prestigio de Toussaint en el mundo imaginario.

Continuando en el siglo veinte, la revolución de Haití, ha sido el foco de una sustancial erudición y una producción cultural surgida no solo del Caribe, sino también de los Estados Unidos y de Europa. Durante el Renacimiento de Harlem, por ejemplo, en el caso del arte visual, las pinturas de Jacob Lawrence “La vida de Toussaint Louverture” (1939) juegan un papel esencial en la transformación en una autoridad cultural e histórica dentro de la comunidad de Harlem. [3]

También en 1939, C.L.R. James publica el ya clásico “Black Jacobins” donde radicalmente propone que la riqueza generada por la economía esclava de Santo Domingo – que era la joya de las posesiones coloniales de Francia – era el catalizador para la revolución Francesa. En los años 60 y 70, y en particular en el Caribe, uno puede observar un aumento de la escritura de ficción sobre la revolución y sus líderes, con escritores como: Alejo Carpentier, Roger Dorsinville, Aimé Césaire, y Edouard Glissant. Mientras todos los líderes revolucionarios reciben alguna atención, Toussaint es la figura con más privilegios: por ejemplo, a lo largo de 10 años, aparecen no menos de cinco novelas históricas y obras de teatro que llevan su nombre como título.

Una rápida mirada en los papeles de otros líderes revolucionarios de Haití, nos permite entender por qué Toussaint Louverture ha permanecido como la figura histórica elegida por muchos escritores, especialmente del extranjero. En primer lugar, Dessalines sirvió bajo las órdenes de Toussaint como general en la revolución y llevó a cabo mucho del trabajo sucio, ejecutando brutalmente a miles de hombres blancos y mulatos, y dejando a Toussaint con una imagen más limpia. En segundo lugar, Dessalines llega a ser el líder de Haití, solo después del martirio de Toussaint en 1803 y Dessalines es asesinado dos años después, así es visible durante un espacio de tiempo mucho más corto. De manera más importante, Dessalines es el único responsable de proporcionar a la revolución un final más amargo – es decir, por la masacre de las tropas francesas, por aterrorizar a la burguesía e introducir radicales reformas económicas relativas a la distribución de la tierra. Sin sorpresa alguna, entonces – según René Depestre, un escritor haitiano contemporáneo - Dessalines ha sido de manera perpetua el héroe de masas – la figura paterna de su país – mientras que la élite ha alabado a Toussaint Louverture. En cuanto al líder revolucionario Henri Christophe, sirvió como teniente de Dessalines durante la revolución; después llegó a ser general y obtuvo responsabilidad por la mitad occidental de Haití. Después de la muerte de Dessalines, Christophe toma el mando de la república también, pero su régimen relajado en última instancia no trae nada sino más violencia y n estado de nueva colonización. Dadas estas circunstancias, entre las tres figuras revolucionarias que he descrito, no sorprende que Toussaint aparezca como la persona más atractiva a los ojos de la élite de Haití y a los del público internacional.

Una cosa cierta es ésta: lo que cada uno de los textos en este “corpus” dice sobre la revolución de Haití es tan significativa como lo que no se dice. En “Tropics od Discourse” [4] Hayden White propone – y aquí acepta la teoría de Lévi-Strauss sobre la producción de textos históricos: “Nuestras explicaciones de las estructuras y procesos históricos están determinados más por lo que omitimos de nuestras protestas que por lo que aceptamos.” (White 90)

A la luz de esta hipótesis, consideremos la novela “El reino de este mundo” de Alejo Carpentier escrita en 1949 [5]. El texto proporciona un collage como crónica de la revolución de Haiti: consiste en cuatro partes que contienen memorias, libros de viajes y documentos históricos. La primera sección data de la campaña del terror de 1750 dirigida contra los colonos blancos por la huída del esclavo Mackandal; las siguientes secciones representan escenas de la propia revolución, la caída del despiadado Henri Christopher el resurgimiento final de los mulatos en Haití –que son los nuevos dictadores y opresores de los negros. El protagonista es un esclavo de nombre Ti Noel que proporciona al texto su propia unidad. Al final de la novela, experimenta una iluminación y metamorfosis a través del vudú: progresivamente adquiere una conciencia que los esclavos africanos deben trabajar sobre su visión mágica del mundo si quieren conseguir la libertad.

Considerablemente, muchos incidentes históricos importantes son omitidos o nunca explicados en El reino de este mundo. Aunque aparecen un montón de personajes “reales” - Mackandal, Bouckman el jamaicano, Henri Christophe, el general francés Leclerc, Paulina Bonaparte, y un compositor cubano – muchas figuras importantes de la revolución no se mencionan: Toussaint Louverture, junto con Dessalines y Alexandre Pétion.

Para interpretar estas exclusiones, es útil considerar que en el prólogo de Carpentier de El reino de este mundo, lanza un ataque contra los movimientos surrealistas de Europa. Carpentier opina que el surrealismo es un movimiento cansado, pretencioso, basado en códigos artificiales para lo fantástico; en su opinión, es necesario “regresar a lo real”, el continente americano está lleno de maravillas que solo necesitan ser documentadas, tales como un periodista lo haría. Al final del prólogo se encuentra la famosa pregunta de Carpentier: “¿Qué es la historia de América sino una crónica de lo realmente maravilloso?” (Esta técnica no es para ser confundida con el realismo mágico que implica inventos creativos más que la documentación de fenómenos perceptibles.)

Como Carpentier busca evidencias concretas de lo “maravilloso”, para oponerse a los modelos artísticos de Europa, realza en su novela la fuerza y la importancia de una creencia sobrenatural en el pueblo haitiano. El énfasis de la novela parece no encontrarse en la propia historia sino en el exotismo legendario o “la revelación selectiva de sucesos extraños e incongruentes que asombran al lector con un aura de valentía.” (Müller-Bergh 1024) [6]. Me parece tan problemático que Carpentier elige una revolución de esclavos negros con éxito como la mejor ilustración de lo “maravilloso” o lo “increíble” en América. Esto gesto tiene implicaciones fuertes que no puedes ser completamente exploradas aquí. Sin embargo, el resultado es que Carpentier, centrándose tanto en el vudú y abandonando cualquier mención de los principales líderes revolucionarios, parece reducir la importancia de la revolución a simple misterio y encantamiento. Los personajes “reales” de Haití que incluye son aquellos cuya existencia no era marginal y que estuvieron menos en contacto con Europa. Volek subraya los problemas localizados en la concepción de Carpentier sobre lo “real”:


“Lo maravilloso” puede ser reconocido solo en relación a alguna norma dominante de “lo real”; esta norma, es naturalmente, facilitada por el mundo moderno occidental. […] ¿No están todos los latino americanos encasillados en el papel de “indios” por el gusto de los espectadores de las películas del oeste? ¿No es la “maravillosa realidad” implicando muchas veces condiciones infrahumanas de vida, “maravilloso” solo para los turistas extranjeros o del país? (Volek 172) [7]


En El reino de este mundo Carpentier relega la historia de Haití a exótica, subrayando su estatus de “extranjero” con respecto al mundo occidental. Su novela más célebre “El siglo de las luces” [8] escrita en 1962 (siguiendo los sucesos de la revolución cubana), manifiesta con dureza una visión crítica de la revolución francesa y de la racionalidad occidental, En un futuro proyecto, examinaré este texto junto con El reino de este mundo, con miras a revelar el cambio ideológico de Carpentier en términos de la teoría revolucionaria y la representación histórica.


El discurso de la revolución de Haití ha sido reactivado por una amplia variedad de intenciones durante el siglo veinte; líderes revolucionarios como Toussaint llevan el peso simbólico que los escritores pueden reinvertir con un nuevo significado que equivale a nuevas ideologías y realidades sociales particulares.
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Después de todo, como White señala “historiar es mitificar”. La historia nunca es historia de, es historia para. No solo historia para en el sentido de ser escrita con algún propósito ideológico en vista, sino también historia para en el sentido de ser escrita para un grupo o público social específico.” (White 103). Por consiguiente, los escritores caribeños del siglo veinte, usan la revolución de Haití como telón de fondo tanto para interrogar como para responder a sucesos tales como la ocupación de Haití por los americanos, el ascenso de Duvalier, los movimientos independentistas de las colonias francesas en África, y naturalmente, la revolución cubana. El “Toussaint Louverture, la Revolución francesa y el problema colonial” [9] de Aimé Césaire, tratan con temas relacionadas con el período posterior a la independencia mientras que el Monsieur Toussaint de Edouard Glissant [10] publicado el mismo año, visualiza una afinidad por lo local y refleja un énfasis en el movimiento criollo y la trans-culturización, ambas reacciones en contra del movimiento negrofóbico.


Haití hoy, es el país más pobre del hemisferio occidental; en palabras de Aravamudan en su obra Tropicopolitans, [11] Haití ·entra en el siglo veintiuno sufriendo aún las consecuencias de una larga vida eterna neocolonial”. “No obstante, el escritor sugiere que “en el caos social del Haití actual, ¿podríamos encontrar quizá al heredero de Toussaint, que lleva a cabo las tareas modernas de regeneración y restauración? (Aravamudan 325).


Consideremos un último hecho curioso – y quizá incluso “maravilloso” como el propio Carpentier podría afirmar: Toussaint Louverture, a los quince años de edad, viajó voluntariamente a una antigua colonia británica en 1779 para servir como tamborilero. Quizá, no nos sorprenda que las implicaciones de este acontecimiento tienen que ser aún aprendidas por los estudiantes.

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NOTAS:
[1] Lynch escribe en La Independencia de latino América (editorial Leslie Bethell; Cambridge; Periódico de la Universidad de Cambridge, 1987):
Fue un ejemplo y un aviso observado por los dictadores y gobernados del mismo modo con horror que iba en aumento […] Haití representaba no sólo la independencia sino también la revolución, no sólo la libertad sino también la igualdad. El nuevo régimen, sistemáticamente, exterminaba a los blancos que permanecía e impedía a cualquier blanco que se restableciera como propietario. Reconocía como haitiano a cualquier negro y mulato descendiente de africanos nacidos en otras colonias, esclavos o libres […] y declaró la guerra al comercio esclavo.
Venezuela era considerada tan vulnerable a la penetración, en parte a causa de su proximidad, en parte a causa de su propia historia de protesta de protesta, resistencia y huída de los esclavos durante todo el siglo dieciocho… Si Haití fue un aviso […] fue también un incentivo. Los americanos españoles, también, pronto estarían enfrentados a una crisis en la ciudad y a un fracaso del control imperial. Tendrían que rellenar el vacío político y se harían con la independencia no para crear otro Haití, sino para evitarla.
[2] Trouillot, Michel-Rolph. Silenciando el Pasado. Boston 1995
[3] Walker, LaNitra. “Haití en mi mente: Volviendo a pensar el concepto de líder en `La Vida de Toussaint Louverture´ del escritor Jacob Lawrence. Ponencia presentada en el Symposium del día de la Búsqueda, Universidad de Duke University, 20 de Marzo de 2002. Walker escribe:
En 1930, los habitantes de Harlem buscaban en Haití tanto la inspiración cultura como un modelo del nacionalismo negro. Construyendo en su obsesión de comunidad con la cultura de Haití durante este período, el Toussaint de Lawrence es una interpretación alegórica de la vida de […]Toussaint Louverture y su papel en el establecimiento de la primera república negra. (Walter 2)
[4] White, Hayden. “Tropics of Discourse” Ensayo de crítica cultural. Baltimore: Periódico de la Universidad Johns Hopkins, 1978.
[5] Carpentier, Alejo. “El Reino de este mundo”. La Habana: Editorial Letras Cubanas, 1999.
[6] Muller-Burgh, Klaus. “Alejo Carpentier.” Escritores latino americanos, editorial Solé, Abreu. New York: Scribner, 1989.
[7] Volek, Emil. “Alejo Carpentier”» Enciclopedia de la literatura latino americana, editorial Verity Smith. Londres; Chicago: Fitzroy Dearborn, 1997, p. 172.
[8] Carpentier, Alejo. “El siglo de las luces”: novela. México: Cía. General de Ediciones, 1962.
[9] Césaire, Aimé. “Toussaint Louverture, la Revolución Francesa y el problema colonial”. Paris: Presencia africana, 1962 (c. 1961).
[10] Glissant, Edouard. “Monsieur Toussaint”. Paris: Ediciones Seuil, 1961.
[11] Aravamudan, Srinivas. “Tropicalizing the Enlightenment.” Tropicopolitans: Colonialismo y agencia, 1688-1804. Durham: Periódico de la Universidad de Duke, 1999.
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Mariana F. Past
Profesor ayudante.
Español y portugués

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Mariana Past viene de la Universidad Duke, donde obtuvo un título M.A y Ph.D en Novela, centrándose en la literatura e historia caribeña española y francesa. Recibió su B.A. en el programa Plan II de la Universidad de Texas en Austin. Mariana enseñó español en Baltimore como miembro del cuerpo “Enseñar para América”, y después enseñó español y francés en el Park School de Baltimore. Su tesis se titula “Reclamando la Revolución de Haití: raza, política e historia en la literatura caribeña del siglo veinte” y ha publicado artículos en los periódicos Haitian Studies, Caribe y en la revista de la Casa de las Américas. En Dickinson, la doctora Past planea continuar escribiendo sobre las relaciones entre Haití, Cuba y latino América, además de trabajar en un proyecto de traducción que involucra al idioma haitiano.
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26.11.09

El exilio de republicanos españoles a República Dominicana, 1939 -1940

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.
El exilio de republicanos españoles
a República Dominicana,1939-1940
1
Natalia González Tejera 2



“Ellos los vencedores,
Caínes sempiternos,
De todo me arrancaron,
Me dejan el destierro.”
3

El presente trabajo constituye un avance de investigación
sobre el tema de la inmigración de republicanos españoles a
República Dominicana en los años 1939-1940 y en la misma
se han usado fuentes documentales, bibliográficas y orales.


En esta primera entrega, además de exponer las condiciones
en que se produjo la diáspora de refugiados de la Guerra Civil
Española hacia territorios hispanoamericanos, se analizan los
datos obtenidos a partir de la lectura de las fichas de permisos
de residencia expedidos a los inmigrantes en el año 1940.


También, se estudian los datos obtenidos en las listas de
pasajeros de los buques La Salle, del 23 de febrero de 1940, y
Cuba, del 21 de abril del mismo año.


1. Conferencia pronunciada en el local de la Academia Dominicana de la
Historia la noche del lunes 23 de julio de 2007.
2. Miembro colaboradora de la Academia Dominicana de la Historia.
3. Fragmento del poema Un español habla de su tierra, de Luis Cernuda
Bidón, nacido en Sevilla en 1902, cuyos poemas reflejan una profunda
reflexión moral. Refugiado de la Guerra Civil Española, se exilió en
México donde murió en 1963.

Es preciso aclarar, que todavía la investigación documental
no ha terminado y que algunos aspectos trabajados en el
presente ensayo están sujetos a comprobación una vez que
culmine el proceso de análisis de todos los documentos.


La Guerra Civil Española y las soluciones para los expatriados


Al finalizar la Guerra Civil Española, muchas personas
se vieron obligadas a exiliarse a otras tierras para evitar la
represión que siguió a la derrota del bando republicano. Es así
como, a través de la frontera con Francia, fueron evacuados
alrededor de medio millón de españoles, desde finales del 1938
hasta principios de 1939.


La presión demográfica que significó esta gran cantidad de
población llevó al Gobierno Francés a establecer políticas frente
al éxodo hispano. Las políticas de este gobierno sobre qué hacer
con los refugiados son analizadas por Dolores Pla Brugat en su
trabajo sobre el exilio republicano en Hispanoamérica al decir
que la decisión de las autoridades estaba orientada hacia
“la repatriación, la reemigración o a conservar una
minoría de estos españoles ya no como refugiados sino como
trabajadores”. 4
La repatriación fue una de las primeras vías tomadas por
los refugiados. Muchos de los que no habían tenido grandes
compromisos con el Gobierno Republicano, o que no habían
luchado en la Guerra Civil, regresaron a España. Es bien
conocido que muchos de los que tomaron esa vía fueron
sometidos a persecución, cárcel o reclusión en campos de
trabajo forzado.


4. Dolores Pla Brugat. “El exilio republicano en Hispanoamérica. Su
Historia e Historiografía”. Historia Social, Nº 42, 2002, p. 99.



La reemigración fue el camino tomado por otros tantos,
aunque el número de los que asumieron esta solución fue
insignificante en relación a aquellos que se quedaron en Francia
o que volvieron a España. Las personas que reemigraron
tomaron varios caminos: el norte de África, América y la
Unión Soviética.


De los países americanos, sólo tres se plantearon políticas
relacionadas con la recepción de refugiados de la Guerra
Civil Española. Estos fueron Chile, México y República
Dominicana. Los primeros dos países se comprometieron a
aceptarlos debido a que sus gobiernos habían manifestado sus
simpatías hacia la República Española y porque su orientación
política era francamente liberal. Sin embargo, su compromiso
estaba marcado por una serie de condiciones relacionadas con
el tipo de exiliados que recibirían. En ningún momento estos
podrían competir por los puestos de trabajo con los nacionales
del país receptor. El número de profesionales debía ser limitado
y los refugiados debían trasladarse a pueblos lejanos de las
capitales. Con estas medidas, tanto el gobierno de México,
como el de Chile evitaban los conflictos propios de la presión
que podría ejercer la llegada de un gran contingente poblacional
y las protestas que generarían en la población la competencia
profesional y laboral.


Otros países en donde se establecieron exiliados en menor
cantidad fueron Cuba, Venezuela, Ecuador, Panamá, Argentina,
Puerto Rico y los Estados Unidos. En todos estos casos, dichos
grupos habían tenido una experiencia previa en uno de los
tres principales países receptores y reemigraron bien en el
quinquenio 1940-1945 o después de finalizada la Segunda
Guerra Mundial.




La política de emigración del gobierno de República
Dominicana a favor de los refugiados tenía otro origen,
desligado totalmente de las simpatías políticas y mucho menos
relacionada con una actitud de misericordia frente al drama
que vivían estos españoles. La recepción de este colectivo por
parte del régimen de Trujillo respondía a la necesidad que tenía
el dictador de mejorar su imagen frente a la opinión pública
internacional, luego de la matanza de haitianos en el 1937. 5
El incentivo a la inmigración había sido desde finales del
siglo XIX uno de los puntos de discusión por los gobiernos
que se sucedieron en el poder en República Dominicana.


Las razones que motivaban estas políticas estaban ligadas a
diferentes circunstancias: la extensión territorial y su relación
con la baja cantidad de población; aspectos étnicos ligados al
rechazo por parte de las clases dirigentes de la negritud y, en
consecuencia, los planteamientos de la necesidad de entrada
de grupos de origen caucásico; y la idea de que la inmigración
de europeos produciría progreso económico y social.


Una importante representación de la intelectualidad del
período referido escribió en torno a la necesidad de la llegada
al país de inmigrantes y estos planteamientos sirvieron
de base para la formulación de leyes que incentivaban el
establecimiento de colonias agrícolas y que motivaban la
repoblación de la frontera dominico-haitiana. 6
5. Roberto Cassá. Movimiento obrero y lucha socialista en la República
Dominicana (desde sus orígenes hasta 1960). Santo Domingo, Fundación
Cultural Dominicana, 1990, p. 272.
6. Jacinto J. Peynado. Por la inmigración. Estudio de las reformas que
es necesario emprender para atraer inmigrantes a la República Dominicana.
Santo Domingo, Imprenta y Librería de J. R. Vda. García,
1909.

En efecto, el artículo 3 de la Ley Nº 686 de Colonización
Agrícola del año 1934, en sus párrafos 1 al 4 señalaba que
podían ser admitidos en las colonias del Estado los extranjeros
que, además de reunir las condiciones de ser aptos para las
labores del campo, no tuvieran antecedentes penales y gozaran
de buena salud, fueran de raza blanca y poseyeran fondos
suficientes para suplir sus necesidades y pagar los gastos de
cultivo del terreno durante los primeros 6 meses.


Tanto en la obra de Bernardo Vega, como en la de Vicente
Llorens se encuentran referencias sobre la intención de la
dictadura de usar a los refugiados de la Guerra Civil Española
como “un cordón humano de grupos hispanos” 7 en la frontera
domínico-haitiana para evitar la penetración de la población
del país vecino a territorio dominicano. Sin embargo, dos
evidencias contradicen estas afirmaciones, una de carácter legal
y otra de carácter histórico-concreto. La Ley N° 758 del 3 de
octubre de 1934, en su artículo 17 aclaraba que:


“En las colonias fronterizas se admitirán de preferencia a
los ciudadanos dominicanos, pero podrá darse acceso a una
proporción de hasta 25% de extranjeros de raza blanca”. 8
De los 7 grandes contingentes de refugiados republicanos
españoles, sólo un grupo, no mayor de 500 personas, fue
destinado a las colonias fronterizas de Libertador en Dajabón
y de El Llano en la provincia Benefactor, muy cerca de lo que
es hoy Elías Piña. No existen referencias de ningún tipo sobre


7. Bernardo Vega. La migración española de 1939 y los inicios del
marxismo-leninismo en la República Dominicana. Santo Domingo,
Fundación Cultural Dominicana, 1984, pp. 45 y 46.
8. “Ley Nº 758 de Colonización Agrícola”. Gaceta Oficial, Nº 4,725, 13
de octubre de 1034.

otras colonias habitadas por estos grupos u otros de diferente
procedencia a lo largo de la frontera, salvo el del asentamiento
de finlandeses en Dajabón durante el Gobierno de Horacio
Vásquez en la segunda mitad de la década de 1930. Sin
embargo, existió un buen número de colonias ubicadas en las
zonas central y oriental del territorio nacional, según se hace
figurar en el siguiente mapa: [ver “Clío” No. 174]
COLONIAS AGRÍCOLAS EN 1940
Colonia Pedro, Sánchez, Colonia La Cumbre, Colonia Libertador, Colonia Villa Trujillo, Colonia San Rafael del Llano, Colonia Medina 1- Distrito Nacional, San Pedro de Macorís, El Seybo, Monseñor Meriño, Trujillo, La Vega, Duarte, Samaná, Espaillat, Santiago, Puerto Plata, Montecristi, Libertador, Benefactor, Azua, Barahona, Colonia Juan de Herrera.




Quizás las intenciones de organizar este cordón humano
pudieron haber existido, pero la concretización del proyecto
sobre la base de inmigrantes blancos europeos no fue posible
porque las bases legales para que no se diera estaban claras y
porque el fin que se perseguía al traer los refugiados no tenía
relación con esta problemática fronteriza.


La matanza de haitianos de 1937 y el descrédito del
régimen a consecuencia de la misma, hicieron que Trujillo
utilizara nuevas maniobras publicitarias para limpiar la imagen
del Gobierno Dominicano. Una de sus primeras acciones fue
la de mantener abierta la legación diplomática dominicana
en Madrid, a la que acudía una gran cantidad de refugiados.


Luego, como parte de esta estrategia, Trujillo expuso sus
preocupaciones por la suerte de niños y niñas españoles y
dispuso que fueran traídos al país bajo su responsabilidad
económica (hecho que nunca se concretizó). Esta posición
obedecía a actitudes similares que habían asumido el Gobierno
de México, organizaciones políticas y humanitarias francesas
y la Unión Soviética.


Finalmente, y como uno de sus golpes publicitarios
más convincentes, el Gobierno Dominicano ordenó a su
representante ante la conferencia de Evian, en julio de 1938,
cuando se discutía el destino de núcleos poblacionales
perseguidos, a comprometerse a aceptar hasta 100,000
refugiados de guerra. La referida conferencia, convocada por el
presidente de los Estados Unidos de América Franklin Delano
Roosevelt, en marzo del mismo año, intentaba


“Debatir la organización de la emigración y el
reasentamiento” de “refugiados políticos y de aquellos
perseguidos o desarraigados por motivos de raza o
religión”.


Los demás países participantes en dicho cónclave
internacional dieron excusas diplomáticas y plantearon
soluciones que intentaban alargar el momento en el cual tuvieran
que comprometerse a recibir este tipo de refugiados.


Fue en calidad de refugiados políticos como llegaron
al país, desde mediados del 1939, los primeros grupos de
republicanos españoles, que más tarde se dieron a la tarea de
organizar la llegada de grandes contingentes de refugiados que
arribaron a República Dominicana, a partir del 7 de noviembre
de 1939.


En efecto, en noviembre de 1939, el periódico La Opinión
reseñaba la formación de la Junta Pro-refugiados Españoles,
compuesta por los Secretarios de Estado de Agricultura e
Industria y Comunicación y por los españoles Ramón Suárez
Picallo, Elfidio Alonso, José de los Ríos y el coronel Bosch
Pearson, en representación del Servicio de Emigración de
Republicanos Españoles (SERE).


Condiciones para la recepción de refugiados


Anteriormente se había planteado que sólo México, Chile
y República Dominicana habían organizado políticas tendentes
a la recepción de refugiados y las motivaciones que llevaban
a estos gobiernos a recibirlos. Corresponde ahora aclarar las
condiciones que se imponían para la llegada de estos grupos
humanos.


En ningún momento dichos gobiernos se hicieron
responsables de los gastos del traslado y manutención de
los refugiados, lo que obligó a que cada persona tuviera que
contar con recursos suficientes para mantenerse en el país de

recepción. ¿Cómo se podrían lograr estas exigencias, dadas las
penosas condiciones que tenían los refugiados españoles que
se encontraban en Francia?

Antes de finalizar la Guerra Civil, el Gobierno Republicano
había tomado la previsión de expatriar una fuerte suma de
dinero y valores hacia Francia y México. Fue con este dinero
que se organizó, al finalizar la contienda bélica, el Servicio
de Evacuación de Republicanos Españoles (SERE), también
conocido como Servicio de Emigración de Republicanos
Españoles, dirigido por Juan Negrín.

Más tarde, las contradicciones de los miembros del gabinete
del Gobierno en el Exilio motivaron el surgimiento de la Junta
de Auxilio a los Republicanos Españoles (JARE), dirigida por
Indalecio Prieto.

Se podría afirmar, luego de la lectura de algunos
documentos del libro de Actas de la Junta de Auxilio a los
Republicanos Españoles, 9 que una de las principales labores
de esta organización estaba ligada al auxilio económico de
los republicanos tanto en México como en los demás países
de Hispanoamérica en donde habían llegado refugiados. En
República Dominicana, su representante hasta agosto de 1940
lo fue Bernardo Giner de los Ríos.

El SERE se encargaba de organizar los embarques,
pagando el importe del pasaje y entregando a cada refugiado
la cantidad de dinero convenida para cubrir los gastos de los
primeros momentos de vida en el país receptor. Sin embargo,
para inicios de 1940, y a propósito de nuevos embarques

9. “Archivo Carlos Esplá -JARE- Libro de Actas. Libros 1 y 2”. www.
cervantesvirtual.com , 10 de julio de 2007.

de refugiados hacia República Dominicana, este organismo
manifestaba agotamiento en sus finanzas y se limitaba a
embarcar a los refugiados en los buques, pagando el importe
del pasaje y entregando escasamente 50 dólares por refugiado
para su manutención en el país receptor.

Ante estas condiciones, la JARE se vio obligada a
desembolsar de sus cuentas grandes sumas de dinero para
solucionar los problemas que presentaban los refugiados en las
colonias donde habían sido ubicados. De la lectura de las actas
de la JARE se infieren las penosas condiciones en las que se
encontraban los exiliados, así como los aprietos económicas
y enfermedades que los aquejaban. Para solucionar estos
problemas, en agosto de 1940 fue enviado un nuevo responsable
de la JARE a República Dominicana quien debía, entre otras
tareas, contabilizar el número de refugiados, dar cuenta de sus
condiciones y proponer soluciones a las problemáticas que se
evidenciaban. La persona fue el ex ministro Tomás y Piera.
Cabe señalar que, además del SERE y la JARE, los
cuáqueros de Inglaterra y de los Estados Unidos jugaron
un papel de primer orden frente al drama de los exiliados.

Los cuáqueros ingleses contribuyeron con ayuda médica y
económica a los republicanos en los campos de concentración
en Francia, cuando la Cruz Roja francesa no acudió en su ayuda,
y los cuáqueros norteamericanos, a través de su representante
en República Dominicana, Dr. Barney Morgan, (10) canalizaron
ayudas a los refugiados ubicados en las colonias agrícolas.

10. Harvey C.. Gardiner. La política de inmigración del dictador Trujillo.
Estudio sobre la creación de una imagen humanitaria. Santo Domingo,
Publicaciones de la Universidad Pedro Henríquez Ureña, 1979;
Ángel Herrerín. El dinero del exilio. Indalecio Prieto y las pugnas de
posguerra (1939-1947). Madrid, Siglo XXI Ediciones S.A., 2007.

Los refugiados republicanos en República Dominicana

República Dominicana se convirtió en la segunda de
las naciones que aceptó gran número de refugiados. Si
comparamos la extensión territorial dominicana con la cantidad
de emigrantes recibidos, se podría considerar que fue de los
países receptores que mayor presión demográfica recibió en
los años 1939 y 1940.

¿Estaba preparado el país para recibir a estos exiliados?
¿Existían las condiciones laborales óptimas para que se
incorporaran a la vida económica nacional?

En primer lugar, se deben revisar los datos proporcionados
por las fuentes bibliográficas trabajadas. Éstas dan cuenta que,
en el caso de la selección de los españoles que se habrían de
embarcar en las diferentes expediciones, el criterio que primó fue
el político.(11) Este criterio político no tomó en cuenta los acuerdos
a los que se había llegado con los países receptores sobre el
embarque de la mayor cantidad de campesinos agricultores, sino
más bien la necesidad de sacar de territorio francés a personas
comprometidas políticamente o relacionadas con antiguos
funcionarios gubernamentales, ante la inminencia del inicio de
la Segunda Guerra Mundial y la invasión alemana a Francia.

Las personas que llegaron a República Dominicana, lo
mismo que a México y Chile, eran en su gran mayoría del sector
servicios e industrial. Vista esta situación y conociendo las
condiciones del país, en el que la mayor fuente de ingresos del
Estado provenía de actividades relacionadas con la agricultura,
resulta un tanto improbable que los emigrantes pudieran
insertarse en el tren económico y mucho menos adaptarse
rápidamente al medio geográfico.

11. Ángel Herrerín . Ob cit., pp. 115-145.
No obstante, la apremiante situación en la que se encontraban
hizo que se ubicaran en las colonias y que intentaran sacarle
provecho a la tierra. Pero una vez comprobada la incapacidad
que tenían para adaptarse, los exiguos recursos económicos que
poseían y las condiciones precarias de salud de muchos niños y
ancianos, hicieron que poco a poco buscaran la manera de salir
del país hacia otras naciones que pudieran ofrecerles mejores
condiciones o donde el auxilio de las organizaciones creadas
para socorrer a los emigrantes fueran más efectivas.

Uno de los acuerdos del Gobierno Dominicano con la
Junta Pro-Refugiados Españoles implicaba una inversión de
las organizaciones de auxilio republicanas en áreas productivas
del país.

Sin embargo, estas inversiones nunca tuvieron la
importancia económica que exhibieron en otros países por la
actitud de Trujillo de querer monopolizar o controlarlas para
favorecerse personalmente. Ángel Herrerín, en su trabajo
El dinero del exilio, afirma que ante estas circunstancias la JARE
determinó invertir en México, donde las condiciones que el
Gobierno de Lázaro Cárdenas había creado eran propicias para
el financiamiento de negocios y para obtener ganancias que
garantizaran el movimiento constante del capital invertido. En
todo caso, los beneficios obtenidos servirían para mantener
el Gobierno Republicano en el Exilio y para socorrer a los
exiliados cuando las circunstancias así lo ameritasen.(12)
Al revisar la prensa nacional de la época se pudo encontrar
amplias e interesantes informaciones que daban cuenta de los
avances de las colonias agrícolas en términos de adaptación

12. Ver comentarios de Vicente Llorens. Memorias de una emigración.
Barcelona, Editorial Ariel, 1975; Harvey C. Gardiner. Ob.cit.; y Ángel
Herrerín. Ob. cit.

y productividad. También se reseñaba sobre los implementos
técnicos con que contaban las colonias y el tipo de cultivos
a que se dedicaban los refugiados en cada una de ellas.(13) Sin
embargo, las informaciones noticiosas no tenían otro objetivo
que el de informar aquello que podía mercadear los logros que
con la medida “humanitaria” de Trujillo se habían alcanzado
con la emigración española y no las realidades que vivieron
día a día los refugiados ante la inadaptación al medio y la falta
de recursos disponibles para hacerles frente.

De todas las colonias en donde se establecieron inmigrantes,
sólo la de Pedro Sánchez, (situada en el Seibo) se mantuvo
funcionando en 1942 con exiliados, los cuales, de acuerdo a
Roberto Cassá, estaban ligados de alguna manera al Partido
Comunista de España.(14) En el resto de las colonias, este tipo de
población se había dispersado al trasladarse a las principales
ciudades del país en donde encontraron trabajo o buscaron la
forma de reemigrar hacia México, Venezuela o Cuba.

Uno de los problemas recurrentes en la investigación
sobre los refugiados de la Guerra Civil Española en República
Dominicana ha sido el que se refiere al número exacto de
inmigrantes. En la consulta bibliográfica realizada, se han
encontrado cifras diferentes y se ha justificado la inexactitud
de los datos a partir de argumentos diversos, tales como el
manejo confidencial de la información por parte del SERE
y el desorden propio de los inicios de la Segunda Guerra
Mundial que afectaron los controles. También se ha planteado

13. Ver periódicos Listín Diario, trimestres enero-marzo, abril-junio y
julio-septiembre de 1940; La Opinión, octubre-diciembre de 1939; y
La Nación, febrero-abril de 1940.
14. Roberto Cassá. Ob.cit., pp. 271-281.

que, aunque los emigrantes llegaron a puertos dominicanos,
muchos de ellos se embarcaron hacia otras tierras a los pocos
meses.(15)
Si se toma en consideración que en el momento de la llegada
de estos grupos, República Dominicana vivía la experiencia de
una de las dictaduras más férreas conocidas en América Latina
y que uno de los elementos que caracteriza a las dictaduras es
precisamente el control de los movimientos migratorios, se
concluye que el número exacto de los inmigrantes españoles
puede ser encontrado si aplicamos los criterios de investigación
necesarios.

Igual problemática se presenta al determinar el número
exacto de los que se asentaron y formaron familias en República
Dominicana después de 1941, año en el que se registró, de
acuerdo a las informaciones bibliográficas, el mayor volumen
de reemigración de los españoles hacia otras tierras.
Intentando responder la interrogante sobre la cantidad de
refugiados de la Guerra Civil Española que llegó a República
Dominicana y que se estableció en los años 1939-1940, abrí una
línea de investigación y revisión de los documentos referentes a
la solicitud de permisos de residencia en el país. La expedición
de estos se inició a partir de la promulgación de la Ley Nº 95
de Inmigración que obligaba a todo extranjero residente en el
país a llenar este requerimiento cada año.

15. Juan Alfonseca Giner de los Ríos. “El exilio español en la República
Dominicana 1939-1945”. En Memorias del Primer Congreso Sobre
la Emigración Española Hacia el Área del Caribe Desde Finales del
Siglo XIX. Santo Domingo, Fundación García Arévalo, 2002, pp. 314-
326; y Julio Martín Cabas y Pedro Carvajal Urquijo. El exilio español
1936-1978. Barcelona, Editorial Planeta, S.A., 2002.

A principios de enero de 1940 la Secretaría de Estado
de Interior y Policía, a través de la Dirección General
de Inmigración, inició el proceso de registrar a todos los
extranjeros residentes en el país mediante el Formulario C-1,
que asentaba los datos generales del emigrante, procedencia,
tipo de transporte en el que llegó al territorio nacional, profesión
y lugar de residencia.

El criterio usado para determinar si las fichas revisadas
correspondían a los refugiados fue, en principio, el relacionado
con su procedencia. Los siete grandes embarques que
llegaron a territorio dominicano con refugiados de la Guerra
Civil Española procedían de Francia, específicamente de los
puertos de Burdeos y El Havre. No obstante, en la revisión
de los documentos pude encontrar un número significativo
de personas que habían llegado antes de noviembre de 1939
y después de mayo de 1940, que correspondían al perfil de
refugiado de la Guerra Civil y que, por lo tanto, fue tomado
en cuenta en la investigación.(16)
La revisión de estos documentos en el Archivo General
de la Nación significó la búsqueda en los legajos Nos.1 al 133
del año 1940 y en éstos fueron encontrados 947 inmigrantes
españoles, de los cuales 649 (68.5%) eran hombres y 298
(31.5%) mujeres. La edad promedio de los hombres censados
fue de 34 años y la de las mujeres de 30 años.

16. Sobre los refugiados llegados antes de noviembre de 1939 existen informaciones periodísticas que los contabilizan en un número superior
a los 400 (ver diarios La Opinión y Listín Diario del último trimestre
de 1939. Del vapor Cuba, el 8 de julio de 1940 desembarcaron algunos
niños con sus madres, para reunificar sus familias, a pesar de que el
desembarco de la población total del vapor fue prohibido por el gobierno
con el argumento de no haber cumplido con los requerimientos
de inmigración (Ver Listín Diario, del 11 de julio de 1940).

En este punto, debo advertir que la información
proporcionada sólo abarca aproximadamente una tercera parte
de la población total de inmigrantes que se ha contabilizado
como exiliados en República Dominicana, por lo que las
cifras pudieran cambiar cuando complete la revisión de los
documentos señalados. Se hace esta observación debido a
que en el trabajo presentado por Juan Alfonseca Giner de los
Ríos en el Primer Congreso Sobre la Emigración Española
Hacia el Área del Caribe Desde Finales del Siglo XIX (cuyas
memorias se publicaron en el año 2002), éste señaló que la
edad promedio de los que llegaron era de 31 años y que en su
mayoría estaba compuesto por hombres solteros.(17)
A propósito de esta última afirmación de Alfonseca Giner de
los Ríos sobre el estado civil de los inmigrantes, los resultados
arrojados en mi investigación muestran contradicciones con
las suyas. En efecto, conforme al siguiente Cuadro Nº 1, de los
649 hombres censados sólo 232 (35.7%) eran solteros y 341
(52.6%) eran casados, excluyendo a los 76 divorciados, viudos
y menores de 16 años que representaban el 11.7%.

Estas diferencias podrían ser comprendidas si tomamos en
consideración que una gran parte de los censados pertenecían
al grupo de los llegados en el vapor La Salle, el 23 de febrero y
el 16 de mayo de 1940 (321 y 137 respectivamente), mientras
que 101 llegaron en el buque Cuba, el 11 de enero del mismo
año. En estos tres embarques, junto con el del Cuba, el 21 de
abril, llegó la mayor cantidad de familias con sus hijos, que
en muchas ocasiones superaban el número de 2 por pareja.
De todos modos, se hace necesario completar la investigación

17. Juan Alfonseca Giner de los Ríos. Ob. cit , p. 325.
para hacer conclusiones que refuten o afirmen los datos
proporcionados por Alfonseca Giner de los Ríos.


Cuadro Nº 1.
Estatus de los hombres y las mujeres

Estatus--------------Hombres--% ----Mujeres-%
Casado (a) s--------341------52.6--190----63.7
Soltero (a) s--------232------35.7---61-----0.3
Viudo (a) s----------13--------2.0---10------3.4
Menores de 16 años-61------9.0----36-----12.1
Totales---------------649----100.0--298---100.0
.
Fuente: “Legajos Nos. 1 al 133. “Solicitud de Permisos de Residencia.
Dirección General de Inmigración. Secretaría de Estado de Interior y Policía,
Guerra y Marina. Santo Domingo, 1940”. Archivo General de la Nación.
.
Del universo de la muestra (947 personas), la población
económicamente activa abarcaba el número de 749 para una
proporción de 79.1% del total. Las actividades laborales
más frecuentes correspondían al sector servicios, siendo
los médicos, abogados, ingenieros, comerciantes, albañiles,
constructores, artistas, enfermeras, periodistas, maestros,
mecanógrafas, modistas y sastres los que mayor número
alcanzaron de la muestra.

Sólo 46 personas de las 649 económicamente activas,
equivalentes al 7.1%, declararon estar ligados a las actividades
agropecuarias. Las razones de esta baja cantidad de elementos
representantes del sector primario deben ser encontradas,
en primer término, en el hecho de que la emigración fue
eminentemente política y de que los representantes de este
sector fueron absorbidos como mano de obra en los campos
agrícolas de Francia o de sus colonias del norte de África.

Como parte de la investigación documental pude contar con
una copia de la Relación de Pasajeros entrados del extranjero
durante el mes de febrero de 1940, de la Dirección General
de Inmigración adscrita a la Secretaría de Interior y Policía,
Guerra y Marina de la ciudad de Puerto Plata. En la referida
copia estaba la lista completa de los pasajeros del buque La
Salle que desembarcaron el 23 de febrero del 1940. La revisión
de la misma permite que pueda refutar la afirmación hecha por
mucho tiempo de que los inmigrantes llegados fueron 734 y que
los mismos fueron desembarcados y ubicados en el territorio
nacional. En efecto, el número real de llegados al país fue de
714 y los que desembarcaron fueron 667 (el 93.4%), ya que 47
de los pasajeros (6.6%) llegaron en tránsito hacia Cuba.

De esos 667 inmigrantes, 628 (el 94.2%) se destinaron a
las colonias agrícolas mientras los 39 restantes (el 5.8%) se
ubicaron en la ciudad de Santo Domingo. Los futuros colonos
fueron enviados a las colonias de: “Libertador”, en Dajabón;
“La Cumbre”, en el kilómetro 70 de la Carretera Duarte; Puerto
Plata; Monte Cristi; San Francisco de Macorís; y Santiago de
los Caballeros.

Estudiando la lista de pasajeros se contabilizó un total de
54 familias, de las cuales 27 (la mitad) tenía un número igual
o mayor de cuatro miembros. No descarto la posibilidad de la
existencia de un número mayor de familias, sobre todo, en los
casos de hermanos que emigraran sin sus padres.

De los 714 pasajeros llegados en el buque La Salle, 456
(63.9%) eran del sexo masculino y 258 (36.1%) del femenino.
De los 456 del sexo masculino: 238 (52.2%) se encontraban
en edades superiores a los 31 años; 141 (30.9%) estaba en el
rango de edad de 17 a 30 años; y los restantes 77 (16.9%) eran
menores de 16 años.

En cuanto a las 258 inmigrantes de sexo femenino: 105
(40.7%) eran mayores de 31 años; 82 (31.8%) se encontraba en
el rango de edades de 17 a 30 años; y las restantes 71 (27.5%)
eran menores de 16 años.

Se podría considerar que el grupo de desembarcados del
buque La Salle, el 23 de febrero de 1940, fue el que trajo el
mayor número de menores: un total de 148 niños y niñas
(20.7%) con edades comprendidas entre dos meses y los 16
años. Esta afirmación se sustenta en la comparación hecha con
la lista de inmigrantes elaborada a partir de los formularios de
solicitud de residencia y la lista de pasajeros desembarcados del
vapor Cuba el 21 de abril de 1940, publicada en el periódico
Listín Diario tres días después: el 25 de abril de 1940. De todos
modos, dicha afirmación está sujeta a comprobación una vez
sean halladas las demás listas de pasajeros y se complete el
censo de inmigrantes en base a los formularios de solicitud de
permiso de residencia.

Al analizar los datos estadísticos, resulta interesante
comprobar que de los refugiados republicanos de los buques
La Salle y Cuba, la proporción hombre-mujer se mantuvo
en una relación de 2 a 1; es decir, por cada mujer que llegó
al país vinieron 2 hombres. Las razones de esta proporción
podría encontrarse en los niveles de compromiso político de
los hombres frente a las mujeres en el período, no queriendo
decir con esto que las mujeres no jugaran un papel de primer
orden y de gran importancia en el proceso político que siguió
a la proclamación de la Segunda República en España.

Sin embargo, las condiciones de la guerra y el exilio
después de la derrota del Gobierno Republicano obligaron a
una gran mayoría de los combatientes, a muchos funcionarios
gubernamentales altos y medios y a políticos de izquierda o
republicanos, a refugiarse en Francia para más tarde buscar la
salida hacia otras tierras por la presión que suponía la inminente
ocupación alemana del país galo. Por ello se explica por qué
muchos hombres llegaron a República Dominicana sin sus
mujeres, esperando el momento para la reunificación familiar
en el exilio o en su soñada vuelta a España, partiendo de la
idea de que la dictadura franquista no duraría ni se afianzaría
en el poder.

La revisión de los documentos y el cruce de informaciones
que estos ofrecen, permitió observar contradicciones en la
declaración de la profesión u oficio de los inmigrantes. En
efecto, llamó la atención que en la lista de pasajeros del buque
La Salle, de los 714 inmigrantes 117 (16.4%) declararon estar
ligados a las actividades agropecuarias: campesinos, jornaleros,
avicultores, agricultores y vaqueros, superando el número que
ofrece Juan Alfonseca Giner de los Ríos en el censo publicado
en su citado trabajo.(18)
A partir de esta observación, procedí a escoger del censo
elaborado con las fichas de permisos de residencia una muestra
de 20 hombres que vivían en colonias agrícolas y que habían

18. Juan Alfonseca Giner de los Ríos. Ob. cit., p. 324. En el Cuadro Nº 3
ofrece la cifra de 94 en total para un 4.6% de los exiliados llegados al
país.

llegado en el referido buque. Al comparar las declaraciones
de los inmigrantes al llegar al puerto y las posteriores que
hicieron al fijar residencia en el país, comprobé que en un 80%
las actividades o profesiones declaradas no coincidían con las
primeras que hicieron al desembarcar.

¿Cuáles podrían haber sido las razones para que se ofrecieran
datos incorrectos a la llegada al puerto de desembarque? Las
respuestas podrían ser varias.

En primer lugar, si bien es cierto que el criterio de recepción
de emigrantes obedeció en un primer momento a lo que Cassá
llamó “requerimientos de formalidad democrática” (19) y no a
una clara y definida política de inmigración y colonización
agrícola, la realidad se tornó muy diferente cuando en los
últimos dos meses del año 1939 desembarcaron en Santo
Domingo y en Puerto Plata cerca de 1,000 refugiados (20) que al
dirigirse en su mayoría a la capital y ocupar a toda capacidad los
hoteles y pensiones del centro colonial generaron una presión
demográfica inmanejable.

En segundo lugar, tan sólo la llegada de los buques Flandre,
Saint-Domingue y La Salle y la cobertura noticiosa que se le
dio, sirvieron para cubrir con un disfraz humanitario a Trujillo
y, además, evidenció la distancia que su régimen tiránico tenía
de las dictaduras nazi-fascistas que en ese momento estaban
siendo juzgadas por la opinión pública internacional.
En tercer lugar, la llegada de nuevos contingentes de
inmigrantes a un país sin capacidad real para recibirlos
constituyó una pesada carga para el gobierno, por lo que fue

19. Roberto Cassá. Ob.cit., p. 272.
20. Ver cifras exactas en Juan Alfonseca Giner de los Ríos. Ob cit., p. 317
y en Harvey C. Gardiner. Ob. cit., p.36.

necesario, a partir de ese momento, exigir, lo que antes no se
había requerido: que los que llegaran estuvieran aptos para el
trabajo agrícola y se ubicaran en las colonias agrícolas que se
fundarían para tales fines en las zonas rurales.

Otra razón que podría explicar la disparidad de criterios
relativa a los oficios de los inmigrantes está ligada al hecho de
que el SERE, organización que armaba los viajes y pagaba los
pasajes de los refugiados, se veía cada vez más presionado por
los que ya estaban ubicados en la ciudad de Santo Domingo y
no habían encontrado trabajo, bien fuera porque sus habilidades
no tenían relación con los niveles de desarrollo del país, o
porque simplemente consideraban que su estadía constituía
un puente para llegar a su destino final: México. Por eso, se
explica que en los diarios de la época apareciera un comunicado
en donde se advertía a los inmigrantes que no se les pagaría su
estadía en hoteles y que debían incorporarse a los grupos que
estaban siendo instalados en las colonias agrícolas. (21)
Esta situación creó presiones a lo interno del gobierno y de
manera externa en las opiniones de los diarios que comenzaron
a publicar voces de protesta que llamaban a los españoles
residentes a solidarizarse con los refugiados y expresaban
que el problema de estos grupos se haría más agudo con la
llegada de nuevos contingentes de inmigrantes, partiendo de
la realidad de que:

“los modestos haberes que trajeron se agotarían y dentro
de pocos días su situación se hará sumamente apurada”.(22)
A partir de ese momento, el régimen trujillista inició sus
esfuerzos para ubicar en las zonas rurales a los inmigrantes

21. Ver periódico Listín Diario del 20 de febrero de 1940.
22. Ver editorial del periódico La Opinión del 16 de diciembre de 1939.

y movilizó a los llegados en el buque La Salle, el 19 de
diciembre, hacia San Pedro de Macorís, destinando a otros a las
colonias agrícolas “La Cumbre”, “Medina”, en San Cristóbal,
y “El Llano”, aunque es bien conocido que rápidamente
desaparecieron porque lo asentados se trasladaron a la ciudad
capital o a otros centros urbanos, por no existir en esas colonias
las condiciones mínimas para vivir.

Hasta este momento sólo se podrían plantear hipótesis
sobre las razones que tuvieron los emigrantes del buque La
Salle para declarar oficios que no estaban ligados a su realidad
y únicamente la revisión de los testimonios orales de estas
personas podría aclarar estas dudas.

Conclusiones
La emigración de refugiados de la Guerra Civil Española
constituyó un capítulo importante para la historia nacional, a
pesar de haber sido transitoria y de que los inmigrantes que
se establecieron definitivamente en el país constituyeron un
número infinitamente menor de la gran cantidad que arribó
entre los meses de noviembre de 1939 y mayo de 1940.

Queda pendiente todavía completar este estudio y
desarrollar una línea de investigación que analice a profundidad
la historia social de estos grupos, no la que sigue resaltando los
méritos de los intelectuales, artistas y científicos que llegaron
a América, permitiendo que León Felipe dijera a Franco en
un poema;

“Tú me dejas desnudo y errante por el mundo, más yo te
dejo mudo, mudo y cómo vas a recoger el trigo y alimentar el
fuego, si yo me llevo la canción”.

Es necesario investigar y dar a conocer la vida de aquellos
que dejaron de recoger el trigo y la vid, de aquellos que no
volvieron a las minas, a las obras, ni a sus fábricas; de aquellos
seres humanos sencillos y simples que forzosamente poblaron
América y que de alguna manera contribuyeron con sus ideas,
trabajo y luchas a construir un mundo mejor.
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Publicado en “Clío” 174; órgano de la Academia Dominicana de la Historia.
Santo Domingo, República Dominicana. Año 76. Julio-Diciembre, 2007.-

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Pedimos disculpas por los problemas de digitación del presente trabajo. Veremos mejorarlo. ---
LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA EN SANTO DOMINGO - Por Mariano Lebrón Saviñón - Parte 1

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